A comienzos del siglo XIX, cuando Napoleón amenazaba con un bloqueo a las Islas Británicas y Portugal era la puerta de entrada a la Guerra de la Independencia, dos hombres, herederos de la notoria tradición mágica inglesa, restauraron la hechicería en la Inglaterra del Rey Jorge.

Jonathan Strange y el Sr. Norrell se basa en la novela homónima de la autora británica Susanna Clarke, una obra deliciosa publicada en 2004 que el célebre escritor y guionista Neil Gaiman llegó a calificar la mejor obra de género fantástico de los últimos 70 años. La miniserie de 7 episodios estrenada el pasado mes de mayo en Reino Unido por BBC One, aún pendiente de estreno en nuestro país, mejora incluso la novela original y nos depara una de las mejores series del año, demostrando que el pulso fantástico de los británicos está muy lejos de aflojar.

La historia de Strange y Norrell no es muy distinta de la de Amadeus, sólo que con fantasmas, guerra mágica, esclavos sin nombre, hadas, profecías, locura, caminos ocultos en los mundos que hay detrás de cada espejo y un rey legendario que nos abandonó a nuestra suerte.

Poco después de que el señor Norrell, encarnado por un pletórico Eddie Marsan, anuncie su intención de rescatar la magia británica del olvido y dotarla de un carácter respetable, el joven y atrevido Jonathan Strange demuestra un talento único para las artes oscuras.

Si Norrell es el Salieri formal y estructuralista apreciado por la corte, Strange es el loco valiente que desafía toda convicción y que enamora al público. Si para Norrell la magia es una labor ardua, alimentada de su pasión por los libros, para Strange es una pulsión, una inquietud. Afortunadamente para la serie, Strange es más flemático y humilde que Mozart, y Norrell tiene mejores razones que Antonio Salieri.

“Es como música sonando en el fondo de mi mente. La escuchas por primera vez y, aún así, sabes cuál va a ser la siguiente nota, ¿sabe a qué me refiero?”, pregunta Strange a su maestro. “Sí, sé a lo que se refiere”, responde Norrell con cara de no tener ni la más remota idea.

La dirección, impecable en manos de Toby Haynes, un joven realizador que ya se había fogueado en Dr. Who y del que podemos esperar grandes cosas. El vestuario, tan exquisito como cabría esperar de cualquier producción británica de época, con un encanto especial en el baile de máscaras de Esperanza Perdida y en la indumentaria de El Caballero, una misteriosa figura que ejerce de antagonista principal y que encarna, con gran solvencia, Marc Warren, a quien los seriéfilos más empedernidos relacionamos con el personaje de Nick Savarese, ex marido de Kalinda en The Good Wife. 

Pero es injusto destacarle por encima de los demás. Como ya hemos dicho, Eddie Marsan es extraordinario, un niño grande, empollón y asustadizo, que encuentra su razón de ser en sus habilidades para la magia, pero cuyo juicio está, a menudo, empañado por el orgullo. Bertie Carvel dibuja un Jonathan Strange maravilloso, cargado de humanidad, alegría, amor y magia muy loca. Y si Alice Englert nos dibuja una histérica de época, Charlotte Riley nos ofrece una Arabella Strange serenísima, digna de Sir Lawrence Alma Tadema. Puntos aparte para Enzo Cilenti como el fiel y estricto Childermass, a Vincent Franklin como Drawlight y a Paul Kaye en el papel de Vinculus. En realidad, casi todos los personajes dejan una impresión profunda.

Sin entrar en los detalles del guión, a la espera de que alguna cadena u operadora se preste a emitirla, desde SABEMOS sólo nos queda recomendarla con viveza, y confiar en que nuestros lectores la disfruten tanto como la hemos disfrutado nosotros. 

Jonathan strange y mr. norrell

Director: Toby Haynes, sobre un guión de Peter Harness basado en la novela de Susanna Clarke

Actores protagonistas: Bertie Carvel, Eddie Marsals, Marc Warren

Canal: BBC One 

La escena: Las estatuas cobran vida en una iglesia, los barcos de lluvia, los caballos de arena, los Caminos del Rey.

Lo mejor: Todo. Una serie para recordar y disfrutar una y otra vez… Los fans de Harry Potter, ya crecidos, se toparán con un mundo menos brillante pero mucho más sugerente y adulto.

Lo peor: ¿Por qué a veces las mejores series tardan tanto en llegar a España? Por meritoria que sea El Ministerio del Tiempo, un vistazo a Jonathan Strange y el Sr. Norrell nos recuerda que estamos a tanta distancia del fantástico británico como Anacleto de James Bond.