Común ha de ser el cambio, porque en un mundo global el Estado va más allá de nuestras fronteras y la nueva realidad exige la participación activa de los ciudadanos, que no se conforman con sólo votar cada cuatro años.

Por: Lorenzo Pascasio | Firmante del manifiesto Ahora en Común

Ahora no se puede prescindir de la velocidad de los cambios. No se deben poner frenos a los desarrollos de los pueblos. Es necesario cambiar enfoques, estructuras, asientos de otros siglos que no responden a las demandas del ciudadano: el titular de derechos y deberes que reivindica el principio de igualdad y la garantía en las condiciones sociales. Ahora es la hora de sumar, de restar pobreza, multiplicar transparencia, del justo reparto de las retribuciones, de la cultura, investigación e innovación.

En el corto verano de los adultos, este muy caluroso verano del “año del cambio”, las liturgias estivales a las que con gusto estamos acostumbrados se han visto inevitablemente alteradas. La voluntad de que las cosas cambien de verdad ha podido más que el calendario: ¿podría la fórmula utilizada en las elecciones municipales del pasado 25 de mayo, las “candidaturas ciudadanas”, cambiar el Gobierno de nuestro país y comenzar un nuevo tiempo en el que en las decisiones políticas importe la gente? Las bicicletas –a las que hoy también se suben las alcaldesas- han de escalar un puerto complicado. No hay siesta para el pelotón que quiere ser la tête de la course.

Común es el punto donde convergen las rectas de un haz o el límite de sucesiones convergentes: caminos diferentes, éticos, democráticos, culturales, vitales que confluyen en una nueva política que se rige por la distribución equilibrada de lo común, la cooperación, donde los ciudadanos son el centro de la gestión pública porque la Administración, bien articulada que garantiza de manera adecuada y sin opacidad los fondos que recibe, no pertenece obviamente a los gestores públicos y a sus camarillas sino a la sociedad civil. Común ha de ser el cambio, porque en un mundo global el Estado va más allá de nuestras fronteras y la nueva realidad exige la participación activa de los ciudadanos, que no se conforman con sólo votar cada cuatro años, que no están dispuestos a permitir un funcionamiento inapropiado de lo público y de lo privado.

De momento las bicicletas son para el verano, pero no pararemos aunque llegue el otoño y caiga el chaparrón. Los adolescentes comparten en las redes “la vida no consiste en esperar a que la tormenta pase, consiste en aprender a bailar bajo la lluvia”.