Todo viaje comienza con un medio de transporte, por lo menos hasta que se invente el teletransporte, cosa por la que llevo apostando largo tiempo; sin embargo, hay ocasiones en las que el medio de transporte, se convierte en el viaje en sí mismo, o en una parte fundamental de él, como en el caso de los cruceros y mis favoritos, los grandes viajes en tren. De esta categoría excluyo los cercanías, el AVE, el metro y sucedáneos. Me refiero a trenes gloriosos como el Orient-Express, el Transiberiano, el Transcantábrico y demás.

Personalmente, adoro los trenes, no al mismo nivel que el científico más famoso de nuestra época, Sheldon Cooper, quien sabe reconocer la máquina en la que viaja solo escuchando el sonido de su motor. Cuando me subo al tren no tengo ni idea del motor que lleva la locomotora… Ni siquiera sé si se sigue llamando locomotora, pero es una palabra tan bonita que no pienso dejar de utilizarla. No, a mí me gusta sentarme junto a la ventana, (cosa que jamás haría en un avión; si puedo elegir, claro) ver pasar el paisaje a toda velocidad, imaginar las vidas de las personas que viven en las casitas situadas cercanas a las vías, situadas en medio de la nada, puestas allí para que viajeros ociosos como yo tengamos algo con lo que entretenernos en nuestro trayecto. Da igual cuántos libros lleve con la finalidad de leer durante las horas que dure el viaje, siempre termino mirando por la ventana. Siempre.

Trenes turísticos hay en los cinco continentes, algunos nos suenan, de la mayor parte de ellos no tenemos noticia. Y aunque la tuviésemos, son tan exclusivos que necesitaríamos varios sueldos para poder pagar el coste del billete que nos permitirá subir a bordo al grito de “viajeros al tren”.

Según la Sociedad de Viajeros en Ferrocarril, el mejor tren es el Golden Eagle Trans-Siberian Express, que realiza, entre otros, el recorrido Moscú-Vladivostok en un viaje de dos semanas de duración. El tren cuenta con varias clases, a cual más prohibitiva y nos lleva a sitios como Ekaterinburgo (llamada así por Catalina I de Rusia), la que está considerada la capital de los Montes Urales y por las orillas del Lago Baikal, el mayor y más profundo lago de agua dulce del mundo que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996.

El viaje estrella del Danubio-Express es el Balkan Odyssey, un trayecto de 12 días con salida desde Budapest y última parada en Venecia, que recorre la zona de los Balcanes por el módico precio de 9.295 euros por persona en su clase más económica. Una ganga que no está al alcance de todos los mortales. El tren cuenta con paradas en Sofía, Belgrado o Ljubljana, solo por mencionar algunas de las más pronunciables.

En España también encontramos algunos de estos fastuosos trenes, uno de ellos es el Transcantábrico, que realiza dos posibles itinerarios, uno con salida en León y otro con salida en San Sebastián, ambos con última estación en Santiago de Compostela. El tren recorre todo el norte de España y lo hace proporcionando a sus pasajeros un entorno decimonónico, pero solo en apariencia, porque las comodidades que ofrece, sí son del siglo XXI. El viaje tiene una duración de entre 2 y 7 noches, dependiendo de la estación donde comencemos nuestro periplo, con precios desde 896 euros (dos noches). Si queremos la semana completa, el precio más económico es de 3.135 euros.

La otra joya de Renfe es el Al-Andalus, que también cuenta con diferentes itinerarios, sin embargo, el que le da nombre al tren nos llevaría por Andalucía durante 6 días.   Si viajamos en temporada baja, dos noches a bordo del Al-Andalus nos costarán 1.140 euros. Para 5 noches, el presupuesto se pone en 2.850 euros en temporada baja y 3.135 euros en temporada alta y en la clase más económica.

Recorrer África en tren debe ser una experiencia única y eso es, precisamente, lo que nos ofrece Rovos Rail. 15 días visitando algunos de los países más impresionantes del vecino continente, con salida desde Sudáfrica y pasando por Botswana, Zimbabwe y Zambia para terminar en Tanzania, eso sí, preparémonos para desembolsar 11. 850 dólares por persona, que es el precio más asequible de este recorrido. En momentos como este es cuando más lamento que no me toque un Euromillones de los buenos.

Ahora permítanme que vuelva a Europa para hablar de mi tren favorito. Un tren tan mítico y elegante que si no lo ha oído mencionar, es que no debe vivir en el planeta tierra. Icónico y glamuroso desde su nacimiento en 1883 y cuyas instalaciones han albergado a los más millonarios de entre los millonarios y a los más nobles de entre los nobles: el Orient-Express. Puedo aceptar que mi visión del mismo estaría algo sesgada por el gran éxito de Asesinato en el Orient-Express, tanto por la novela de la tramposa Agatha Christie, como por la película de 1974 que incluía un reparto repleto de grandes nombres de la historia del cine. Entiéndanme, era joven y muy impresionable cuando accedí a estas fuentes de cultura popular y claro, esas cosas marcan.

El Orient-Express tuvo su época dorada en los años 30 del siglo XX y a lo largo de su historia ha sufrido cambios en su itinerario, ha sido retirado de la circulación y ha vuelto a ser puesto en funcionamiento. Por otra parte, el mito de este tren no se debe solo a la ya mencionada novela de Agatha Christie, ya que ha aparecido también en aventuras de James Bond (Desde Rusia con Amor) o en la novela El Expreso de Oriente de Graham Greene; incluso ha habido una campaña llamada Horror en el Orient Express, para el juego de rol La Llamada de Cthulhu y ha tenido un cameo en la también mítica serie Doctor Who, en su episodio Mummy on the Orient Express. Por lo visto, no soy la única que se ha dejado impresionar por el icónico tren, ya que evoca misterio y aventura a numerosos autores.

En la actualidad, el tren es operado por la empresa turística Belmond y recibe el nombre de Venice-Simplon Orient-Express, realizando itinerarios de entre uno y 6 días. Su trayecto más emblemático es París-Estambul (recordemos que el itinerario original era este mismo) y podemos empezar a pensar en realizarlo si contamos con un mínimo de 7.700 euros por persona. Eso sí, si nos decidimos, posiblemente sea uno de los viajes más lujosos e inolvidables que podríamos hacer. Lo único que podría mejorarlo, tal y como está planteado en la actualidad, es que a la hora de subir a bordo tuviésemos que ir vestidos a la moda de los años 30 y que la compañía propusiese un crimen para ser resuelto durante los días de duración del viaje. Eso sería glorioso.

Viajar a bordo de cualquiera de estos trenes está solo al alcance de unos pocos afortunados. La gran mayoría de los mortales, solo podemos subirnos al cercanías de turno e imaginarnos cómo sería. Pero no desesperemos, puede tocarnos una lotería que nos permita cumplir nuestro sueño de ser pasajeros del Transiberiano, del Orient-Express, del Expreso de Hogwarts o del Rovos Rail. Mientras tanto, siempre nos quedará el Tren de la Fresa.