Realmente es difícil de creer lo que estamos viviendo en estas últimas semanas y meses en relación con el proceso independentista catalán y es profundamente entristecedor comprobar la situación a la que nos ha llevado una mala gestión de las relaciones políticas entre los últimos gobiernos de la nación y los responsables de la citada Comunidad Autónoma. El propio Mas ha llegado a manifestar recientemente que “si hemos llegado hasta aquí es porque nos lo han permitido”.

Pero dejando atrás las debilidades y concesiones del Gobierno central que durante los últimos años han ido creando un inquietante caldo de cultivo, lo cierto es que el actual Presidente de la Generalitat, Artur Mas, haciendo una irresponsable e intolerable dejación de sus funciones como jefe de gobierno ha dedicado todo su tiempo y esfuerzo a desarrollar un plan independentista con la finalidad de “desenganchar” a Cataluña del Estado español utilizando para ello todo tipo de trampas, manipulaciones y falsedades.

Sin embargo , esta enloquecida huida hacia adelante no puede ni debe tapar las verdaderas vergüenzas de Artur Mas. En este orden de cosas a casi nadie se le escapa que ha sido incapaz de gestionar una Comunidad extraordinariamente rica y versátil. El molt honorable ha conseguido que Cataluña tenga un nivel de endeudamiento insoportable, ha llevado a cabo una lamentable administración de los servicios públicos y, por si lo anterior no fuera suficiente, ha producido una fractura social entre los ciudadanos de esa Comunidad difícilmente reparable. Y junto a  este cúmulo de  despropósitos no debemos olvidar la sombra de la indignante corrupción heredada de su padrino político, Jordi Pujol, y de los actuales procedimientos judiciales que siguen acorralando a Convergencia y por ende a su líder y principal responsable político.

 Todo lo anterior constituye para Artur Mas un bochornoso fracaso de su programa electoral, un fraude a la ciudadanía y un auténtico desastre en lo que debería haber sido su principal objetivo que no era otro que procurar el bienestar de la región catalana y la consolidación de un modelo económico y social confortable y sólido. Lejos de cumplir con sus obligaciones y compromisos  el President  ha puesto toda la carne en el asador para, de modo fraudulento y en clara colisión con el ordenamiento legal vigente,  desafiar al Estado de Derecho utilizando para ello toda la fuerza de la Generalitat, y enormes cantidades de dinero público al servicio de su causa.

Por todo ello este es  el momento en el que los ciudadanos catalanes deben tener claro que bajo ningún concepto se debe aceptar un engaño de esta naturaleza. Las elecciones del próximo día 27 de Septiembre no son en ningún caso un plebiscito por mucho que se empeñen el Sr. Mas y sus compañeros de viaje. No estamos de ningún modo en la hipótesis de que el voto del sí promovido desde el desconcertante batiburrillo denominado “ Junts pel si” va a conllevar posteriormente una declaración de independencia.

Bien al contrario , las próximas elecciones catalanas deberían de arrojar un resultado que permita configurar un Parlamento que pueda formar un gobierno lo más estable y firme posible para recuperar el tiempo perdido. Ello permitirá sin ninguna duda gestionar de manera ordenada y eficaz  los enormes recursos  existentes y en definitiva poner al dia la sanidad, la educación , los servicios públicos, corregir el déficit y luchar por los desempleados , entre otros objetivos prioritarios.

Estamos pues ante el proceso electoral más importante en España desde los orígenes de la democracia. Por esa razón no es casual que la Unión Europea haya dejado meridianamente clara su postura en el sentido de que en caso de que llegara a proclamarse su independencia , Cataluña saldría automáticamente de Europa. Asimismo las organizaciones empresariales y la banca han advertido sin ambages de las nefastas consecuencias que produciría una decisión de esta naturaleza. Y finalmente conviene poner también de manifiesto la posición de importantes líderes políticos internacionales que – como no puede ser de otro modo – rechazan de plano el proceso secesionista.

Es la hora de la verdad para Cataluña. Y lo es porque Cataluña no puede ni debe cambiar el rumbo de la historia. Cataluña y España se necesitan y Europa necesita una nación española unida y cohesionada.