El camino para alcanzar un acuerdo de ‘Cielos Abiertos’, del que se viene hablando desde hace años, pero que aún no se ha puesto en marcha por las reticencias de muchos países empeñados en proteger sus compañías nacionales, empieza a despejarse.

Según ha informado la agencia Efe, la Organización Mundial del Turismo (OMT) acaba de clausurar en Colombia su vigésimo primera asamblea general, que finalizó con el compromiso de los países miembros de avanzar hacia la apertura de sus cielos en beneficio del transporte aéreo, el turismo y sus economías nacionales.

La OMT y la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), ambas agencias especializadas de Naciones Unidas, han firmado la ‘Declaración de Medellín’, un documento que recomienda a los gobiernos, entre otras cuestiones, una liberalización gradual y equilibrada de los servicios aéreos, con lo que las conexiones regionales y mundiales se expandirían y crecería la conectividad. El sector privado lleva años pidiendo la liberalización del transporte aéreo y lo volvió a hacer ante los representantes de más de 120 países reunidos en Medellín.

Industria demasiado protegida

El presidente y consejero delegado del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), David Scowsill, denunció que la aviación es una de las industrias más protegidas del mundo, lo que “puede asfixiar su crecimiento económico”.

En la misma línea se manifestó el secretario general de la OMT, Taleb Rifai, quien señaló que la protección de las aerolíneas de bandera “pone en riesgo el crecimiento económico del país, por lo que los gobiernos deben decidir qué es lo que prefieren proteger: la compañía o la economía nacional”.

A partir de la ‘Declaración de Medellín’ cada país debe avanzar en el proceso, después de que la mayoría reconociera durante la asamblea su intención de liberar sus cielos. Aunque todavía muchos estados muestran su desconfianza y hablan de un proceso gradual, para Rifai, “lo fundamental es que por primera vez no se oponen a la apertura, al darse cuenta de los beneficios que supone para su economía”.

No obstante, los defensores de los acuerdos bilaterales -por los que se rige el sector- argumentan que estos son necesarios porque recogen no sólo la parte aérea, sino también la económica y, por tanto, es una manera de poder negociar sobre otros temas.

Economía colaborativa

Mientras se empieza a avanzar en este reto que la OMT lleva afrontando desde hace muchos años, ya están surgiendo nuevos como la llamada economía colaborativa, que se extiende rápidamente por el mundo a través de grandes portales como Airbnb, que ofrecen el alquiler de viviendas de uso turístico.

En este sentido, la Alianza para la Excelencia Turística (Exceltur), que integra a las principales empresas turísticas españolas, puso en alerta a la asamblea sobre el impacto negativo de este negocio en España.

Exceltur desmonta muchos de los paradigmas de este nuevo negocio, del que una parte relevante pertenece al ámbito de la economía sumergida, y ve “mucha poesía romántica en la palabra colaborativa”, ya que en el 94 % de los casos son transacciones comerciales.

Mientras que, para Exceltur, se trata de una actividad que no atrae a nuevos segmentos de demanda, el director de Turismo de Francia, Michel Durrieu considera que supone una capacidad de alojamiento muy importante que no se puede negar.

En su opinión, estos apartamentos permiten viajar a gente que no lo hubiera podido hacer por falta de medios financieros para alojarse en un hotel, en lo que coincide con Rifai, que asegura que la economía colaborativa populariza el viaje.

No obstante, todos ellos tienen claro que es una actividad que debe regularse y la OMT ya ha encargado un estudio internacional para analizarla en profundidad que espera tener listo el próximo año.