El líder de Podemos y el candidato de IU a La Moncloa acudirán a al menos 26 actos de Catalunya sí que es Pot pero no coincidirán en ninguno. La coalición que engloba a sus partidos ante las elecciones catalanas no logra colocar su discurso social y paga la polarización identitaria.

Apoyan a la misma fuerza, pasarán gran parte de la campaña en Cataluña pero no se verán las caras. Pablo Iglesias y Alberto Garzón han decidido echar el resto para ayudar a la coalición Sí que es Pot -que engloba a Podemos, a la marca autonómica de IU, a ICV, a Equo y a miembros de la sociedad civil- a quedar en posición de disputar el poder al independentismo tras el 27-S. El objetivo de la plataforma era en un principio ganar las elecciones pero, tras el lanzamiento de la lista conjunta de Artur Mas y Oriol Junqueras, la meta ha pasado a ser la segunda plaza. Poder liderar una alternativa a un Gobierno de Junts pel Sí es todavía algo factible, a tenor de lo reflejado en el estudio preelectoral del CIS.

Catalunya sí que es Pot sería hoy el tercer partido más votado, con el 13,9% de los sufragios y 18-19 escaños de los 135 a repartir. Nueve décimas y un diputado por encima aparece Ciudadanos, mientras la candidatura secesionista queda primera a una gran distancia pero lejos de la mayoría absoluta y a punto de no alcanzarla ni uniéndose a la CUP. La tendencia apunta a un desinflamiento del soberanismo que tanto Iglesias como Garzón quieren contribuir a potenciar los próximos días.

Iglesias protagonizará cinco actos junto a Lluís Rabell; Garzón visitará al menos 12 localidades catalanas

El líder de Podemos participará en al menos cinco actos junto a Lluís Rabell, cabeza de lista de Sí que es Pot, del total de 12 que tiene agendados. Este domingo aparecerán juntos a mediodía en el barcelonés barrio de El Carmel y volverán a hacer lo propio en Lleida (sábado 19), Sabadell (domingo 20), Cornellà (miércoles 23) y Tarragona (jueves 24). Además, están previstos desplazamientos de otros líderes de la formación morada como Íñigo Errejón, Teresa Rodríguez o Carolina Bescansa. Lo que no podrá esgrimir la coalición es el respaldo de los llamados “alcaldes del cambio”, ya que tanto la regidora barcelonesa, Ada Colau, como la madrileña, Manuela Carmena, han preferido ponerse de perfil. Solo el gaditano Kichi tiene planeado participar en la campaña de Sí que es Pot.

Garzón, por su parte, ha confeccionado una agenda repleta de actos para las próximas dos semanas. El candidato de IU a La Moncloa visitará al menos doce localidades catalanas y participará en 14 eventos. El martes 15 estará por la mañana en Sant Adrià del Besòs y por la tarde en Terrassa y ya no parará hasta que el jueves 24 se despida en Sant Feliu de Llobregat. Por el camino, habrá acudido tres días a Barcelona y pasado por Esplugues de Llobregat, Pineda de Mar o La Llagosta. El diputado malagueño intercalará apariciones con Rabell y con los líderes de ICV y EUiA, Joan Coscubiela y Joan Josep Nuet, hasta ahora compañeros suyos en la Cámara Baja. Una hiperactividad con la que quiere dejar claro que también IU impulsa una candidatura donde Podemos acapara el protagonismo.

La implicación de ambos líderes se explica asimismo por el carácter abierto de los comicios. También Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y especialmente Albert Rivera se volcarán en la campaña catalana. El independentismo sumará o no mayoría absoluta por un puñado de votos y lo mismo ocurrirá con la lucha por la segunda plaza. El objetivo de Sí que es Pot es imponer el debate social por encima del identitario, en el que se mueven mejor los secesionistas, C’s y el PP. Los modestos resultados que le augura el CIS -en el citado empate técnico con los partidos de Arrimadas e Iceta- y las preocupaciones que señalan los catalanes como prioritarias apuntan a que la coalición no está teniendo aún éxito en ese empeño.

El soberanismo marcará el voto

Como en el resto de España, en Cataluña el paro es lo que más preocupa a la población. Más de la mitad de los encuestados (50,2%) lo citan como primer o segundo desvelo, a enorme distancia del resto. La cifra, siendo alta, es 24 puntos inferior a la que se registró a nivel nacional en julio. Igualmente, preocupan mucho menos la corrupción y el fraude (al 35,9% de los españoles, al 12,4% de los catalanes), los problemas económicos (17,6% frente a 10,2%) o la clase política (14,3% frente a 3,5%).

En sentido contrario, un elevado porcentaje de ciudadanos catalanes (48,7%) sitúa como principales preocupaciones cuestiones relacionadas con el debate identitario: la independencia (13,9%), la financiación (12,5%), el derecho de autodeterminación (9%), las relaciones con el Gobierno central (8,9%) y la incertidumbre ante el 27-S (4,4%) aparecen en el top ten de problemas de los catalanes. Un caldo de cultivo poco propicio para un proyecto que se ha construido como respuesta a la crisis económica y al descrédito del bipartidismo.

Los catalanes muestran mucha menos preocupación por el paro y la corrupción que el total de los españoles

A Podemos no le ayuda que la educación, la vivienda, los recortes o la calidad del empleo preocupen a un porcentaje marginal del electorado, como tampoco que la corrupción y el fraude solo sean el cuarto quebradero de cabeza, con los problemas económicos en quinto lugar. Salvo que la campaña imponga otras dinámicas, queda claro que el voto se decidirá principalmente en clave identitaria y así se explica el éxito de Ciudadanos, el hundimiento del PSC, el sostenimiento del PP y el modesto resultado que el CIS vaticina para Sí que es Pot.

“Hay una mayoría de catalanes que están hartos de la corrupción, hartos de los recortes y que quieren cambio”, proclamó el miércoles en Rubí (Barcelona) el eurodiputado del partido morado. Si es así, no lo manifiestan lo suficiente en las encuestas y desde luego no parecen guiarse por ese sentimiento a la hora de decidir el voto.

Iglesias y Garzón trabajarán contracorriente, pues, y con la vista puesta de reojo en el seno de sus propias formaciones. Un éxito de su coalición catalana avalaría las tesis de IU, partidaria de una convergencia sin condiciones y a nivel estatal. El fiasco de Sí que es Pot, obviamente, no le conviene a ninguno, pero debilitaría a Garzón en la pugna que mantiene con Podemos para que la formación del círculo ceda en su pretensión de controlar los procesos de confluencia.