Recuerdo con cariño y fascinación las tardes de verano de mi niñez viendo la maravillosa y ochentera serie Vacaciones en el Mar . A mis tiernos 7 años la vida a bordo del Princesa del Caribe me parecía de lo más sofisticado y glamuroso, razón por la cual realizar un crucero se convirtió en una de mis aspiraciones vitales.

No podía morir sin subirme a una de esas moles flotantes llenas de vanguardistas comodidades y lujosos restaurantes, bares, casinos, tiendas y karaokes; sin que un sonriente camarero me llamase por mi nombre y me sirviese un refrescante cóctel color rosa y sin que la homóloga de Julie, me propusiese un sinfín de emocionantes y divertidas actividades que me conducirían a conocer al chulazo de mi vida. Y por lo visto no era la única que soñaba con navegar por los siete mares, cual pirata beodo, a bordo de un impresionante bajel, ya que casi 500.000 españoles se embarcarán durante este año 2015 en un macronavío para convertir sus vacaciones en una aventura marítima llena de risas e ilusión.

Las cifras de la industria crucerista son realmente impresionantes; según la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros (CLIA en sus siglas en inglés), en 2014 y a nivel global, más de 22 millones de personas disfrutaron de un crucero generando unos ingresos de más de 40.000 millones de dólares. Solo en nuestro país, este sector produjo 1.208 millones de Euros en ingresos directos y un total de 25.483 empleos. De estos 1.208 millones de euros, 523 millones (43%) correspondieron al gasto desembolsado por pasajeros y tripulación. En concreto, 239 millones fueron destinados al pago de tasas aéreas y portuarias, alojamiento, comida y bebida, excursiones y pago de otros servicios en los puertos de embarque. Un total de 259 millones correspondieron a gastos en excursiones, comida y bebidas y otros productos en los puertos de escala. Por otra parte, las tripulaciones se dejaron en los puertos españoles unos 28 millones de euros. El resto hasta completar los 1.208 millones de euros, corresponden al gasto en provisiones y suministros a las navieras, con  466 millones (39%); reparación y construcción de barcos con 184 millones, (un 15% del total de la contribución económica de la industria en España, con un incremento en 2014 del 25% con respecto a 2013.);  

España se posiciona como segundo mercado europeo receptor de cruceristas con 4,89 millones de pasajeros en 2014 y es el segundo puerto de embarque más importante con 1,26 millones de pasajeros abordando sus naves en alguno de los puertos españoles. Y yo me pregunto… ¿Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva especie de viajero?

Ante la evolución de los datos que ofrece esta industria con un crecimiento sostenido y continuado durante los últimos 6 años, yo diría que sí, que existe una nueva especie viajera: el crucerista; esta nueva especie gusta de conocer el mundo a través de cortas escalas de aproximadamente 6 horas en las que, sin pausa y equipados con los pertrechos de todo buen viajero (esto es calzado cómodo, dispositivos móviles variados que permitan inmortalizar el momento y una cartera bien provista de moneda local) se proponen desvelar las maravillas del destino turístico en cuestión.

De hecho he de confesar que en mis albores como viajera, piqué y me subí a uno de estos maravillosos cruceros donde pude comprobar que había multitud de personas mayores, numerosas parejas disfrutando de su luna de miel

Comprendo la comodidad que supone visitar varias ciudades sin necesidad de hacer y deshacer la maleta, sin cambiar de habitación, sin conducir o soportar interminables horas en una escala en un aeropuerto de ciudad pequeña. En serio, lo entiendo. De hecho he de confesar que en mis albores como viajera, piqué y me subí a uno de estos maravillosos cruceros donde pude comprobar que había multitud de personas mayores, numerosas parejas disfrutando de su luna de miel… Y luego yo. Mi sueño de la infancia hecho trizas porque el camarero no se aprendió mi nombre (y eso que visité el bar en repetidas ocasiones), a la homóloga de Julie ni la vi, las divertidas y variadas actividades como el bingo no son lo mío y por último, pero no por ello menos importante, no conocí al chulazo de mi vida. Lo único similar a mi sueño de Vacaciones en el Mar fue que me invitaron a cenar en la mesa del Capitán, pero creo que fue por pena.

Sin embargo y dejando a un lado mi nefasta experiencia como crucerista, este estilo de viaje ofrece oportunidades muy positivas para todo tipo de viajeros, además de las mencionadas más arriba, pues permiten conocer ciudades que tal vez no nos plantearíamos visitar y que descubrimos gracias a la rápida escala del barco. Este primer vistazo puede hacer que planeemos una posterior visita más en profundidad. Una visita en la que descubrir lo que hace que un viaje, sea un viaje: las gentes, la gastronomía, los rincones más desconocidos y el estilo de vida de un lugar, y no solo sus monumentos más importantes.

Los cruceros también son una buena opción para personas con movilidad reducida, sean mayores o jóvenes, quienes seguramente podrán disfrutar de las diferentes excursiones que se ofrecen en cada destino, además de las actividades a bordo del navío. Un crucero no es tan agotador como un circuito y el viajero podrá participar en alguna de las diferentes visitas que se ofrecen en cada escala sabiendo que al final del día, no tiene más que subir a su barco para continuar el viaje. Nada de agotadores autocares o aviones. Y el mismo argumento sirve en el caso de familias que viajen con niños pequeños, podrán disfrutar de las visitas de una manera mucho más relajada y satisfactoria para los diferentes miembros de la familia.

Por otra parte, todo el que se ha embarcado en un crucero sabe que es una experiencia única y lujosa que suele dejarnos con ganas de más. El servicio a bordo es, habitualmente, excepcional, y lo mismo puede decirse de la gastronomía y el entretenimiento que ofrecen las diferentes navieras. Reconozco que si lo que busca el viajero es vivir unas vacaciones especiales, una de las mejores opciones será un crucero. Sin embargo, a la hora de reservar necesitaremos tener en cuenta que la globalización también ha llegado a este sector, por lo que no todas las navieras ofrecen el mismo nivel de servicios y calidad; mi recomendación es que no está de más recurrir a los servicios de un agente de viajes profesional, quien podrá recomendarnos las mejores opciones dependiendo de nuestro presupuesto.

Hay que avisar que si lo que te gusta es conocer un destino, mezclarte con sus habitantes, descubrir el rincón que nadie más conoce e ira tu aire, un crucero no es para ti. Sin embargo, el sector de los cruceros crece año tras año generando numerosos beneficios tanto a puertos de salida como a puertos de escala; por otra parte, los viajeros suelen ser clientes satisfechos y en muchos casos repetidores… Tal vez ha llegado el momento de replantearme mi posicionamiento en contra de los cruceros y darles una nueva oportunidad.

Imagen | Flickr – El coleccionista