Es el Community Manager más famoso de España por tuitear desde la cuenta de la Policía como lo haría un adolescente con tres Pepsis de más. Ahora cambia las redes policiales por las de Iberdrola.

Carlos Fernández Guerra ha liderado el equipo de redes sociales de la Policía Nacional desde que existe tal equipo. Con un lenguaje impactante, propio del entorno 2.0 pero nada habitual en el cuerpo policial, ha conseguido que la Policía Nacional española sea el cuerpo de seguridad con más seguidores en Twitter (casi dos millones), por delante incluso del famoso FBI.

Esta semana abandona su puesto tras fichar por Iberdrola, dejando tras de sí seis años de tuits policiales que le han valido varios premios, conferencias por todo el mundo y hasta la publicación de un libro, pero también bastante polémica. Casi siempre que se habla de él o de las cuentas que ha gestionado se habla de éxito, pero ¿de verdad es un éxito que la policía tuitee como un adolescente? ¿Es legítimo que se dirija a la ciudadanía como un colega guay en las redes sociales y luego, fuera de ellas, la multe por no dirigirse a ellos con el suficiente respeto? ¿Dónde está el límite del amiguismo en un cuerpo de seguridad? Repasamos sus tuits para ilustrar el debate: 

Algunos son inofensivos, aunque el lenguaje y el tono son tan cuestionables que muchos ni los entendemos.  

 

 

 

Pero hay otro tipo de tuits que pueden llevar al lector joven a percibir ciertos delitos como algo guay. ¡Incluso han dado pistas de cómo cometerlos sin ser sancionado!

 

 

 

El equipo de Carlos siempre se ha escudado en que así consiguen que más gente siga sus indicaciones. Desde luego tienen una legión de admiradores pero esa no es una función policial. También es cierto que han compartido informaciones útiles, sobre todo relacionadas con seguridad tecnológica, que hace mucha falta, y aviso de fraudes:

 

 

 

Pero yo me pregunto si, a lo mejor, lo que se consigue con ese afán de ser el más popular de Twitter, es que quede difuso el concepto de autoridad policial, que los jóvenes perciban a la policía como colegas (con el consiguiente riesgo de que luego les multen por ello), que se desacrediten a sí mismos… En definitiva, si tener más seguidores, más FAVs o más retuits es un éxito independientemente de cómo se consigan, cómo afecten a la imagen del cuerpo o los efectos colaterales que pueda tener (remito al ejemplo de los porros en el avión: ¿no incentiva eso la comisión de delitos? ¿No es su función justo la contraria?)

Otra pregunta que queda en el aire es si su sucesor o sucesores sabrán (o querrán) mantener ese tono de amigo guay que ha caracterizado la etapa de Carlos a los mandos de las redes policiales. Por ahora parece que no y ya hay quien echa de menos a Carlos.