La crisis de refugiados que sacude (o así debiera) las conciencias de Europa sirve (o así debiera también) de recordatorio de muchas otras situaciones similares en las que las víctimas, en algunos casos, eran los ciudadanos de algunos de los países más refractarios en la actualidad. En este diario ya hemos analizado los ejemplos de Hungría , Reino Unido y de la misma España. Pero la nómina es particularmente larga, y en ella cabe Polonia , un país que, al igual que la República Checa, Eslovaquia y Rumanía, ha unido fuerzas con el Gobierno ultraderechista húngaro en su oposición a las cuotas obligatorias de reparto de refugiados, contribuyendo, con ello, a bloquear cualquier acuerdo en la cumbre de ministros del Interior celebrada ayer lunes en Bruselas para tratar sobre la crisis migratoria.

A principios de septiembre, la primera ministra polaca, Ewa Kopacz, anunció la disposición de su país a admitir más de 2.000 refugiados, muy por debajo de la cuota de 12.000 asignados globalmente por la Comisión Europea, de los cuales casi 9.300 corresponderían al último reparto anunciado la pasada semana por la CE.

Abundando en unos argumentos cansina y machaconamente habituales en ciertos países, sobre todo de Europa del Este (tradicional semillero de refugiados a lo largo de la historia contemporánea del continente), el Gobierno de Varsovia advirtió el pasado viernes de que Polonia sólo aceptaría la cuota establecida si la Unión Europea cumplía una serie de condiciones, en concreto la mejora de la seguridad en las fronteras exteriores de la UE, la separación entre inmigrantes por motivos económicos y refugiados y el aumento de los controles para examinar a los solicitantes de asilo. El Parlamento polaco tiene previsto celebrar este miércoles una sesión extraordinaria sobre la crisis de refugiados.

Entretanto, la sociedad se manifiesta, alentada por el “ejemplo” de sus gobernantes. Alrededor de 10.000 personas se concentraron este pasado sábado en Varsovia, convocadas por organizaciones nacionalistas y de ultraderecha, para mostrar su rechazo a la acogida de refugiados en el país y contra la “islamización” de Polonia. “Hoy refugiados, mañana terroristas”, voceaban los participantes en la manifestación, que había sido prohibida inicialmente por el Ayuntamiento de la capital, pero fue permitida posteriormente por las autoridades regionales. En respuesta, ciento de personas se sumaron a otra manifestación convocada también en la capital bajo el lema “Refugiados bienvenidos”, que también fue escuchado en otras concentraciones organizadas en ciudades como Cracovia, Gdansk o Poznan, según recogió la agencia Efe.

Para acabar de arreglar el ambiente, un eurodiputado polaco, Janusz Korwin-Mikke, tuvo la feliz ocurrencia de afirmar el pasado martes durante una sesión de la Eurocámara que la “ridícula política” de Europa provocará que el continente termine “inundado por la basura humana que  no quiere trabajar”. La vicepresidenta de la Cámara, Sylvie Guillaume, le quitó el turno de palabra, pero la barbaridad había quedado dicha. El tal individuo, fundador y líder de la formación ultraderechista Coalición para la Renovación de la República – Libertad y Esperanza, armó un escándalo político el pasado mes de julio después de efectuar el saludo nazi en el mismísimo Parlamento Europeo, como tampoco tuvo empacho en declarar, recientemente, que no había pruebas de que Adolf Hitler fuera conocedor, y por tanto responsable, del Holocausto.

Janusz Korwin-Mikke durante su intervención

 

Refugiados polacos durante el Holocausto

Quienes sí conocieron el Holocausto, y mucho, fueron los compatriotas de semejante personaje, muchos de los cuales se vieron obligados a huir de su país y a convertirse (siguiendo sus sabias palabras) en la “basura” de otras partes del mundo.

Tal como recuerda un informe del Memorial del Holocausto de Estados Unidos, la invasión alemana de Polonia en septiembre de 1939 provocó el éxodo de cientos de miles de refugiados polacos, tanto judíos como no judíos, a la deriva o con destino conocido, prácticamente con lo puesto y como buenamente pudieron, ya fuese a pie o en los vehículos que, con motor o sin él, se pudieron apañar.

La huida masiva de polacos coincidió con el derrumbe de un Estado cuyo territorio se habían repartido alemanes y soviéticos. En estas circunstancias, miles de personas se vieron atrapadas por el cierre de las fronteras por parte de alemanes y soviéticos. Muchas consiguieron escapar clandestinamente, con grave riesgo de sus vidas, pero otras muchas fueron capturadas en plena huida por las tropas nazis o estalinistas y violentamente reprimidas.

Cuando las fuerzas de Stalin se apoderaron de la Polonia Oriental, se encontraron con alrededor de 300.000 polacos judíos que habían huido de la parte de su país ocupada por los nazis. Buena parte de ellos se quedaron en el lado soviético, pero entre 1940 y 1941, prosigue el Memorial, la Policía Secreta de la URSS detuvo y deportó a cientos de miles de polacos orientales, incluidos miles de refugiados judíos procedentes de la zona alemana, por considerarlos “elementos poco fiables”. Tanto los refugiados como el resto de detenidos fueron deportados a Siberia, Asia Central y otros puntos de la URSS.

En total, se calcula que alrededor de 40.000 refugiados judíos lograron escapar de Polonia huyendo tanto de alemanes como de soviéticos. Más de la mitad de ellos pudieron llegar a Rumanía y Hungría. En principio, el Gobierno de Budapest aceptó la entrada de los refugiados judíos procedentes tanto de Polonia como de Checoslovaquia, pero la situación de este colectivo se agravó considerablemente en marzo de 1944, con la entrada de las tropas nazis y la implantación de un nuevo régimen germanófilo impuesto que entregó al III Reich a numerosos refugiados judíos polacos, además de a los propios judíos húngaros. Un buen número de ellos fueron asesinados en el campo de concentración de Auschwitz entre la primavera y el verano de ese mismo año.

Alrededor de 15.000 refugiados judíos polacos entraron en Lituania. De ellos, 2.100 optaron por seguir hacia el este, en un penoso viaje de casi 10.000 kilómetros que incluyó la toma de un ferrocarril hasta Vladivostok y de un barco hasta Japón, cuyo gobierno, a pesar de ser aliado de los nazis, ayudó a los recién llegados.

Un barco lleno de refugiados polacos llega a Irán procedente de la URSS en 1942

 

Otro contingente de miles de refugiados se hizo a la mar desde los puertos del Mar Negro y llegar a Palestina, por entonces en poder del Imperio Británico. Este grupo se enfrentó no solo a las autoridades turcas, que hicieron todo lo posible para impedir su paso por su territorio, sino a la de las mismísimas autoridades británicas, que en mayo de 1939 impusieron fuertes restricciones a la entrada de judíos en territorio palestino. El momento más trágico se vivió en febrero de 1942, con el hundimiento del barco Struma, con 769 refugiados judíos a bordo frente a las costas turcas, después de que el Gobierno turco se negase a autorizar su desembarco en Estambul. Entre las hipótesis barajadas de la tragedia se llegó a hablar de un torpedo disparado por un submarino soviético que lo había confudido con un barco de suministro nazi.

Un caso particularmente interesante, comparable al que vivieron los refugiados españoles huidos del franquismo, es el de los 1.500 refugiados polacos que, después de ser deportados a Siberia por los soviéticos y de recorrer un largo periplo por Irán, India, Nueva Zelanda y Estados Unidos, acabaron llegando en dos grupos a un campamento de acogida en una hacienda de la comunidad de Santa Rosa, en la localidad de León, en el estado mexicano de Guanajuato. Una quinta parte de ellos eran menores de 20 años. México había declarado la guerra a las potencias del Eje y la acogida de los refugiados se consideró una contribución a los aliados.

El grupo vivió en Santa Rosa hasta principios de 1947, cuando el Gobierno de México disolvió el campamento y otorgó permisos de residencia a quienes desearan permanecer en el país, según recuerda Televisa. Algunos de sus descendientes continúan viviendo en el lugar, mientras que otros regresaron a Polonia o se radicaron en Estados Unidos.

 

Imágenes | actualidad.rt.com Kenneth K. Koskodan, en Wikipedia