El magnate reconvertido a aspirante republicano invitó a los tuiteros a preguntarle “cualquier cosa”, que él respondería desde las oficinas de Twitter vía streaming. La jugada, como era de prever, se le volvió en contra.

Cuando a los 69 quieres hacerte el moderno tienes que calibrar bastante. Pero nadie en el equipo de Donald Trump debió atreverse a advertirle del previsible desenlace que iba a tener su campaña de preguntas y respuestas vía Twitter. Él se las deseaba muy felices: Iría a las oficinas de la red social en Nueva York como una superestrella, se sentaría a esperar a que el resto de los mortales le planteara cuestiones fundamentales a través del hashtag #AskTrump, su equipo seleccionaría las que pudiera interesar contestar y él se grabaría en minivídeos con respuestas ingeniosas que aumentarían su popularidad. ¿Qué podría salir mal?

Pues todo, obviamente. Primero porque una invitación en Twitter es una invitación a la mofa. Siempre. Segundo: El personaje que ha ido forjando Donald J Trump es bastante dantesco y por tanto se presta fácilmente a la burla. Y tercero, ¿qué tipo de gente hay en Twitter? ¿Muchos conservadores o muchos colectivos ofendidos por las palabras del magnate? Mejor aún, ¿qué target es más activo en las redes? Exacto, era de prever que su campaña tuitera iba a acabar en troleada épica.

Así empezó Donald anunciando la jugada:

 

 

Y empezaron a llegar las respuestas. Su pelo y su bronceado acapararon gran parte de las bromas, aunque en realidad no hace falta recurrir a su particular físico para burlarse de él. Hubo quien le preguntó con sorna qué derechos alienaría antes, si los de un musulmán, una mujer o un mexicano, ya que son sus colectivos “favoritos”. Su política de inmigración (que consiste en crear un muro fronterizo y deportar a todos los inmigrantes) también da pie a ataques fáciles, como el que se cuestiona cómo va a deportarles a todos sin endeudarse teniendo en cuenta que cada deportación cuesta 9.000 dólares. Su propia firma de ropa es otro blanco fácil cuando descubres que es made in países periféricos y no en la gran nación estadounidense.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

También recibió muchas preguntas en español. Aunque no entienda el idioma, alguien pasaría un mal trago traduciéndole miles de preguntas. Y más que malo, malísimo, porque los tuiteros latinos perpetraron su particular venganza contra el magnate por las muchas declaraciones racistas que ha hecho, incluida la de afirmar que los mexicanos son violadores. Así, el simple hecho de preguntar a Donald Trump en español ya era una mofa en sí. Es como decir “¿Que no te gustamos los latinos? Pues te vas a hartar de leernos”. Su peculiar pelazo tampoco pasó desapercibido entre esta comunidad que le apoda “pelos de elote” (elote es mazorca de maíz) y que debió quedarse un poquito agusto ayer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre tanta chanza se coló alguna pregunta más o menos seria (todo lo seria que puede ser una pregunta a Donald Trump). Control de armas, fútbol americano, proteger a Israel y el salario presidencial al que renunciará porque ya está forrado fueron los temas elegidos por el hombre que quiere volver a hacer América grande para contestar con poca precisión (según los tuiteros que se tomaron en serio la campaña, que fueron menos de la mitad de los que participaron para burlarse de él).

 

 

 

 

 

 

 

Una vez finalizada la aventura tuitera, Donald dijo haber pasado un buen rato. No sabemos si era el clásico postureo político o si no le tradujeron la mitad de los tuits.