La histórica marca de brandy Terry podría estar a punto de cambiar por enésima vez de manos. El descenso en las ventas de esta bebida, pasada de moda y en claro declive, no ayuda a la icónica bodega jerezana, que ahora mismo está en manos de una multinacional japonesa.

Las marcas de brandy de Terry -Centenario, Fundador, 1900 y Tres Cepas- tienen un precio: 100 millones de euros. Es un importe que estaría manejando su propietaria, la nipona Beam Suntory, para vender sus enseñas de brandy de Jerez, según Bloomberg.

Desde la multinacional, ni confirman ni desmienten: “La especulación es habitual en la industria de las bebidas alcohólicas y como parte de nuestra política de empresa no comentamos rumores ni especulaciones. Beam Suntory está claramente concentrada en mejorar su posición en el mercado y ejecutar su estrategia de crecimiento a largo plazo”, ha afirmado en enigmáticas declaraciones a SABEMOS una portavoz de la compañía.

Así pues, en la empresa no concretan si tienen algún plan decido para Terry, justo al contrario que su eslogan “usted sí que sabe”.

Una historia convulsa

Este es el enésimo capítulo en una historia cuyos vaivenes accionariales comienzan con José María Ruiz-Mateos. Los primeros cambios se produjeron en 1983, cuando el empresario recientemente fallecido completó una compra encubierta de la bodega.

Como se vio afectada por la expropiación de Rumasa, la marca tuvo que ser “reprivatizada” a los pocos años, para lo que se confió en la multinacional Allied Lyons.

Después, en 1992, pasó a manos de una bodega de la competencia, Domecq, que también estaba participada por Allied. El tercer cambio de manos -lógico, teniendo en cuenta la confluencia de intereses- se produjo con la integración de las dos compañías en Allied Domecq en 1994.

Terry pasó a manos de su competidora Domecq en 1992

El romance de las dos empresas duró hasta que un tercero entró a cortejarlas. En esta ocasión fue el gigante francés de las bebidas espirituosas Pernod Ricard el que compró Allied Domecq, ya en el siglo XXI.

La firma gala pronto se cansó de su juguete y quiso desprenderse de las marcas de Domecq, aunque mantuvo la distribución de Terry. Eso sí, todas las botellas de brandy eran elaboradas por la estadounidense Beam Global como parte del acuerdo de compra de Allied.

El último paso, que llega hasta el día de hoy, se produjo en 2014, cuando Beam fue absorbida por la japonesa Suntory, con lo que se convirtió en el gigantesco conglomerado Beam Suntory.

Un mercado en caída libre

A tenor de las recientes informaciones publicadas por Bloomberg, a Beam Suntory le está pasando lo mismo que a Pernod Ricard y se ha cansado ya del brandy, lo que es comprensible dado el escaso predicamento que tiene en el mercado actual esta bebida.

El cambio en los gustos de los consumidores se ha sumado al abandono de la denominación de origen por parte de los bodegueros por motivos económicos, lo que ha desembocado en una gran crisis del brandy.

Entre 2010 y 2013, la producción de brandy se ha reducido a menos de la mitad, tras pasar de 28,7 millones de litros a 13,9 millones, de acuerdo con los datos de 2013 facilitados por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

Son las ventas en el extranjero las que sostienen la producción de brandy español. En el año 2012 se produjo el adelantamiento de la exportación sobre el consumo interno y en 2013, la comercialización en el extranjero fue el destino del 67% de la producción.

Por geografías, la mayoría del brandy exportado se va a Asia, mientras que la UE es el segundo destino que más producto demanda.

Filipinas y Guinea Ecuatorial son los principales clientes de brandy español, después del mercado doméstico, con 2,081 y 1,821 millones de litros, respectivamente, aunque México les sigue con 1,052 millones de litros.

Lo que es evidente es que la industria del brandy no tiene un gran peso en la economía española, con un valor de la producción estimado por el Ministerio en 83,6 millones de euros. Normal que Beam Suntory esté de retirada.