Termino de leer, atónito, el post de Juan Carlos Monedero en Público . Y pienso en mi hijo de tres años y en los días de lluvia. Da igual que se vaya a llenar la ropa de barro, que vaya a manchar a su hermana, que vaya a hacernos la vida más difícil a todos. No puede evitarlo. Como ya he dicho, tiene sólo tres años.

Intento leerlo, de verdad, de forma desapasionada. Sin duda, me digo a mí mismo, es un texto mucho más medido de lo que parece y serán los lectores, enfrentados en batallas ideológicas, los que estén sacando de contexto sus palabras. Pero no. Juan Carlos Monedero ha hecho exactamente lo que rezan los titulares. Se ha atrevido a comparar las protestas callejeras en Venezuela con la kale borroka y, por ende, con la violencia etarra. 

Me niego a abundar en los motivos que desaconsejan dicha comparación. Durante años, los españoles vivimos expuestos a algo tan arbitrario y terrible como saltar por los aires o ser acribillado. 829 víctimas. 343 civiles. 486 miembros de las fuerzas de seguridad. Hace casi 20 años, en febrero de 1996, andaba yo con un ramo de rosas ajeno en un campus que no era el mío, cuando vinieron los helicópteros a decirme que a unos pocos metros de distancia habían tiroteado a Francisco Tomás y Valiente. Durante años, en el turno de noche de Europa Press experimenté el temor constante a que la siguiente llamada a horas intempestivas fuese otro huérfano en la cuneta. Si me hubiesen preguntado entonces si querría traer a este mundo a un niño de tres años que saltase sobre los charcos me lo habría pensado dos veces. 

No voy a juzgar a Leopoldo López, ni la situación dramática que se vivió en Venezuela. No voy a introducir en la ecuación el hecho de que aquí Monedero, asesor del régimen, es juez y parte. Pero sí puedo afirmar categóricamente que es injusto comparar la situación en el país latinoamericano con otro drama, la materia de la que están hechas muchas de nuestras pesadillas como nación. Hay comparaciones que son odiosas. Es como si, en estas líneas, arremetiese contra Pablo Iglesias y dijese que su tesis doctoral espoleó la violencia en Venezuela y provocó dichas muertes. Material de tertulia barata. Una terrible e inadmisible falacia. Otra.

Seguro que conocéis el enunciado de Godwin: “A medida que una discusión online se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno”. Fue diseñado como un contrameme, una forma de intentar enmendar un tipo de interactuación social contraproducente. 

Creo que en España seguimos utilizando a ETA como un meme abominable. Monedero no ha sido el único ni será el último. Nuestros políticos han trivializado dichas comparaciones durante años, y huestes de cuñados les han seguido con entusiasmo. “Ser ETA” se ha utilizado para todo y por todos. Lo que debiera ser memoria histórica se transmuta, demasiado fácilmente, en meme histérico.

Juan Carlos Monedero se ha llevado su cuota de tuits indignados, con razón, por una comparación muy desafortunada, ha dañado al partido al que dice apoyar y ha hecho que, una vez más, mucha gente dude de sus motivaciones, de su pasado y de su futuro. Que nos sirva de lección a todos la próxima vez que nos sintamos tentados a hacer lo propio.