Cuando, aún en la EGB, nos preguntaban cuál era nuestro grupo preferido, todos teníamos una respuesta rápida. Eran tiempos más sencillos, de blancos y negros, y no entrabas en consideraciones de estados de ánimo, de momentos y compañías y de tonterías emocionales de esas que pasados los cuarenta ya tienes en cuenta.

El caso es que había compañeros de clase fanáticos de Bon Jovi o Europe, había niñas -siempre niñas- que bebían los vientos por Hombres G y alguno que cambiaba sus gustos cada semana según ordenaran Los 40 Principales. Yo, con mis intentos de greñas y mi incipiente pelusilla bajo la nariz siempre decía “Los Maiden”. 

Y desde aquél lejano 1986 en que me hice con mi primer vinilo del grupo (Somewhere In Time, hoy en día adorna una de las paredes de mi despacho como si fuera un cuadro), siempre he seguido al grupo con interés. Fueron ellos los cabezas de cartel del primer concierto al que fui (con teloneros de la talla de Metallica, Anthrax y Helloween), y nunca me he saltado ninguno de sus nuevos lanzamientos discográficos, aunque en ocasiones no estuvieran a la altura. Pero un par de horas dedicadas en exclusiva a escuchar “el nuevo de los Maiden” siempre había cada año. O cada dos años. Y del último lanzamiento ya hace cinco. Y cuando salió, ya empezaron a circular rumores de que la banda podía estar dando sus últimos coletazos, que todos los miembros superaban ya los 50 años y el batería se acercaba a los 60. 

Pero llega 2015, y anuncian disco nuevo. Cinco años después del anterior, siendo el intervalo más largo entre dos de sus discos en estudio. Entre medias, un directo documentando la gira de 2010-2011 llamado En Vivo! (grabado en Santiago de Chile, de ahí el título en castellano) y una edición en CD/DVD del Maiden England de 1988 que les llevó a una gira mundial rememorando el setlist de aquel año. Y ya tenemos entre nuestras manos, calentito aún, el nuevo The Book Of Souls. Vamos a ver qué sensaciones produce en su primera audición.

Se dice que no hay que juzgar un libro por su portada, y tampoco habría que hacerlo con un disco, pero hay que reconocer que la carátula es el primer contacto que tenemos con él, así que empecemos por ella. El artista responsable ha sido Mark Wilkinson, artista conocido por diversas portadas de Judas Priest o Marillion que ya había trabajado en dos discos anteriores de la banda, la remasterización de 1998 del Live At Donington 1992 y la recopilación de caras B de singles Best Of The B-Sides. En la imagen más sobria de la carrera del grupo, podemos ver un primer plano de Eddie maquillado al estilo maya, acorde a las letras de la canción que da título al álbum. Luce una joya en su frente, en el mismo punto en el que tenía la placa con dos tornillos que le mantenía en su sitio la parte superior del cráneo en el Piece Of Mind de 1983. ¿Insinuará un retorno a los orígenes? Algo de eso hay.

  1. If Eternity Should Fail (Bruce Dickinson, 8:28) empieza con una introducción un tanto desconcertante que tiene reminiscencias de la del tema Tyranny Of Souls, del último disco en solitario del cantante, Un tema de ocho minutos y medio, teniendo en cuenta la deriva hacia el metal progresivo de los últimos años de la banda, prometía ser de esos de melodías intrincadas y cambios de ritmo, y… no. Es un tema clásico, que perfectamente podría haber entrado en cualquier disco clásico del grupo. Potente, con un estribillo memorable… y la apertura perfecta para la próxima gira de 2016. No lo duden, éste será el primer tema de cada concierto durante los próximos meses
  1. Speed of Light (Adrian Smith/Bruce Dickinson, 5:01). Tengo un problema con los singles de Iron Maiden. Por algún extraño motivo, la canción elegida para presentar el disco en los últimos tiempos suele ser de las menos inspiradas. Ocurrió con El Dorado en The Final Frontier, con The Reincarnation Of Benjamin Breeg en A Matter Of Life And Death y con Wildest Dreams en Dance Of Death. Aun así, es un tema correcto… pero correcto sin más, y con la banda británica tengo el listón más alto. Muy directo, como corresponde a algo firmado por Adrian Smith y Bruce Dickinson, que han compuesto juntos clásicos del grupo como Flight Of Icarus o 2 Minutes To Midnight.
  1. The Great Unknown (Adrian Smith/Steve Harris, 6:37) es uno de los temas más representativos de la última era más progresiva del grupo, y por tanto de los que más cuesta que entren. Crece poco a poco desde un principio a medio tiempo en una estructura a la que recurren muy a menudo en los últimos años. Muy agradable.
  1. The Red and the Black (Steve Harris, 13:33) arranca con una clásica cabalgada Maiden con una melodía a la guitarra que nos trae recuerdos de Dance Of Death. El estribillo, con sus coros “uoooh uoooh”, puede funcionar bien en directo, pero en estudio cansa un poco, al estilo de No More Lies. Se hace un poco más larga de la cuenta en su primera parte, aunque mejora en la jam instrumental de 6 minutos que supone la segunda mitad. No es, desde luego, el tema más inspirado del disco y podría perfectamente haber sido dividido en una canción corta y un tema instrumental.
  1. When the River Runs Deep (Adrian Smith/Steve Harris, 5:52) es otro de los momentos de heavy metal clásico del disco que hará las delicias de los que torcían el gesto ante los toques progresivos de los últimos discos. No tiene pinta de ser un tema cómodo de defender en directo… veremos si el estado de salud del vocalista permite que sea incluida en el set list.
  1. The Book of Souls (Janick Gers/Steve Harris, 10:27) no es un tema que entre de primeras. El riff del principio podría haber sido sacado perfectamente de Piece Of Mind, pero también recuerda por momentos a su primer tema épico, The Rime Of The Ancient Mariner de Powerslave, teniendo a la vez toques prog representativos de la última época… Se podría decir que es un repaso a toda una carrera en una sola canción. Una de las joyas del disco.
  1. Death or Glory (Adrian Smith/Bruce Dickinson, 5:13). Empezamos el segundo disco con la segunda aportación del dúo Smith/Dickinson es otra de las canciones directas y fáciles de digerir. Probablemente sea el tema que más recuerde en su instrumentación a la etapa de los 80 del grupo, pero no me termina de entrar su estribillo. Si hubieran trabajado un poco más esta parte podríamos estar hablando de un punto álgido en sus directos.
  1. Shadows of the Valley (Janick Gers/Steve Harris, 7:32) es el momento headbanger del disco, el equivalente a Montségur del Dance Of Death de 2003, empieza con una intro que autohomenajea al Wasted Years de 1986. No será un tema que pase a la historia, pero tampoco rompe la escucha del disco ni hace que apetezca pasar a la siguiente.
  1. Tears of a Clown (Adrian Smith/Steve Harris, 4:59). Uno de los temas recurrentes en la discografía de Iron Maiden es el cine. Entre sus canciones inspiradas por películas me vienen a la cabeza Where Eagles Dare (por El Desafío de las Águilas, 1968), Man On The Edge (Un Día de Furia, 1993), The Clansman (Braveheart, 1995) o The Wicker Man (El Hombre de Mimbre, 1973). En este disco, la canción inspirada en el mundo del celuloide es Tears Of A Clown, y sirve de homenaje al difunto Robin Williams. Musicalmente, es un tema sencillo a medio tiempo con un estribillo melódico y pegadizo que tiene el honor de ser la única canción por debajo de los cinco minutos del disco.
  1. The Man of Sorrows (Dave Murray/Steve Harris, 6:28) Un tema oscuro en el que Bruce Dickinson demuestra que su estado vocal a sus 57 años es envidiable. Quizás recuerde en ciertos momentos a The Reincarnation Of Benjamin Breeg. Una pequeña delicia.
  1. Empire of the Clouds (Bruce Dickinson, 18:01) Cuando se hizo público el listado y la duración de los temas incluídos la nueva entrega del grupo, ésta fue la primera que me llamó la atención. Aficionado al Prog como soy y habiendo visto la deriva hacia este género que han tenido en el nuevo siglo, todo apuntaba a que nos podíamos encontrar ante una suite progresiva a las que nos tienen acostumbrados Rush o Dream Theater. Y por ahí van los tiros. Lo primero que hay que hacer notar es que estamos ante dieciocho minutos de pieza majestuosa y épica que en ningún momento se hacen pesados. Desde el primer pasaje con toques de power ballad con Dickinson al piano, siguiendo con un interludio instrumental típicamente Maiden subiendo a una fase final en la que están algunos de los momentos más heavies del disco, suavizándose en su fase final con las mismas melodías que en su inicio. ¿Se atreverán a tocar en directo esta canción, sabiendo que la duración de sus shows está en torno a dos horas? ¿Una sola canción que abarque el 15% del espectáculo? Ojalá. Y espero que sea la canción con la que se despidan hasta la próxima.

¿Valoración final? He leído la opinión de varias personas que dicen que es posiblemente el mejor disco de la banda desde 1988. Quizás sea demasiado generoso, teniendo en cuenta que en el 2000 editaron el inmenso Brave New World, pero no dudaría en decir que es uno de los cinco mejores discos de los 35 años de carrera del grupo. Y que un grupo a los 35 años esté en un momento de gloria como éste es admirable y sorprendente a partes iguales. A los 35 años de carrera, Deep Purple estaba grabando Bananas, Black Sabbath se estaban reuniendo con un Ozzy Osbourne convertido en un chiste tras el reality show de su vida familiar, los Rolling Stones habían grabado dos años antes Bridges To Babylon y hacía unos veinte que habían dejado atrás su época dorada. Iron Maiden, en cambio, han lanzado un nuevo hito en su carrera y el que puede ser el disco de Metal del año, a la espera de escuchar los recientes lanzamientos de Nile y Ghost o el próximo de Baroness. 

¿Y durante cuánto tiempo seguiremos teniendo Maiden? Ni más ni menos, hasta que ellos quieran. Por lo pronto, el vocalista Bruce Dickinson ha dicho que no quiere que éste sea el último disco del grupo, así que como mínimo tenemos uno más por delante. Bienvenido será.