Maria Rosa Rotondo (Madrid, 1972) se define como lobbista . Consciente de que en ocasiones su profesión despierta recelos, trabaja para que sea regulada y considerada como una más. Quiso ser politóloga y diplomática, pero su padre se lo desaconsejó.

*Una entrevista de Germán Pacheco (Kuorum.org)

Maria Rosa Rotondo (Madrid, 1972) se define como lobbista. Consciente de que en ocasiones su profesión despierta recelos, trabaja para que sea regulada y considerada como una más. Quiso ser politóloga y diplomática, pero su padre se lo desaconsejó. Así que licenció en Derecho por el CEU-Luis Vives. Acabados los estudios, probó con “lo más exótico que existía en el mundo jurídico a mediados de los 90: El Derecho comunitario”. Desde entonces, María Rosa ha desarrollado su actividad profesional en el sector de la regulación. Primero lo hizo en los despachos de abogados Uría Menéndez y Cremades & Sánchez Pintado. Y después entró en la consultora Political Intelligence, de la cual fundó su sede en España. Hoy es socia gerente de esta firma británica. Y además preside de la Asociación Profesional de Relaciones Institucionales (APRI), desde donde intentan aglutinar a todos quienes se dedican a los Asuntos Públicos en España y mejorar la percepción negativa que algunos aún tienen del lobby.

¿Qué es el lobby y cómo se llega a ser lobbista?

El lobby es la representación de intereses legítimos de manera profesional, ética y transparente. Creo firmemente en este concepto. ¿Es el lobby el ejercicio de la influencia? Sinceramente, pienso que muy poca gente en España tiene influencia, pero eso no significa que la gente que no la tiene no pueda hacer lobby. El lobby es, sobre todo, persuasión; convencer al que tienes al frente de lo que tú le planteas es bueno para el país, para su sector, para las empresas, etc. Es alinear los intereses generales con los particulares. Para eso hay que hacer contactos, tener conocimientos de procedimiento, visión estratégica, metodología y, por supuesto, un componente ético y deontológico fundamental. Para ser lobbista es necesaria una buena capacidad de comunicar lo qué queremos trasmitir, capacidad de síntesis, porque nos dirigimos a un público que tiene una capacidad de atención muy limitada en el tiempo, como un diputado que está a mil cosas; capacidad de análisis y comprensión de la sociedad y la política, porque hay que ser capaz de entender lo que se puede plantear y lo que no, y por último, una visión estratégica, porque los cambios suelen ser a largo plazo.

¿Hasta qué punto está desarrollado el lobby en España? ¿Qué diferencias hay con sitios como Bruselas, donde se toman las decisiones más relevantes sobre políticas y regulaciones en Europa?

Aunque en España ha evolucionado mucho y se entiende mejor, lógicamente es un sector inmaduro comparado con Bruselas, donde se hacen regulaciones marco que afectan a toda Europa y donde hay cerca de mil asociados. Allí existe una industria, una forma de trabajar y agencias extremadamente profesionales. España nunca va a ser un núcleo importante de lobby, en primer lugar porque no tiene por qué serlo. En España todavía queda mucho por trabajar, cada vez va a haber más formación que dé salida a la inquietud profesional de jóvenes que quieran dedicarse a esto y las empresas tendrán más demanda, que por otra parte va a ser más profesional, y no tanto por los contactos que tenga una persona.

¿Hay gente interesada en dedicarse al lobby?

En 14 años el sector del lobby en España se ha puesto de moda. Ahora mismo hay profesionales y jóvenes que quieren trabajar en el sector de los Asuntos Públicos porque entienden que es una salida profesional. Llegan desde Ciencias Políticas, Derecho y Comunicación. Para mí lo más importante es cómo la persona entiende esta profesión. Sobre todo que se identifique mucho con el componente ético y profesional de esta actividad. Es importante entender que no se necesita “ser alguien” o tener un montón de contactos para poder llevar a cabo el trabajo. La formación da igual, lo importante es la capacidad de transmitir lo que uno quiere a la persona que tiene enfrente.

¿Qué le dice a aquellas personas que recelan del lobby, que lo ven como una manera de incidir por debajo de la mesa y de forma poco transparente?

Le diría que los entiendo perfectamente. Que tienen toda la razón en tener una percepción negativa y estar preocupados por no saber lo que pasa y no saber cómo se toman las decisiones. Pero también les diría que no recelen de todos los que hacemos esto, que hay un colectivo que defendemos que las cosas se tienen que hacer de otra manera y que estamos dispuestos a poner todos los mecanismos que sean necesarios para mejorar, aunque no tenemos toda la solución, ya que no tenemos la capacidad de aprobar normas. Aún así, estoy convencida de que cambiará la situación.

“Tienen razón los que recelan del ‘lobby’ y creen que es poco transparente”

¿Se puede ser del todo transparente sin poner en riesgo los resultados que quieren lograrse? ¿Cómo se “transparenta” el lobby?

Hay muchos ejemplos que demuestran que es así. En Bruselas se hace. La transparencia modifica los comportamientos y obliga a todas las partes a ser mejores. Hay que adaptarse a las reglas del juego. Sin embargo, hay un deber de confidencialidad con los intereses sensibles de nuestros clientes. Por otro lado, también entendemos que el gobierno tiene que tener un ámbito de confidencialidad importante en materias que comprometen la estabilidad institucional o los intereses del Estado.

¿Ayuda el lobby a la política?

Pienso que podemos ayudar a los políticos a mejorar la imagen y la percepción que los ciudadanos tienen ahora mismo de la política. La corrupción es uno de los principales problemas de España, según el Eurobarómetro y otras encuestas. Nosotros podemos ayudar y pensamos que es una gran oportunidad para que, mediante la regulación de nuestra actividad y dando luz sobre las relaciones entre el sector privado y la administración, solucionemos una parte del problema. Nos gustaría que esto se hiciera con una regulación similar a la que existe en la UE. En primer lugar, transparencia en las agendas de los políticos. En segundo lugar, transparencia en la representación de intereses en lo que nos afecta a nosotros. Defiendo que nos inscribamos en un registro y digamos a quién representamos. Finalmente, abogo por un código de conducta de obligado cumplimiento y cuyo incumplimiento implique una sanción. Esto daría seguridad. Si se consigue en España, mejoraría la percepción que los ciudadanos tienen de la actividad que desarrollan los políticos, mejoraría la forma en la que se hacen las leyes y daría visibilidad a nuestra profesión, que está ahí y es lícita.

Es fundadora, promotora y presidenta  de la Asociación Profesional de Relaciones Institucionales (APRI). ¿Cómo surgió y qué buscan con esta asociación?

Un grupo de lobbistas muy convencidos de los mismo, buscábamos liderar una profesión mucho más comprometida con la sociedad y con los comportamientos éticos de lo que hasta entonces había en España. Queremos dar una carta de naturaleza a nuestra profesión y mejorar la percepción que la sociedad tiene de nuestra actividad. Como he dicho, creemos que se puede hacer mediante la regulación y en esta legislatura se ha avanzado para lograrlo. Se perdió la oportunidad de hacerlo con la Ley de Transparencia, pero el PP ha presentado una propuesta de regulación del lobby modificando el reglamento del Congreso. El asunto es que el reglamento no se ha modificado desde 1986 y es complicado que se modifique por las tensiones entre las distintas fuerzas políticas. Sobre nuestro tema hay consenso en que es bueno regularlo, pero no está en nuestras manos. Por otro lado, nuestra asociación también cuenta con un componente social, donde quienes nos dedicamos a esto podemos conocernos, compartir inquietudes, etc. Actualmente somos 72 inscritos en la Asociación, entre lobistas de consultorías, de empresas y de asociaciones profesionales.

“Queremos dar carta de naturaleza a nuestra profesión y mejorar la percepción que se tiene de nuestra actividad”

El día 30 se celebra en el Congreso la I Conferencia Internacional de Comunicación Política Digital, donde se presentarán herramientas que buscan que los ciudadanos incidan en decisiones políticas. ¿Estamos lejos de las estrategias de política en red que se aplican en otros países como EEUU o Reino Unido?

Soy muy positiva con eso. Creo que en España este tipo de herramientas están teniendo una receptividad mucho mayor de la que cabría esperar. Pienso que esto demuestra que hay una enorme demanda, necesidad e inquietud de los ciudadanos de entrar en contacto con sus representantes políticos. No tengo capacidad de hacer un análisis y ponernos en comparación con otros países de nuestro entorno, pero en España hay movimientos interesantes que no creo que se reproduzcan en otros sitios.