El independentismo catalán lo ha vuelto a hacer. Cientos de miles de personas se han manifestado pacíficamente para reivindicar un estado propio y han convertido la avenida de la Meridiana, una de las principales arterias de Barcelona, en una rebosante Via lliure hacia la independencia.

“Hemos vuelto a hacer historia, hemos llenado la Meridiana. Nos encontraremos con la guerra de cifras, pero os quiero decir que medios de comunicación ya han dicho por antena que eran dos millones de personas en las calles de Barcelona”, anunció el presidente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sànchez, en los parlamentos posteriores. La Guardia Urbana cifró los asistentes en 1,4 millones de personas, 400.000 menos que el año pasado. La delegación del Gobierno consideró que asistieron entre 520.000 y 550.000 manifestantes.

Ni las amenazas de lluvia ni los problemas de acceso –tanto el metro como los trenes presentaron retenciones por las aglomeraciones- impidieron que catalanes de todas las edades y de todas las partes de Cataluña llegaran a la avenida barcelonesa. Se ha conseguido la fotografía deseada: una masiva marea blanca, el color de las camisetas, como las papeletas del referéndum que hace tanto que piden sus dirigentes. Todos los ojos estaban, pues, puestos en el 27 de septiembre. “Tenemos la libertad en nuestras manos, y a los políticos que saldrán escogidos les pedimos que sean valientes, que no nos fallen, que sepan que detrás vienen cientos y cientos de personas”, afirmó Sànchez.

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, no acudió a la manifestación por responsabilidad institucional pero en una solemne declaración tras reunirse con los organizadores en el Palau de la Generalitat aseguró sentir orgullo, ilusión y confianza tras la movilización. “Cuatro años consecutivos de este grado de movilización no tienen precedentes ni aquí ni en ningún sitio. Nos sentimos una vez mas apoyados por nuestro trabajo de tirar adelante el proceso político que estamos defendiendo”, dijo, claramente satisfecho por el mensaje lanzado. “Me hace mucha ilusión porque quiere decir que tenemos un pueblo en marcha y un país que se mueve, y que mucha gente tiene la ilusión de construir. La concentración de hoy demuestra que no vamos en contra de nadie, sino a favor del derecho a decidir, de la democracia, de la dignidad, del respeto, de la posibilidad y del derecho a vivir mejor”. Y lanzó un mensaje directo a las instituciones del Estado: “Que tomen nota. Las imágenes hablan solas. Que dejen la miopía política y el orgullo imperial y de amenazar con las leyes como si fuésemos delincuentes”.

Una Diada politizada

Pese a que se trata de la cuarta movilización consecutiva de este calibre, la jornada estuvo marcada con un claro sesgo electoral. “En la calle se influye, en las urnas se decide”, recordó el president. La Diada ha coincidido con el primer día de campaña de las elecciones autonómicas –que algunos partidos reivindican como plebiscitarias-, por lo que muchos dirigentes descartaron participar al considerar que se trata de una manifestación muy politizada. Es el caso del tradicional socio de Gobierno de los convergentes, Unió, y de ICV-EUiA, que ahora concurren en una candidatura conjunta con otras formaciones de izquierda bajo el nombre de Catalunya Sí Que Es Pot. Ambos partidos estuvieron dentro de la cimera por el derecho a un referéndum, pero han rechazado participar en la Via Lliure porque alegan que favorece las opciones abiertamente independentistas, Junts pel Sí (donde además de Convergència y ERC, militan miembros destacados de la sociedad civil y personas ligadas a las asociaciones que organizan la movilización) y la CUP. Tampoco desfilaron los socialistas, el PNV –que sí vino el año pasado-, pero sí Bildu. La politización de la manifestación ha sido el motivo por el cual la Junta Electoral ha obligado a TV3 a incluir la retransmisión de la manifestación en los bloques electorales.

Sin embargo, los asistentes negaron que fuera un mítin electoral más. “Es un acto popular, no de elecciones. Es una manifestación popular sobre un sentimiento que ha coincidido con la campaña, pero en Madrid no entienden que va más allá de esto”, opinaba la barcelonesa Toñi García, que asistió junto a su marido al tramo cercano a la Torre Agbar. “No favorece a Junts pel Sí, es un acto totalmente a parte para decir que queremos la independencia por muchas razones, desde económicas a que no nos respetan”, afirmó Pilar Marcos, que llegó desde el Maresme. No era independentista hasta que el Tribunal Constitucional emitió la sentencia del Estatut en 2010.

El puntero hacia las urnas

La mayoría de los asistentes había asistido a las anteriores manifestaciones, como es el caso de Salvador Puig y Joan Sabater, que viajaron más de una hora en coche para llegar al tramo cercano a El Clot. “El año pasado no había elecciones y asistimos igual. Queremos la independencia porque nos han provocado de tal manera que nos han obligado a exigirla”, dijeron mientras esperaban, “emocionados”, la llegada del puntero gigante que recorrió la Meridiana. Deportistas de élite catalanes lo trasladaron hasta el Parlament en un gesto simbólico que arrancó a las 17.14 horas de la tarde. Además, ANC y Òmnium Cultural repartieron flechas individuales de diversos colores que simbolizaban los valores de la Cataluña independiente deseada, desde la justicia social al respeto por la lengua y la cultura catalanas, y que formaron un mosaico impactante para las cámaras en los helicópteros. Estaban repartidos en 135 tramos, tantos como escaños tiene el Parlament, a lo largo de 5,2 kilómetros.

Al final, parlamentos de los organizadores, rumba catalana para recordar la capacidad integradora de la independencia y el himno de los Segadors. “Cataluña tiene poder”, cantó en el escenario el grupo encargado de versionar la mítica canción de Peret para las Olimpiadas de Barcelona del 1992. “Por cuarto año consecutivo los catalanes hemos hecho una manifestación masiva con una mensaje a todas las sociedades democráticas del mundo: queremos nuestro propio estado independiente”, aseveró en inglés -para los ojos extranjeros- la periodista estadounidense Liz Castro. Más de un centenar de periodistas internacionales estaban acreditados al evento, según TV3.

Entre las caras conocidas, deportistas como Gerard Piqué, que no se cohibió por la polémica de los silbidos en los partidos de la Selección; políticos de las diferentes candidaturas por la separación y personajes mediáticos como el expresidente del Barcelona Joan Laporta o el economista Xavier Sala-i-Martín. “No hay movimiento europeo que haya ocupado democráticamente, pacíficamente, la calle como nosotros. No nos dan miedo las urnas, ganaremos la republica catalana. Lo tenemos a tocar”, concluyó Sànchez.