Hay un dato en relación con los comicios autonómicos en Cataluña del 27-S que todos los analistas políticos están de acuerdo: el electorado favorable a la independencia está mucho más movilizado para acudir a las urnas que el contrario. Se pudo ver en el transcurso de la masiva marcha que el pasado viernes se celebró en las principales calles de Barcelona. Aun así, existe un importante sector de indecisos, tan amplio que en sus manos está el devenir político de la comunidad catalana en la próxima legislatura autonómica.

No todo está dicho en las elecciones del 27 de septiembre. La gran incógnita es saber si las candidaturas independentistas lograrán o no la mayoría absoluta. La distancia entre una opción u otra es tan pequeña, según pronostican las encuestas, que el resultado de los comicios se podría dirimir por un puñado de votos.

Dos condicionantes aclararán lo mucho que está en juego el 27-S: el primero, el éxito de los partidos constitucionalistas en movilizar al electorado contrario a la secesión; y, el segundo, conocer lo que hará el gran número de catalanes que, según los sondeos, aún no sabe si acudirá a votar y, si lo hace, por cuál de las opciones políticas se decantará.

A trece días para los comicios, los partidos que concurren a las elecciones se esfuerzan en su propósito de pescar en el caladero de los indecisos. Las fuerzas políticas son conscientes de la importancia que representa ese sector del electorado.

El sondeo preelectoral que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó la semana pasada da cuenta de dos cifras: la primera, el número de catalanes que confiesa que aún no tiene decidido su sufragio, que alcanza el 28,7 por ciento del electorado; la segunda, el porcentaje que dice desconocer lo que hará o se niega a decirlo, que llega al 26,1. En ambos casos se alcanzan registros históricos. Nunca antes en las elecciones catalanas hubo tales cifras de indecisos.

Cuando se realizó la encuesta –a finales de agosto y principios de septiembre-, el CIS no pudo contabilizar el sentido del voto de un millón y medio del censo electoral. El 16,5 por ciento dijo no saber lo que hará el próximo 27 de septiembre y el 9,6 eludió contestar a la pregunta que le dirigía el organismo demoscópico.

Para comprobar la importancia de esos porcentajes no hay más que compararlos con los anteriores sondeos preelectorales del Centro de Investigaciones Sociológicas. En el barómetro de 2012, la cifra de indecisos se quedó en el 18,5 por ciento (13,6 no sabía y el 4,9 no contestó), mientras que en 2010 fue del 19,1 por ciento (14 y 5,1).

Mayor movilización entre el electorado independentista

En el sondeo preelectoral de 2015 hay numerosos datos que demuestran que el electorado independentista está mucho más movilizado que el de la opción contraria. Así, el 91,7 de los votantes de la CUP, el 87,9 de ERC y el 81,6 de los Convergencia afirma que, con toda seguridad acudirá a votar el próximo 27 de septiembre.

En cambio, cuando se pregunta a los electores de los partidos constitucionalistas, el porcentaje disminuye considerablemente. Así, está convencido de acudir a las urnas el 78,6 de los anteriormente votantes del PP, el 76,9 de Ciudadanos y el 75 del Partido de los Socialistas Catalanes (PSC).

Con esos datos, es lógico pensar que los cuarteles generales de los partidos constitucionalistas ordenen a sus candidatos que multipliquen los mítines para convencer a su electorado de la importancia que tiene ejercer el derecho al voto. El presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy, ha pedido a sus huestes que recorran Cataluña puerta a puerta para recuperar el voto de quienes buscan diálogo y moderación.

Lo que tienen claro los partidos constitucionalistas es que sólo podrán derrotar al secesionismo con una alta participación en las urnas, que alcance –al menos- el 75 por ciento del censo electoral. Ése no es un objetivo fácil. En las elecciones autonómicas de 2012 se registró una participación del 69,56 por ciento. En los comicios de 2010 la asistencia a las urnas fue mucho menor: el 58,78 por ciento.

A los partidos constitucionalistas no les gusta la fecha elegida por el presidente de la Generalitat, Artur Más, para las elecciones, ya que con ella no se fomenta la participación, según creen. El próximo 27 de septiembre será el último día del puente que comenzará el día 24 con la festividad de la Mercè, la patrona de Barcelona.

La importancia del voto en el área metropolitana de Barcelona

El PP, el PSC y Ciudadanos son conscientes de que la fecha desmotiva el voto sobre todo en el área metropolitana de la Ciudad Condal. Los catalanes con acento andaluz suelen aprovechar ese tipo de puentes para viajar a los lugares de origen de sus antepasados, en especial, si el tiempo acompaña.

Precisamente, el resultado que se produzca en las grandes localidades que rodean Barcelona será vital para los intereses de los partidos contrarios a la secesión, pues es la zona menos nacionalista de Cataluña.

Lo saben bien los socialistas catalanes. Pascual Maragall y José Montilla -los únicos dos presidente no nacionalistas que ha tenido la Generalitat- consiguieron formar gobierno cuando lograron, en unas elecciones autonómicas, el apoyo masivo de lo que entonces se conocía como el cinturón rojo de Barcelona. Un respaldo que obtenían en los comicios generales, europeos y municipales, pero nunca en los autonómicos.