Reencontrarse con un nuevo disco de Motörhead que conserva la misma vitalidad y energía de costumbre, no por poco o nada sorprendente es menos satisfactorio.

Cada nuevo bombazo de Motörhead es como abrirle la nevera a un amigo de toda la vida para que se lleve todas las cervezas que pueda cargar. El grupo de Lemmy, como cualquier otro que pueda presumir de llevar cuarenta años ininterrumpidos en la carretera, ha tenido sus altos y sus bajos, más teniendo en cuenta que su canción icónica y legendaria, Ace of Spaces, la compusieron muy pronto en su carrera. Pero desde Inferno, su disco de 2004, Motörhead no ha errado ni un tiro, gracias a centrarse en producciones cada vez más atemporales y composiciones de eficacia comprobadísima: velocidades de infarto, guiños metaleros, temáticas tópicas del rock y a girar por medio mundo.

Bad Magic es exactamente eso, ni más ni menos, aunque las poco halagüeñas noticias sobre la salud de Lemmy -que se ha visto obligado a cancelar algún concierto después de que el médico le dijera que basta de bourbon para desayunar, comer y cenar, a lo que Lemmy reaccionó pasándose al vodka- hacen que haya dudas razonables sobre el futuro del grupo en directo. Son setenta años ante una de las presencias más icónicas e imprescindibles del rock, quizás Lemmy va pensando que es hora de tomarse un descanso.

En cualquier caso, sea Bad Magic o no el último disco de la banda, lo cierto es que el resultado es impecable. El trío, que lleva ondeando la bandera de Motörhead desde hace unas cuantas décadas y muchos lo entienden como la mejor formación de la historia de la banda, suena tan compacto como de costumbre. El batería Mikkey Dee golpea con una fuerza y velocidad propia de sección rítmica de un combo de veinteañeros que hacen metal extremo. Y el guitarrista Phil Campbell demuestra por qué, aunque los mismos Motörhead lo hayan llevado durante años, no hace ninguna falta una segunda guitarra para hacer que tiemblen las paredes.

Bad Magic arranca con Lemmy bramando un “Victory or die” que suena, como todos los clásicos de la banda, a declaración de intenciones. Y se cierra con una versión de Sympathy for the devil de los Rolling Stones que Lemmy hace completamente suya y deja en evidencia aquella ridiculez que perpetraron Guns’n Roses. Entre ambas, himnos que son puro Mötorhead, como Thunder & Lightning, el inevitable autoplagio de Ace of spades que agarra por la nuca al oyente y le vapulea los tímpanos. O Tell me who to kill, que exhibe quizás el riff más poderoso y demente del conjunto. O Choking on your scream, disfrazada casi de thrash metal. O Shoot out all of your lights, el trallazo más metalero del disco, con una sección rítmica y unos cambios de tempo y melodía que demuestran lo que los seguidores del grupo de largo recorrido ya sabemos desde hace décadas: Motörhead podrían, si quisieran, complicarse la vida; tienen la experiencia y el conocimiento para ello. Pero escogen la vía de la rapidez y la intensidad simple y ensordecedora porque, demonios, sencillamente es la mejor.

ficha

Motörhead
Bad Magic
2015