“Más de nueve millones de personas sufren estas Navidades en Siria y necesitan ayuda desesperadamente. Cuatro millones de ellas son niños, el equivalente a los alumnos de educación primaria de Inglaterra. Este es un asunto humanitario urgente que transciende las diferencias entre los partidos políticos”. Estas palabras fueron pronunciadas conjuntamente en diciembre 2013 por el primer ministro británico, David Cameron, y por los entonces líderes liberal y laborista, Nick Clegg y Ed Miliband, en pleno debate sobre la intervención del Ejército en Siria.

De los cuatro millones de sirios que han escapado de su país desde que comenzó la guerra en 2011 y que necesitan esa “ayuda desesperada” de que hablaba Cameron para justificar una intervención militar, Reino Unido ha acogido 216, en aplicación del Programa de Reasentamiento de Personas Vulnerables del Gobierno.

Un tren del Metro de Londres tiene capacidad para aproximadamente 300 personas. Por tanto, todos los refugiados sirios aceptados oficialmente por el Gobierno británico cabrían holgadamente, y por supuesto sentados, en un tren del Metro, y aún dejarían sitio para otros viajeros, tal como ha analizado el diario norteamericano The Washington Post.

En todo caso, este dato no incluye a los alrededor de 4.000 sirios que han recibido asilo en Reino Unido después de entrar en el país por sus propios medios y no a través del programa. Estados Unidos, con cinco veces más superficie que su antigua metrópoli, sólo ha asentado a 1.500, aunque planea acoger a más en los próximos años.

 

 

Toda la prensa británica se hace eco del drama de los sirios tras la muerte del niño Aylan Kurdi

 

Tradicionalmente, Reino Unido se ha rodeado de una aureola de país solidario y acogida para los refugiados de todo el mundo, una imagen que, ciertamente, está alejada de la realidad.

Desde hace treinta años, Londres ha impuesto numerosas restricciones en la concesión de visados precisamente para evitar la llegada de refugiados: en 1985, con Sri Lanka para impedir la entrada de tamiles; en 1989, con Turquía para disuadir a los kurdos; en 1992, con los ciudadanos de la antigua Yugoslavia; en 1995, con Sierra Leona para frenar a las víctimas de la guerra civil; en 2002, con Zimbabue para frenar a los posibles solicitantes de asilo.

No obstante, incluso con estos antecedentes, lo que sucede actualmente con los refugiados sirios supone “un abandono de lo que aportaba Reino Unido en el pasado”, según Neil Quilliam, analista de Chatham House (un think tank londinense que ha instado al Gobierno británico a acoger al menos 10.000 sirios), citado por el Post.

“Expulsan a Hitler pero no pueden con unos pocos miles de migrantes agotados”

El contexto político británico no ayuda. Mientras la prensa tabloide atiza el miedo al “invasor” extranjero (recientemente, el Daily Mail se preguntó por qué Londres podía rechazar a Adolf Hitler y no podía hacer lo mismo con “unos pocos de miles de migrantes agotados”), los dirigentes del país incurren en declaraciones tan apropiadas como las de Cameron, cuando utilizó la expresión “swarm” (que se puede traducir como “multitud”, pero también como “plaga”) para referirse a los inmigrantes, o las del ministro de Exteriores, Philiip Hammond, cuando alertó contra los “depredadores” africanos que amenazaban “los estándares de vida” europeos.

Obviamente, Reino Unido (y, por descontado, España) está muy lejos de las actitudes mostradas por Alemania y Suecia, los dos países europeos que han recibido casi la mitad de las 350.000 solicitudes de asilo procedentes de Siria que se han cursado en Europa desde que comenzó la guerra. Alemania, que se ha comprometido a acoger a 800.000 refugiados, ha llegado incluso a anunciar su intención de saltarse las Regulaciones de Dublín (que contravienen, por cierto, las disposiciones de la Convención de Ginebra de 1951 relativas a los países en los que se puede solicitar el asilo) para acoger en su país a los refugiados cuyas solicitudes hayan sido rechazadas en otros países de la UE.

Reino Unido recibe cada año a numerosísimos extranjeros, pero cerca de la mitad de ellos proceden de otros países de la UE y sólo una pequeña parte corresponde a refugiados de zonas en conflicto, como Oriente Próximo, África o el sur de Asia. En total, Reino Unido da cobjjo en la actualidad al uno por ciento de los refugiados de todo el mundo, mientras que los países más pobres reciben el 80 por ciento.

Tal como recuerda Amnistía Internacional (AI), a finales de 2014 había alrededor de 14,4 millones de refugiados en todo el mundo (recordemos que, como refugiados, nos referimos a personas huidas de la violencia o de la persecución y que, por tanto, tienen un tratamiento diferenciado en el Derecho Internacional que incluye obligaciones para todos los Estados), y ello sin incluir a los cinco millones de refugiados palestinos que no suelen figurar en esta estadística por no entrar en las competencias del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Pues bien. Según AI, Turquía y Pakistán (con sus propios conflictos internos y fronterizos) acogen a más refugiados que todos los países de la UE juntos, incluidas las ya citadas Alemania y Suecia. Excepto la euroasiática Turquía, ni un solo país europeo figura entre los diez Estados que más refugiados acogían en el mundo en 2014. La lista sí incluía, en cambio, a grandes potencias económicas como Etiopía, Kenia, Chad y Uganda.

Francia, muy por debajo de la solidaridad de los alemanes y los suecos, acogía a más del doble de refugiados que Reino Unido, de acuerdo con la citada lista. Con la crisis actual de refugiados, países ribereños del Mediterráneo como Italia, Grecia, Bulgaria y Hungría superan incluso con creces a los británicos como país de acogida.

Un país “generoso”

El Gobierno británico suele asegurar que su política de asilo y refugio es “más generosa” que la de otros países, un argumento que, según Amnistía Internacional (una organización nacida y con sede central en Londres), está muy alejada de la realidad.

Por ejemplo, mientras que (en cumplimiento de Ginebra), la paga semanal destinada por Reino Unido a un solicitante de asilo adulto es de 36,95 libras esterlinas (50,73 euros) semanales, en Francia la paga es de 58,50 (80,29 euros). Asimismo, mientras que en el conjunto de la UE los solicitantes de asilo reciben el permiso de trabajo en un plazo de unos nueve meses (y en algunos países en menos tiempo), en Reino Unido el permiso no llega antes de los doce meses y el Gobierno ha introducido restricciones en el ejercicio de este derecho incluso en los casos en que se concede el asilo.

Asimismo, el periodo de detención de los solicitantes de asilo (ya de por sí difícil de justificar) es mucho más extenso en Reino Unido y, a diferencia de otros países, ni siquiera tiene un límite de tiempo.

Presión británica en favor de los refugiados

Afortunadamente, y como sucede en tantas ocasiones, el país político y mediático no siempre coinciden con el país real. Cerca de 150.000 británicos han solicitado a David Cameron que acepte a más solicitantes de asilo en Reino Unido a través de una petición on line en la página del Parlamento británico, en la que los ciudadanos firmantes advierten de que “existe una crisis global de refugiados” y que “Reino Unido no está ofreciendo asilo de forma proporcionada en comparación con sus socios europeos”.

Según informa Europa Press, para que esta petición pudiese ser debatida por el Parlamento y respondida por el Gobierno hacían falta 100.000 cifras, una cifra que ha sido ampliamente rebasada.

La presión contra Cameron llega incluso de su propio partido conservador, cuyas conciencias se han removido con la difusión internacional de la foto de un niño sirio muerto en una playa de Turquía. “No somos nada sin compasión. La foto debería avergonzarnos a todos. Hemos fracasado en Siria. Lo siento pequeño ángel, RIP”, ha escrito en su Twitter la diputada tory Nadhim Zahawi, citada por Europa Press.

Según la BBC, el diputado conervador David Burrowes ha pedido que Reino Unido acepte a “miles, no cientos” de personas, mientras que su compañero de filas Johnny Mercer ha subrayado que las madres que mantienen a sus hijos a flote con chalecos salvavidas no deberían ver a Reino Unido como un país que no está dispuesto a acogerlos. “Reino Unido tiene el orgullo histórico de haber sido el santuario de los que huían de los conflictos y de proteger a los perseguidos. No podemos ser la generación que fracase en esta prueba de humanidad”, ha tuiteado la parlamentaria conservadora Nicola Blackwood.

Respecto a la política española con los refugiados sirios y de otros países, SABEMOS ya lo ha tratado en otras ocasiones.

 

Imágenes | http://www.star-network.org.uk/ Efe The Guardian