A menudo, el riesgo en las películas de Pixar se revela de forma inadvertida. Es cuando el espectador se da cuenta a mitad de Wall-E que nadie ha dicho ni media palabra o cuando, tragando saliva, varias horas después de ver Toy Story 3 se percata de las terribles implicaciones de su climático tour de force narrativo.

A mí me pasó en Del revés con un par de instantes que posiblemente no hayan calado en todos los espectadores con la misma intensidad, e incluso en muchos casos habrán pasado inadvertidos. Por ejemplo, un curioso plano en el que Alegría, una de las cinco emociones que rigen el comportamiento de la adolescente protagonista de la película se planta ante la pantalla en la que se proyectan los recuerdos o se muestra lo que ve su protegida. Es un recurso que aparece al arrancar la película, cuando Alegría es la única emoción posible para un bebé recién nacido y que se repite en varias ocasiones, en las que esa especie de despacho donde se gestionan las emociones se oscurece y solo queda Alegría contemplando un recuerdo feliz. No pude menos que admirar el valor de Pixar, plenamente conscientes de su capacidad para narrar con imágenes abstractas, los mismos que se lanzaron al vacío con aquel resumen de toda una vida en un puñado de instantáneas en Up!, y que aquí abren una película y usan como recurso continuado un mero personaje ante una pantalla gigante, con el resto del escenario en negro.

Hay otro momento muy revelador del extraordinario tacto para la narración que Pixar pone sobre la mesa con aparente sencillez: Alegría agarra un recuerdo, una especie de esfera de cristal, y lo contempla en su totalidad desde el principio al final, atrás y adelante, dando con una de las claves conceptuales de la película. Lo contempla como cualquier persona observaría un youtube en un móvil, palpándolo para rebobinar, adelantar y pausar, pero el momento en el que sucede, absolutamente climático, hace pensar en una de esas revelaciones visuales que asaltaban a los héroes de Brian De Palma en los ochenta, especialmente al John Travolta de Impacto. Pixar acude aquí a un referente inaudito, quizás casual, pero que me hizo pensar en la sorprendente complejidad que esconde una secuencia aparentemente simple.

Es una complejidad que me escuece aún más cuando, contemplada en su totalidad, Del revés no me parece una película igual de sutil en todos sus aspectos. Por supuesto que Del revés es una delicia si la comparamos con producciones agradables pero menores como Los Minions -incapaz de no caer en la tentación de introducir una voz en off para explicar al espectador lo mismo que está viendo-. Y por supuesto que la valentía de crear una película dando cuerpo a conceptos inasibles es un riesgo que solo asumen, hoy día, los auténticos creadores.

Hay algo de trazo grueso en el concepto sobre el que se sustenta la película que está lejos de los matices grisáceos de obras maestras como ‘Toy Story 3’ o ‘Up!’

Pero hay algo de trazo grueso en el concepto sobre el que se sustenta la película que está lejos de los matices grisáceos de obras maestras como Toy Story 3 o Up!: en sus peores momentos parece propaganda de las grimosas teorías de la inteligencia emocional, y en cualquier caso, la película no se atreve a poner sobre la mesa un tema que habría dado para una película orientada en una dirección muy distinta, el choque entre razón (completamente ausente de la película) y emociones. Para Del revés la emoción es todo, y no me parece mal como tesis (es decir, sí me parece mal, pero ya nos entendemos), pero parece que se ha llegado a esa teoría por pereza a la hora de ordenar los conceptos, no por militancia real con la idea. Y es una pena, porque la película es increíblemente aguda al reflejar los procesos fisiológicos de la mente, del olvido de recuerdos que no necesitamos, a la compleja llegada de la pubertad y su cambio en el sistema de valores.

Incluso visual y técnicamente la película no parece brillar tan alto como otras producciones de Pixar, incluso algunas que ya se tienen consensuadas como “menores”, como Brave. Los diseños de la protagonista Alegría y los personajes humanos son los más anodinos que han salido de la factoría Pixar, y solo en las emociones secundarias y personajes como el Amigo Imaginario o los funcionarios de la mente parece detectarse un esfuerzo a la altura de las circunstancias. Secuencias de originalidad visual absolutamente desbordantes -no me olvido y lo reconozco: inauditas en el cine comercial actual- como el paseo por el Pensamiento Abstracto, las percibí como como extravagancias puntuales, y no como un abrazo abierto al riesgo.

Con todo, me gustaría volver al principio de esta crítica: le puedo poner muchos peros a Del revés (sobre todo porque estoy leyendo mucho elogio entregado y justo, sí, pero también mucha alabanza mecánica), pero no deja de ser una película sensacional, una que abofetea al espectador con excelencia técnica y de ideas. Con imágenes tan abstractas y complicadas de plantear en términos inteligibles como el de un sentimiento contemplando un retazo de memoria. Desde ese punto de vista, Del revés es un auténtico hito. Es solo que hay veces en las que no todo son sentimientos.

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Del revés / Inside Out

Pete Docter

2015