El giro que Stewart, Fletcher y Tarr dan a la colección de Batgirl es tan sustancioso que extraña que DC Comics no haya decidido mandarla de nuevo al principio de su numeración y empezar con este equipo creativo un nuevo volumen. Por algún motivo no lo han hecho, y este arco que ECC Ediciones publica en nuestro país bajo el título unitario de Batgirl: La Chica Murciélago de Burnside corresponde a los números 35 a 40 de la serie original estadounidense.

Batgirl: La Chica Murciélago de Burnside

Cameron Stewart, Brenden Fletcher, Babs Tarr

ECC Ediciones, 2015

 

Por suerte para los recién llegados, no hace falta tener en cuenta innumerables líneas temporales y cruces con otros personajes para seguir las nuevas aventuras de Batgirl. Como sabrán los lectores más encallecidos, y si no lo explicamos rápidamente, DC -la editorial norteamericana que publica a personajes como Batman, Superman, Flash y muchos otros superhéroes que compiten directamente con los de Marvel- hizo hace unos años un reinicio en su continuidad, poniendo las biografías de todos los personajes (salvo de Batman) a cero y prescindiendo del legado de décadas de tebeos. Barbara Gordon, Batgirl, es la hija del Comisario Gordon de Gotham City y recibió un disparo del Joker que la dejó postrada en una silla de ruedas. A diferencia del personaje clásico, que nunca abandonó la silla y colgó la capa de Batgirl para convertirse en Oráculo, esta remozada Barbara consiguió recuperarse de las heridas y retomar la vida superheroica. Tras una etapa un tanto oscura con Gail Simone como guionista, Stewart, Fletcher (guionistas) y Tarr (dibujante con un dinámico estilo amerimanga que bebe tanto de Scott Pilgrim como del manga romántico) toman las riendas del personaje y la revitalizan de un puntapié.

Ahora Barbara Gordon, recién mudada al barrio gothamita de Burnside, es una joven muy de su tiempo: enganchada a todo tipo de redes sociales (una especie de Tinder llamado aquí Hooq tiene una notoria importancia en la trama) y preocupada por su imagen de superheroína tanto como de desfacer entuertos. Stewart y Fletcher traman un cómic muy de ahora, absolutamente 2015, e introducen guiños a las fiebres mediáticas del momento, desde redes sociales muy específicas (camufladas pero reconocibles) a famosos tipo Lady Gaga o los majaderos de los reality shows de moda.

Pero lo hacen con una intención que va más allá del discurso coyuntural: por una parte es un recurso narrativo muy efectivo. En vez de cuadros de texto con “Mientras tanto…” o “Al día siguiente…” al cambiar de escena, vemos una pantalla de móvil o un texto digital que nos ponen en situación rápidamente. Batgirl no se preocupa de explicar cosas a los lectores cuarentones: no hace falta que sepas que en La broma asesina el Joker dejaba paralítica a Barbara Gordon, pero puede que te pierdas si no sabes que dos personas que se han visto y gustado fugazmente en la calle pueden reencontrarse y quedar al coincidir de forma casual en Tinder.

Por otra parte, hay una intención de fondo. Stewart y Fletcher elaboran un discurso sobre los peligros de la fama muy interesante, reforzado por la identidad del villano final de este arco, y que revela al peor enemigo de Batgirl (y de todo hijo de vecino). La conexión continua es un recurso narrativo, pero también un aviso y un toque de atención. Los artistas de última generación, la conexión global, las relaciones personales en estos tiempos tan complicados son temas que se tocan con la ligereza propia de un tebeo de superhéroes pop, pero con una implicación en primera persona que ya querrían muchos novelistas gráficos obsesionados con la cotidianeidad y los gatos.