Decía San Agustín que “ una vez al año es lícito hacer locuras” . Pero cuando la locura se convierte en vicio, corremos el riesgo de que roce el delito , por no hablar de la tontuna.

Como en todos los aspectos de la vida, si la locura cae en manos de un genio como Dalí o como Pirandello, el resultado es puro arte, una delicia para los sentidos. Pero si cae en otras manos y se cocina en otras cabezas, sale la política, el arte de lo imposible, el arte de la mentira, o como diría alguien bastante más serio y sensato , Groucho Marx, “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Desde que la que fuera ministra de Cultura, Carmen Calvo, dijo en mayo de 2004 aquello de que el dinero público no era de nadie (“Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie”, Carmen Calvo dixit, o como ella misma respondió algo agraviada en el Senado, “ni dixie ni pixie”, al creer que un senador la estaba ofendiendo al confundir la expresión dixit con la pareja de dibujos animados Dixie y Pixie, unos espabilados ratones que siempre escapaban del gato Jinks), esto ha sido un no parar, un bacanal de desfachatez y descaro que nos tiene la realidad llena de operaciones Púnicas, Gurtels, Eres, flicks y flocks y de otras variantes igual de preocupantes. Hay para todos y en su orden.

Estos días hemos visto que la saga continúa. La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, está buscando edificios y espacios públicos para ceder a los okupas y a otros colectivos para que puedan seguir con sus actividades. Sí, ha dicho actividades. Y como la idea viene de alguien que dirige un equipo en el que destacan representantes del movimiento okupa, manifestantes profesionales, reventadores de actos y varios miembros que han decidido colocar a sus sobrinas, novios, novias, maridos y demás familiares en puestos oficiales y de confianza, hay algunos malintencionados, seguramente burdos tergiversadores de la verdad, a los que les ha dado por pensar mal. Y gracias a que está la web de versión original de la propia alcaldesa para aclararlo todo, que de lo contario estaríamos cayendo en la tentación de hacer bueno el pensamiento del escritor suizo Louis Dumur, “la política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos”.

Está muy bien ser generoso, sobre todo cuando la generosidad empieza por uno mismo y no por el bolsillo de los demás, especialmente cuando los demás es el grueso de la ciudadanía. Esos espacios los hemos pagado y seguimos pagándolos todos, aunque me arriesgaría a decir que todos menos los que se disponen a ocuparlos y de manera totalmente gratuita. Tiene delito que hoy en día algunos políticos sigan confundiendo público con gratuito. El concepto de gratis total es mentira, no existe, porque siempre hay alguien que paga y solemos ser el resto. Y no lo cedemos a los necesitados, desahuciados de sus casas o de sus trabajos o a inmigrantes que cruzan medio mundo para llegar al otro medio, sino a un grupo de okupas que por no interesarse no se interesan ni por ser consecuentes con su forma de ser y de pensar.

Si son antisistemas cuesta entender por qué el sistema tiene que mantenerles, no ayudarles ni ofrecerle prestaciones, sino directamente mantenerles

Si son antisistemas cuesta entender por qué el sistema tiene que mantenerles, no ayudarles ni ofrecerle prestaciones, sino directamente mantenerles. Y cuesta entender aún más que ellos, en un alarde de dignidad, acepten ser mantenidos. Aunque quizá tengan razón y lo mejor es ocupar viviendas ajenas, no pagar hipotecas, ni impuestos, ni Ibis ni luz ni nada…, que lo pague Rita, no la Cantaora, sino la portavoz del Ayuntamiento de Madrid que como tiene querencia por estos colectivos y muchos otros similares, no creo que ponga muchas trabas. Sigamos el consejo de Mark Twain: Vamos a plantearnos que estamos todos locos y eso resolverá muchos problemas”.

Lo curioso, y la curiosidad muda rápidamente en vergüenza e indignación, es que una mujer de leyes reconvertida en alcaldesa por un más que comprensible rebote hormonal del electorado, sea partidaria de incumplir las leyes, esquivarlas u obviarlas . Antes de seguir haciéndolo convendría que recordara la advertencia de Abraham Lincoln, ”Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo” . Que no es por dar ideas pero , como lema, quedaría mucho mejor en las paredes de los edificios que ocupan que sus consignas tradicionales: “Si vivir es un lujo, okupar es un derecho” , “Un desalojo, otra okupación” o “Un desalojo, un madero cojo”.

Ahora entiendo por qué cuando unos okupas entran en una casa aprovechando que el propietario no está, cuando éste vuelve la policía le aconseja que no intente echarles, ante la posibilidad de ser él a quien el juez le impute un delito. Vamos, ajo y agua, o el más cervantino, paciencia y barajar. Y también se entiende por qué pueden pasar dos y tres años hasta que el pobre ocupado pueda recuperar su casa: porque es un juez quien debe dar la orden de desalojar a los okupas de la propiedad ajena allanada. A no ser que la casa ocupada sea la de un juez. Entonces la rapidez aparece por ciencia infusa, y los okupas pasan a ser chusma. Manuela Carmena fue jueza, y no seremos tan malvados como aquel crítico teatral que ante el estreno de una actriz escribió: “Fulanita (obvio el nombre por compasión) ha estrenado una obra. La pregunta es ¿por qué?” .

Más nos valdría a todos que el interés de los políticos se centrara en otra ocupación mucho más apremiante en la que medio mundo está ocupando el otro medio

Woody Allen tenía razón, “la vocación de un político es hacer de cada solución un problema”. Más nos valdría a todos que el interés de los políticos se centrara en otra ocupación mucho más apremiante en la que medio mundo está ocupando el otro medio, y no para fines sociales que nadie acierta a definir, ni para montar bares ilegales, ni para pintar paredes con lemas antisistema, ni destrozar inmuebles, ni pegar con silicona tazas de wáter en el pasillo del inmueble ocupado… Su fin es el de sobrevivir , conseguir una vida mejor o huir de una muerte segura en su país , aunque en esa evasión se den de bruces con la muerte. Según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados en lo que va de año 2015, 225.000 inmigrantes han llegado a Europa, y de ellos más de la mitad a Grecia, que ya es ironía. Dar solución a esta crisis si es urgente. Eso sí es un fin social, eso sí es una falta de infraestructuras, eso sí que es un drama social y humano.

Ya que está tan de moda el movimiento okupa, aunque lleve más de 30 años asentado, a ver si la política también empiezan a ocuparla personas con un poco de nivel, porque hay que ver como tenemos el mundo. Putin destrozando toneladas de comida porque proceden de países que sancionaron a Rusia, ante la indignación de los rusos que pasan dificultades para acceder a la comida; el presidente de Corea atrasando los relojes 30 minutos para, según él, recuperar el horario anterior a la invasión de “malvados imperialistas japoneses” . Es como cuando Fidel Castro le decía al hombre del tiempo que explicaba con sus isobaras cómo un nuevo huracán iba a asolar la isla, “si no podríamos poner la isobara un poco más al norte para que el huracán no toque la casa de la señora Angustias”. Y cualquiera le decía que no. Y viendo el espectáculo circense de Donald Trump, pidiendo paso para ocupar el sillón republicano en los Estados Unidos, el casting de políticos no promete mejorar en los próximos meses. Es un fenómenos viral. Alguien podría pensar , en pleno sofocón, que lo que ha venido ha hecho bueno a Berlusconi… Normalicemos el asunto, o mejor, profesionalicemos el asunto público, que ni es público ni gratuito, y de hecho podría salirnos caro. Recuperemos la cordura.

Decía Friedrich Nietzsche que “la locura en el individuo es algo raro; en los grupos, en los partidos, en las épocas, es la regla”. Y aquí estamos, esperando la excepción.

Imagen | Flickr – Nicolas Vigier