El líder de Podemos entrevista a su candidato a la Generalitat y apenas hablan de política, centrando la atención en la trayectoria y aficiones del activista vecinal. Es el cabeza de cartel menos conocido y las encuestas indican que su campaña está penalizando a Catalunya Sí que es Pot. Reconoce que le cuesta hacerse escuchar entre la polarización del debate identitario: “Las presiones realmente son muy duras”.

¿Quién es Lluís Rabell? El 38% de los catalanes no sabe dar respuesta a esta pregunta, tal y como refleja el estudio de Sigma Dos publicado ayer en El Mundo. El candidato de la lista de confluencia Catalunya Sí que es Pot es un completo desconocido para más de un tercio de los electores que el domingo están llamados a las urnas. Sus seis rivales obtienen mejores registros. Además, solo un 3,9% desea que Rabell sea el presidente de la Generalitat, según el CIS preelectoral, y cada vez son más los que buscan refugio en otras opciones políticas. La campaña del activista vecinal -que fue designado después de que Arcadi Oliveres rechazara ser candidato- no está mejorando las expectativas que la alianza Podemos-ICV-EUiA tenía antes de empezar el sprint electoral.

Las encuestas difundidas este lunes, último día permitido para hacerlo, otorgan a Sí que es Pot una intención de voto de entre el 11,2% y el 12,6% y 14-17 escaños. Los guarismos son inferiores a los recogidos en el CIS el 10 de septiembre -13,9% y 18-19 diputados-, dejan a Sí que es Pot lejos de la segunda plaza y no suponen una mejora sustancial respecto a los 13 parlamentarios que ICV-EUiA logró en solitario en 2012.

El candidato glosa la figura “sencilla” de su abuelo, que escapó “corriendo” de ser fusilado por las tropas franquistas

Los expertos coinciden en señalar el débil liderazgo de Rabell como uno de los hándicaps que están lastrando a la coalición de izquierdas, que necesitaba un cartel con tirón para superar el desconocimiento de la marca y la dificultad de rentabilizar la equidistancia en el debate identitario. El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, echa el resto para revertir la tendencia y apenas se separará ya de su candidato en la recta final de la campaña. Ayer le escoltó mañana y tarde.

Además, Iglesias aprovechó uno de sus viajes a Cataluña la semana pasada para grabar junto a Rabell una singladura de Otra vuelta de tuerka, el programa que presenta en Público TV. La entrevista, de más de media hora de duración, prescindió casi por completo de la política y se centró en descubrir el lado humano del invitado. En un claro intento por ponderar atributos que le acerquen al ciudadano, el líder de Podemos puso el foco en la trayectoria de Rabell, su sempiterno activismo, sus orígenes humildes y sus aficiones. Solo al final del programa dedicó una pregunta a la política catalana, porque “estamos en medio de una campaña electoral y hablamos de actualidad política todo el rato”.

Iglesias define a Rabell: “niño en el Raval, joven antifranquista, revolucionario en París, activista en Barcelona”.

Rabell reconoció la “dificultad” que está encontrando para “dar voz a la mayoría social trabajadora y humilde de Cataluña”, que entiende representa mejor su candidatura que ninguna otra. La polarización identitaria, donde él ofrece “más democracia” frente a los que piden “más Cataluña” o “más España” le está penalizando, así como la excepcionalidad de que no se hable de gestión y se hayan hecho “desaparecer los balances políticos”. Esto conviene tanto a Mas como a Rajoy, dijo, “en los dos extremos de la contienda electoral cada uno esconde a su Gobierno”. “Las presiones realmente son muy duras”.

Al margen de esos tres minutos dedicados a la coyuntura política, el programa se centró en temas triviales y en explorar la faceta más ignota de Rabell. “Toca la guitarra, canta y traduce. Niño en el Raval, joven antifranquista, revolucionario en París, activista vecinal en Barcelona” fue la presentación elegida por el secretario general de Podemos para su invitado. La apuesta por el storytelling personal continuó dándole pie a que narrara esa infancia a caballo entre la “casa de los abuelos maternos” en el Raval y la de una tía “en Poblenou, otro barrio obrero”.

A Rabell le gusta ‘Casablanca’, la música de Brassens y la literatura de Zweig

Iglesias le conminó a explayarse sobre la figura de su abuelo -“una persona extremadamente sencilla”, “intento parecerme a él”, “se escapó corriendo cuando lo llevaban a fusilar [las tropas franquistas]”-, a contar anécdotas de su infancia y juventud y hasta a explicar su convicción de que “las heridas del alma siempre sangran”, basada en experiencias personales.

La difusión del ‘otro’ Rabell incluyó también un repaso exhaustivo por su lucha contra la dictadura. “El movimiento vecinal bajo el franquismo tumbó tres alcaldes”, relató con orgullo, “era un ambiente esperanzado” como demostró lo vivido “con los juicios de Burgos, que fue una victoria popular el que se impidiese la ejecución”. No faltaron referencias al mayo francés del 68, a la portuguesa Revolución de los Claveles y a “las extraordinarias potencialidades de la gente cuando se pone en movimiento, es algo que no puedes entender desde un libro, tienes que verlo y sentirlo a flor de piel”.

Un amplio espacio ocuparon las aficiones y los referentes de Rabell. “Hay una faceta de ti que yo no sé si es muy conocida y es que tocas la guitarra, cantas y traduces (…) has adaptado al catalán algunas obras de Brassens”, le dijo Iglesias. Su candidato a la Generalitat admitió que el cantautor francés “siempre ha sido mi ídolo, mi auténtico ídolo” y mostró también debilidad por Serrat y por su hoy rival político Lluís Llach, que encabeza la lista independentista por Girona. “He tenido el honor en fiestas mayores de mi barrio de montarle y desmontarle el escenario”, señaló.

A Rabell le encanta la novela negra -“la imagen que tengo del héroe de novela negra es Humphrey Bogart”-, considera a Rosa Luxemburgo “una maestra” y tiene como referente político a Andreu Nin. Casablanca, Mediterrráneo y El mundo de ayer. Memorias de un europeo son respectivamente su película, canción y libro favoritos. Gracias a Pablo Iglesias conocemos ya hasta el batiburrillo de idiomas que se da en el hogar del candidato de Sí que es Pot: “Cuando mis hijos se dirigen a mí me hablan en catalán, cuando se dirigen a su madre lo hacen en francés y entre ellos discuten en castellano. Eso te hace también caer muchas barreras sobre las identidades, que es algo abierto, algo en construcción y algo maravillosamente inacabado”.

Todo esfuerzo es poco para ayudar a su cabeza de cartel, parece pensar un Iglesias que ayer hasta se puso a cantar a Javier Krahe y adoptó el lenguaje indio de Artur Mas en el mitin vespertino de Sí que es Pot. “Nos vemos el 27 con Lluís Rabell presidente de la Generalitat”, se despidió el eurodiputado ante los 2.500 fieles que acudieron al acto en el distrito barcelonés de Nou Barris.