La historia se remonta al 16 de agosto cuando Jesús Presencio, ex portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Valladolid, fue sorprendido en un control de alcoholemia con una tasa tres veces superior a la máxima permitida. A partir de entonces, el partido puso en marcha su maquinaria interna para expulsarle siempre condicionado a lo que dijera la sentencia judicial. Pero el concejal ha querido jugar una última baza para evitar su expulsión al llegar a un acuerdo con el juez que le supone una rebaja legal de un tercio de la condena. Ha esquivado el show mediático, pero no la decisión de un partido que quiere despojarse de lo que considera “un lastre político”.

Presencio se presentó en el Juzgado de Instrucción 5 de Valladolid acompañado de su abogado para admitir los cargos que se le imputaban contra la seguridad vial por conducir con una tasa de alcohol (0,80) tres veces superior a la máxima permitida. Dicha tasa fue ratificada posteriormente con un análisis de alcohol en sangre. Por entonces, el partido le obligó a presentar su dimisión como portavoz del grupo municipal en el Ayuntamiento de Valladolid y aplazaba cualquier decisión disciplinaria hasta conocer la sentencia judicial. La vista estaba programada para este jueves a las doce del mediodía, pero el reconocimiento de los hechos ha evitado un nuevo show mediático de cámaras y periodistas persiguiendo a un político que se niega a hablar de los hechos porque lo considera “de su ámbito privado”.

El acuerdo alcanzado con el juez le supone una rebaja de un tercio de la pena. De esta forma, Jesús Presencio ha sido condenado a una sanción económica de 2.000 euros (17 por día) y diez meses de retirada del permiso para conducir cualquier vehículo a motor. De esta forma ya hay sentencia, menos contundente que si se hubiera realizado interrogatorio y juicio, pero suficiente para que Ciudadanos aplique sus Estatutos con la intención de expulsar a Jesús Presencio de su formación. La decisión está en manos del Comité Ejecutivo, pero fuentes del partido aseguraban a este periódico que dichos Estatutos son claros y tajantes sobre la ejemplaridad que deben asumir sus cargos públicos.

Presencio será expulsado de Ciudadanos, pero otra cuestión es conseguir que entregue el acta de concejal, tal y como recoge el compromiso vinculante que firman los militantes cuando asumen alguna representatividad. El todavía concejal por Valladolid ha protagonizado diversos episodios de idas y venidas en sus compromisos públicos. El primero fue anunciar que renunciaba a su salario como portavoz municipal (unos 57.000 euros brutos al año), pero enseguida cambió de opinión cuando pudo confirmar que dicha retribución era compatible con la prejubilación que ya percibe como ex empleado de una entidad bancaria. Con dos sueldos asegurados surgió el incidente policial y la tasa de alcoholemia que abrió una nueva crisis en su partido. En primer lugar costó convencerle para que presentara la dimisión. Ciudadanos entendía que era una erosión directa a su imagen e incluso el propio Albert Rivera reconoció públicamente que la salida de la portavocía era un alivio para su formación. Pero el enredo continúa porque, de manera sorprendente, Jesús Presencio ha conseguido que Ciudadanos le apruebe percibir aproximadamente 47.000 euros anuales en concepto de concejal con dedicación exclusiva, siempre manteniendo su prejubilación.

Peticiones para que se marche

La militancia de Ciudadanos ha plantado cara a esta situación y otros líderes regionales del partido han expresado su malestar con la actitud de Presencio y la respuesta del partido, que consideran demasiado tibia. A la petición masiva de que sea expulsado se une ahora la decisión personal del propio Jesús Presencio, a quien le pertenece el acta de concejal y cuyas intenciones no pasaban, en principio, por abandonar la política municipal aunque fuera saltando al grupo de concejales no adscritos, cuyos emolumentos solo se cuantifican por su asistencia a plenos y comisiones pero que no suele superar los 1.000 euros al mes.

Jesús Presencio, además, mantenía una relación más que tensa con su compañera de escaño en el Ayuntamiento de Valladolid, Pilar Vicente. La comunicación apenas existe entre ambos y los celos políticos han provocado más de un encontronazo. Pilar Vicente, que ya asumía la portavocía en la Diputación Provincial y es una firme apuesta del partido en Valladolid, redobla esfuerzos porque ahora también es portavoz en el Ayuntamiento tras la forzada dimisión de un Presencio que mantiene en vilo a la formación naranja, pendiente de su salida para correr la lista y recomponer el grupo o… quedarse solo con un concejal.