Afronto el primer capítulo de Fear The Walking Dead como un fan irredento tanto de los cómics originales, como de la obra en general de Robert Kirkman ( Invincible es uno de los mejores cómics de superhéroes que se han escrito), como de la serie de TV creada por Frank Darabont y desarrollada después por Glen Mazzara.

Esto me había hecho prever un cierto grado de frustración a la hora de afrontar el piloto de este spin-off. Teniendo en cuenta los trailers que habíamos visto, era razonable que el piloto de la serie fuese a resultar relativamente frustrante. ¿Por qué? Porque pese a tener una pequeña escenita de muertos vivientes nada más comenzar la cosa, FTWD está diseñada para otra cosa. Son los preliminares.

Si en el comic de The Walking Dead Robert Kirkman calcaba el comienzo de 28 días después, que se había estrenado el año anterior, en 2002, con un Rick Grimes recién salido del hospital y enfrentado desde el comienzo a un nuevo mundo con reglas zombificadas, en Fear The Walking Dead la gracia está en lo contrario, en introducir el fenómeno zombie de manera mucho más gradual.

Eso implica que, lamentablemente, el primer zombie después de la primera escena no aparece hasta el minuto 47 ¡Y por televisión! El siguiente hará su entrada justo antes del final. De esta forma, todo el episodio se dedica a construir con relativa habilidad momentos de tensión pre-zombie que, lamentablemente, nunca llegan a ningún sitio. Es un zombis-interruptus constante.

¿Será el primer zombie el tipo que evalúa a los profesores y se queja de la epidemia de gripe? ¿Veremos un brote como el de Guerra Mundial Z cuando se van a meter por la salida equivocada? ¿Se lanzará sobre el incauto drogadicto el enfermo de la cama de al lado? ¿Se acordará alguien de que este chaval, que tanto me recuerda al Nathan de Misfits, fue Voldemort de chaval en una de las pelis de Harry Potter? ¿Será Maestro Harrell, el Malik de Suburgatory, el primero en intentar comerse a la hija de los protagonistas bajo las gradas de forma más literal de que costumbre? ¡Coñe, Rubén Blades! ¿Saldrá algún zombie de debajo de las sábanas de los drogadictos en la Iglesia abandonada?

Pues no. Todo el piloto tiene un zombie al principio y otro al final. Eso es todo.

La verdad es que tampoco es muy grave. Kim Dickens, a la que descubrí como la agente Boney en Gone Girl, es una actriz de lo más competente. El actor que juega a ser su hijo, el ya mencionado Frank Dillane, juega demasiado con el concepto de “¿para qué necesitamos zombies si ya los tenemos en la vida real y se llaman heroinómanos?”, pero terminas preocupándote por él. La escena del gordo de los granos es realmente interesante, espero que sobreviva algunos capítulos, y el giro argumental respecto a cómo ha terminado el drogata tirado en una iglesia con una especie de camisa salida de un vídeo de Tino Casals tiene su gracia. Ten amigos para esto.

Incluso está bien la forma que han encontrado los guionistas de resolver el misterio de cómo pueden medrar unos zombis tan lentos y con un periodo de infección tan prolongado. ¡Recordemos que son antibalas! Y la gente con pistola tarda un tiempo en darse cuenta de la parte de “apuntar a la cabeza”.

También es curioso el uso de las redes sociales. El cómic se publicó por primera vez en 2003, cuando los teléfonos eran, básicamente, teléfonos. La serie se estrenó por primera vez en 2010, cuando los vídeos virales simplemente no existían porque no había redes que las soportasen. En cambio, para FTWD no han tenido ningún problema en meter iphones de nueva generación a cascoporro. Total, para lo que les va a durar la cobertura…

Ahora la pregunta es qué va a pasar a continuación. La idea de un buen apocalipsis de masas tipo Dawn of the Dead es atractiva, pero con el tiempo no dejará de ser un The Walking Dead en la zona de Los Ángeles. Lo que no está del todo mal, ya que la serie ambientada en Atlanta cada vez está más lejos de la vida que conocemos y más cerca de los caballos y los carromatos. Tener un sitio en el que jugar con personajes con la tragedia más fresca es útil, y el intentar conservar una familia desestructurada más o menos en pie es fútil pero bonito.

Lo mejor de la cosa es que, a estas alturas, no tenemos ni la menor idea de quién es el protagonista, asumiendo que más de la mitad de los personajes que tenemos en pantalla va a morir. Podría ser el yonqui, para redondear la paradoja fundacional de TWD sobre cómo el apocalípsis nos vuelve a enseñar a vivir, pero no está tan claro como lo estuvo desde el principio con Rick.  

La televisión moderna nos ha enseñado a no encariñarnos con nuestros protagonistas. Los zombies no están aquí para enseñarnos lecciones, están aquí para matar a gente que nos cae bien y actuar como catalizador darwiniano. Así que ya lo sabéis, personajes: en el piloto se os ha permitido pase de pernocta y podéis haberos metido en trampas mortales sin un rasguño. No tendréis una segunda oportunidad. Ninguna.

P.S. ¿Nadie piensa en cómo sobrevivirán al Apocalipsis los protagonistas del culebrón The Californians?

“I have to go pick up my stepdaughter to avoid the zombie apocalypse. She is on 5th Street in Santa Monica. I’m gonna take Barrington down to the 10, exit on 4th, and then I’m gonna look for street parking around Colorado”.