El pasado 16 de septiembre se cumplió justo un año desde que se produjo la ofensiva del grupo terrorista islámico Daesh contra Kobani (en idioma kurdo; Ayn al Arab en árabe), la ciudad en que nació y está enterrado Alyan Kurdi, el niño de tres años cuya muerte sacudió las conciencias, sinceras u oportunistas, del mundo occidental. Más de 500 civiles han muerto en Kobani desde entonces a causa de los enfrentamientos y de la limpieza étnica. No es el caso de Alyan. Él falleció cuando se suponía que huía de la muerte.

El último balance del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Londres pero con una amplia red de informantes en el país árabe, revela que entre el 16 de septiembre de 2014 y el 16 de mayo de este año murieron en Kobani y su entorno al menos 2.935 personas a causa los enfrentamientos entre islamistas y milicianos kurdos y de las ejecuciones perpetradas por el Daesh (también conocido como Estado Islámico o ISIS).

Entre las víctimas mortales figuran al menos 309 civiles kurdos, incluidos 95 niños y mujeres, fallecidos por los bombardeos y las ejecuciones cometidas por los terroristas tanto en la ciudad como en el entorno, así como por la explosión de minas terrestres colocadas por Daesh antes de retirarse de la localidad el pasado mes de enero. A estas víctimas hay que añadir los al menos 223 civiles que fueron ejecutados (entre ellos 83 niños y mujeres) por el ISIS durante su breve y finalmente derrotada contraofensiva de finales de junio.

Aparte, el Observatorio ha constado entre septiembre y mayo la muerte de al menos 1.816 extremistas sirios, saudíes y de otras nacionalidades en el curso de los bombardeos y las emboscadas cometidos por las milicias kurdas Unidades de Protección Popular (YPG) y sus aliados, la organización Asayih (dependiente del Comité Supremo Kurdo) y los combatientes kurdos Peshmergas. Por la parte kurda, el balance incluye la muerte de 758 combatientes, incluida una comandante de las Unidades de Protección de Mujeres de las YPG.  

La ocupación

Kobani, en el Kurdistán sirio, es uno de los principales enclaves en la frontera con Turquía, razón por la cual Ankara había intentado, infructuosamente, erigir una zona de seguridad en la ciudad. Cuando se produjo la invasión, Kobani ya arrastraba tras de sí cuatro años de guerra, en el contexto del conflicto militar entre los rebeldes y  el régimen de Bashar al Assad.

El 16 de septiembre de 2014, cientos de milicianos armados del Daesh atacaron y ocuparon decenas de aldeas localizadas en el sur y sureste de la zona, lo que obligó a las milicias kurdas a replegarse hacia la propia Kobani, mientras algunos grupos de las YPG resistían a los islamistas con el objetivo de ralentizar sus avances y garantizar la seguridad de los civiles que huían de los combates y de los bombardeos.

Cuando se produjo la entrada de ISIS, el terror más que fundamentado a la limpieza étnica (los kurdos se habían negado a jurar fidelidad al fundador del “Califato”, Abu Baker al Bagdadi) obligó a muchos de los más de 60.000 habitantes de la ciudad a escapar, entre ellos la propia familia de Alyan.

 

 

A principios de octubre de 2014, Daesh ya controlaba al menos 356 aldeas, granjas y pequeñas localidades en el distrito de Kobani y había conseguido llegar hasta los extrarradios de la ciudad. El resultado de ello fue la huida y desplazamiento de más de 300.000 personas del entorno, el robo de ganado, tractores y vehículos y el saqueo e incendio de miles de viviendas por parte de los islamistas.

En las fechas posteriores, mientras los civiles intentaban cruzar la frontera con Turquía, Kobani fue escenario de continuos bombardeos que causaron decenas de muertos y heridos, así como de ataques con vehículos cargados de explosivos y de atentados suicidas por parte de los terroristas del Daesh. El resultado fue el confinamiento, durante más de dos meses, de un área de apenas tres kilómetros cuadrados.

La contraofensiva

La ciudad también fue escenario de numerosos combates cuerpo a cuerpo entre las fuerzas conjuntas de las YPG y Asayish contra el Daesh, que contaron desde principios de octubre con el apoyo aéreo, más bien tímido, de las fuerzas de la coalición lideradas por Estados Unidos, que atacaron vehículos y posiciones del Daesh.

El 8 de octubre, los aviones de combate de la coalición efectuaron sus primeros ataques contra los islamistas dentro de la propia ciudad de Kobani a fin de impedir el avance de ISIS desde sus posiciones del norte próximas a la frontera con Turquía, avance que finalmente fue repelido por las guerrillas de las YPG. A finales de ese mismo mes, medio centenar de combatientes rebeldes sirios se unieron a los milicianos kurdos en sus enfrentamientos contra Daesh, un día después de la llegada a la ciudad de los Peshmergas.

El 11 de noviembre, fuentes fidedignas de la ciudad de Al Raqqa (principal bastión de los islamistas en el norte de Siria) informaron al Observatorio de que el Estado Islámico tenía la intención de avanzar con sus tropas hacia Homs y Hama con el objetivo de arrebatar estas dos provincias a las fuerzas del régimen para elevar la moral de sus partidarios, que habían empezado a desmoralizarse por sus reveses militares en Kobani.

Las mismas fuentes precisaron que un comandante muy destacado del Daesh había reconocido la estupefacción de sus milicianos ante la feroz resistencia mostrada por las YPG, convencidos como estaban  de que su victoria iba a ser cuestión de días o, si acaso, de semanas. Los enfrentamientos de Kobani había supuesto para el Daesh la pérdida de cientos de combatientes.

 

Familia kurda de Kobani refugiada en Irak

 

Fue en noviembre cuando las YPG iniciaron la ofensiva militar definitiva, con el apoyo de los aviones de la coalición internacional, contra la carretera de Jat al Mostaqim, situada al sur y sureste de Kobani y a lo largo de la frontera con Turquía. Gracias a esta operación y al apoyo aéreo internacional, Daesh perdió posiciones en la ciudad en favor de la guerrilla kurda, de los rebeldes laicos y de los Peshmergas, que empezaron a recuperar el control de Kobani.

El 25 de enero, los guerrilleros de las YPG, aliados con los Asayish, los Peshmerga, los rebeldes sirios y los aviones de la coalición, expulsaron definitivamente al ISIS de Kobani y proclamaron el primer fracaso del llamado “Estado Islámico” en el norte de Siria, donde el Daesh había asentado su primer batallón de “cachorros del Califato”, formado por 140 jóvenes, en su mayoría menores de 18 años, que habían sido reclutados y entrenados por los islamistas para combatir en la ciudad y sus alrededores.

A partir de ese día, YPG y sus aliados sirios, con el apoyo de los aviones de la coalición, siguieron avanzando hacia el oeste, sur y sureste de la región de Kobani, donde el 6 de marzo pudieron recuperar todo el sector occidental.

25 de junio: breve recuperación y asesinato masivo de civiles

El 25 de junio, el Daesh tuvo un conato de recuperación, cuando decenas de combatientes islamistas atacaron la propia ciudad de Kobani, ocuparon algunos barrios y mataron a 223 civiles kurdos, entre ellos 83 niños y mujeres, la mayoría de ellos residentes tanto en la ciudad como en la aldea de Botan. Los combatientes islamistas abandonaron la ciudad después de dos días de combates.

Tras la recuperación definitiva de la ciudad, los guerrilleros kurdos y sus aliados siguieron avanzado por el sureste, lo que les permitió tomar la estratégica ciudad de Tal Abyad, fronteriza con Turquía, el 8 de julio, y la ciudad de Servin, al sur de Kobani, el 27 de julio. Posteriormente, las fuerzas aliadas fueron haciéndose con todas y cada una de las aldeas que habían perdido tras la primera ofensiva del Daesh del 16 de septiembre de 2014.

 

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