Se atribuye a Santiago y Ramón y Cajal la cita “al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia”, pero la cita en realidad era: “Por tener averiada la rueda de la ciencia, la pomposa carroza de la civilización hispana ha caminado dando tumbos por el camino de la Historia.” Y al parecer, don Santiago la pronunció en 1926, con motivo de la inauguración de su monumento en el Parque del Retiro de Madrid (gracias José Ramón).

Noventa años después esa frase sigue desgraciadamente vigente y no hace falta esforzarse mucho. Un ejemplo: una de mis aficiones es leer libros sobre historia reciente de España. En los últimos años he leído Los presidentes en zapatillas y sus secuelas, Los presidentes y la diplomacia, El cura y los mandarines y Adolfo Suárez, ambición y destino de Gregorio Morán, la trilogía de Eslava Galán sobre la historia de España desde la postguerra hasta nuestros días, varios libros de Jesús Cacho sobre la prensa y alguna biografía del rey Juan Carlos I (autorizada o no).

En general en muchos de estos libros se hace una lectura de cómo ha evolucionado la sociedad en nuestro país desde la oscura postguerra hasta nuestros días. Se habla de libertades, de economía, de derechos sociales, de carreteras e infraestructuras, es decir, de una manera u otra cuando se aborda la historia reciente de España se pone en perspectiva el desarrollo y lo que hemos mejorado desde todos los puntos de vista. ¿Todos? Bueno, todos no. En ningún libro sobre cultura o historia contemporánea de España he encontrado ninguna referencia a la ciencia, cero patatero, como diría un expresidente. Como si no existiera. De acuerdo que nuestro país no es una potencia científica, pero en el tiempo transcurrido desde el final de la guerra civil, alguna cosa ha pasado, pero aparentemente ninguna para merecer una mísera mención en un libro de cultura o de historia.

España es de los países de su entorno que menos invierte en I+D+i, y esto es especialmente hiriente en investigación aplicada a la industria, donde nuestra producción de patentes es patéticamente baja. Esto nos hace perder competitividad y limita el desarrollo de la economía, ya que somos absolutamente dependientes de la tecnología que nos llega de fuera y tenemos que pagarla al precio que nos pidan. Y nos lo dicen todos los indicadores, no solo el de % del PIB dedicado a investigación.

¿Cuántos premios Nobel en ciencia tenemos? Ninguno en física, 1 en Fisiología (Ramón y Cajal) y siendo generosos 1 en química. Digo lo de siendo generosos por qué Severo Ochoa ganó el premio Nobel cuando tenía nacionalidad estadounidense y todo el trabajo fue desarrollado en Estados Unidos, por lo que en la mayoría de las estadísticas oficiales sale recogido como un premio Nobel estadounidense. Tampoco aparece ninguna Universidad española entre las 100 primeras del mundo en el ranking de Shangai o en otras clasificaciones internacionales. Sin ciencia no saldremos de la economía del ladrillo y no tenemos otra futuro que ser un país de servicios, condenados a ser el patio de recreo de los países ricos, que no por casualidad invierten mucho más que nosotros en ciencia y tecnología.

Este desprecio hacia la ciencia nos cuesta dinero. Para empezar la fuga de cerebros, ya que muchos de nuestros científicos más brillantes están trabajando en el exterior, y luego los que se quedan, que ven limitado el desarrollo de su trabajo y cuentan con muchos menos recursos. La situación no va a cambiar de un día para otro, pero sería necesario que la sociedad empezara a considerar la ciencia como algo suyo, como algo de su cultura y algo necesario, solo de esta forma puede haber un cambio en la política científica de este país. Nos va el futuro en ello.

Imagen | Flickr – Mars P.