Las revelaciones sobre los motores trucados para engañar a las mediciones oficiales de emisiones contaminantes se han llevado por delante al consejero delegado de Volkswagen, Martin Winterkorn, aunque el anterior presidente de la compañía pidió su cabeza en primavera. Los caprichos del destino han querido que Winterkorn haya permanecido menos de medio año como rey -o regente- de la empresa y han frustrado su asalto al poder.

Lo que no consiguió su jefe en abril lo ha logrado el mercado en un par de días. Winterkorn se ha visto forzado a dimitir y a renunciar a toda esperanza a ser presidente de la compañía, después de que la cotización de la firma haya caído más de un 30% en dos días. El valor de Volkswagen en el parqué de Frankfurt es ahora mismo 25.000 millones de euros menor que el viernes pasado.

La culpa la tienen 11 millones de vehículos que habrían sido trucados para que en las revisiones de las autoridades medioambientales los coches mostraran menos emisiones contaminantes de las que en realidad tenían.

Este “pufo”, que podría costarle 18.000 millones de dólares en sanciones y que conlleva una pérdida de confianza por parte de los consumidores, ha hecho saltar todas las alarmas en la firma germana, que ha provisionado 6.500 millones de euros este trimestre para hacer frente a los daños. Todo un caldo de cultivo para el ruido de sables que se ha consumado con la salida de Winterkorn.

La presidencia en el aire

En el comunicado de renuncia, Martin Winterkorn asume su responsabilidad en este entuerto como consejero delegado de Volkswagen. Lo correcto, efectivamente, es dirigirse a él como consejero delegado -es decir, primer ejecutivo de la compañía- y no como presidente -en inglés chairman, el máximo responsable del consejo de administración, órgano de representación de los accionistas-.

No obstante, Winterkorn llevaba desde esta primavera actuando como director de la gran orquesta Volkswagen, la segunda marca fabricante de coches de todo el mundo, dado que el cargo de presidente recaía de manera interina en un consejero, Berthold Huber, que no estaba revestido de la legitimidad moral de un gran líder empresarial ni era el representante del accionista mayoritario.

Los rumores sobre Volkswagen en los últimos meses siempre han planteado que la ambición de Winterkorn era convertirse en el nuevo presidente del grupo, aunque ya era el rey de la compañía, a efectos prácticos, sin niguna figura de peso que le frenara desde el consejo de administración.

Sin embargo, de acuerdo con las informaciones que aparecieron este mes sobre las altas esferas de Volkswagen, el reinado de Winterkorn estaba cerca de concluir: el actual director financiero de la compañía, Hans Dieter Poetsch, se iba a postular como próximo presidente, con el respaldo de los accionistas. Incluso con el apoyo de la familia de Ferdinand Piëch.

Luchas intestinas

Ferdinand Piëch fue quien desató la guerra con Winterkorn. El consejero delegado de Volkswagen desde 2007 vivió unos cuantos días de abril en la cuerda floja, ya que Piëch, entonces presidente del grupo, dijo que su relación con él ya no era la misma.

El anciano dirigente –Piëch tiene 78 años– contaba con que el resto de representantes del consejo de administración se pondría de su lado, algo que no sucedió y, a la postre, forzó su propia dimisión. Pese a que Piëch representaba al máximo accionista, la familia Porsche, con el 51% del capital, en el consejo también tienen voto el Gobierno de Baviera y los sindicatos.

Los intereses de Piëch estuvieron en el aire durante seis meses, con los rumores de la candidatura de Winterkorn sobrevolando la compañía, hasta que Poetsch apareció en la ecuación y consiguió aglutinar la aprobación de los accionistas.

Eso sí, Winterkorn siempre podría presentar batalla. Una opción ya desactivada, ahora que no es el rey de Volkswagen.