Dos de cada tres euros controlados por el sector financiero lo están en manos de las más grandes entidades. Son datos del Banco de España, que constatan que la concentración del negocio bancario cada vez es mayor. No todos los expertos coinciden en que habrá menos competencia, pero medidas como el cobro en cajeros son señales de un mercado más oligopolizado.

El sector financiero español cuenta hoy en día con menos entidades de crédito que nunca. Antes del inicio de la crisis económica y el proceso de reestructuración del crédito en España, hace menos de una década, solo en el sector de las cajas se contaba con más de 45 entidades. Pero los masivos procesos de fusiones alentados por el Banco de España y los dos últimos gobiernos han dado un vuelco al sector.

Actualmente, y sin contar las cooperativas de crédito, hay 18 entidades bancarias de cierto peso en el sistema financiero español. Es el resultado de un proceso promovido por las autoridades desde el inicio de la crisis económica internacional, cuando se entendió que la excesiva fragmentación de las entidades (y por lo tanto su menor tamaño) era un impedimento para que éstas accedieran a los mercados interbancarios mayoristas. Detrás de este proceso también subyacía la forma de abordar un exceso de capacidad instalada (muchas más oficinas de las rentables), un problema que abrió una guerra callada pero real entre cajas y bancos.

Y es que la banca, por medio de su patronal y sus canales de influencia, presionaron todo lo posible para que este ajuste de capacidad recayera sobre todo entre las cajas de ahorros. Razones no faltaban, ya que eran comparativamente menos eficientes y habían sido éstas las que más habían crecido en la fase expansiva anterior. Además, eran las que tenían más problemas para acceder a financiación y capital exterior debido a su peculiar estructura corporativa (aquello de no ser de nadie) y a que no contaban con el control del mercado que sí tenían los bancos privados. Dicho y hecho, el proceso de reestructuración del sector financiero tuvo en las cajas su epicentro, y en la banca sus directos beneficiarios.

Desde el año 2007, tal y como muestra Michela Romani en un reciente artículo publicado en Expansión, mientras el número de bancos apenas ha variado (tan solo se han integrado en otros Barclays, Banco de Valencia, Banco Gallego, Banco Etcheverría, Pastor, Guipuzcoano y Citibank), en el caso de las cajas de ahorros el número se desplomado a menos de una cuarta parte, y de los que la mayoría además se han convertido en bancos de cajas. Las entidades cajistas es sobre las que más ha pesado el ajuste de capacidad, tras cerrar cerca de 9.000 oficinas según datos de la CECA. Este proceso de reducción del mercado parece haber tenido sus efectos en la distribución del mismo.

Más poder en menos manos

El proceso de reestructuración y concentración bancario ha supuesto que un porcentaje mayor de los activos y el volumen de negocio financiero esté repartido entre menos entidades. Así, a finales de 2014 (últimos datos disponibles) los grandes bancos y cajas (Santander, BBVA, Caixabank y Bankia) aglutinaban el 66,2% del total de activos. Es un porcentaje de negocio mayor incluso del que tenían todos los bancos (extranjeros y nacionales) en diciembre de 2008, cuando agrupaban el 54,7% de los activos, tal como muestran las distintas Memorias de Supervisión publicadas por el Banco de España.

El poder y volumen de negocio controlado por los grandes bancos y cajas no ha parado de crecer durante esta crisis merced a operaciones de absorción y fusión como la adquisición de Catalunya Banc y Unnim por parte de BBVA, la adquisición de Banca Cívica y Banco de Valencia por parte de Caixabank o incluso la integración de Bancaja y otras cinco cajas junto con la de Madrid para formar BFA-Bankia. Los mayores bancos y cajas no solo controlan más activos, sino que son hegemónicos en el mercado de los derivados financieros (95%), en el crédito a las administraciones públicas (74%) y en contratos de seguros de pensiones (89%).

“Cabe preguntarse en qué situación queda el sector bancario después de esta transformación y cómo puede afrontar el nuevo entorno del negocio. La respuesta es que desde cualquier punto de vista su situación parece más sólida que antes de la crisis”, señala Jaime Zurita, investigador de BBVA Research, en un informe del pasado año sobre el proceso de reforma del sector bancario. En su opinión los próximos años estarán marcados por una vuelta a la banca minorista, “con productos sencillos, básicos, centrados en el servicio al cliente”. El problema es que este negocio de banca es sensiblemente menos rentable que el más agresivo.

Menos competencia, más comisiones

Varios de los académicos y analistas consultados por SABEMOS sostienen que el hecho de que se haya reducido tanto el número de entidades financieras no va a suponer un problema para la competencia del mercado, ya que salvo en casos muy puntuales el sector es ahora más competitivo de cara al exterior, lo que reducirá sus costes y por lo tanto su capacidad de alcanzar precios razonables. El propio Zurita, en un artículo posterior publicado en El País, asegura que a pesar de todo el nivel de concentración del sector bancario en España es “muy bajo”, y que lo que en todo caso es un hecho diferencial es la velocidad a la que se ha producido la concentración; eso sí, partiendo de un punto “especialmente bajo”.

Lo cierto es que el Gobierno y el Banco de España están relativamente satisfechos de que la competencia en el sector financiero pudiera estar limitada. “De forma explícita o implícita las autoridades españolas han intentado frenar la llamada guerra del pasivo, que se había traducido en progresivos aumentos en la remuneración de los depósitos de clientes”, explica Joaquín Maudos, catedrático de Economía en la Universidad de Valencia. Tal como advierte en un documento publicado por la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas), “esta medida, contraria en principio a las normas de competencia, se enmarcaría dentro de las medidas prudenciales en un sector necesitado de generar márgenes”. Es decir, que si hay un poco menos de competencia para que los bancos en mejor situación puedan ganar un poco más, mejor que mejor.

Desde la Asociación de Usuarios de Banca (Adicae), sin embargo, creen que el nuevo mapa bancario español se encamina a un sistema oligopolístico que provocará graves costes a los ciudadanos. “La concentración bancaria aumentará el poder del oligopolio bancario y la falta de competencia”, anticipan, al tiempo que prevén precios más altos, más y mayores comisiones por servicio y diferenciales por las hipotecas más grandes.

Parte del escenario oligopolístico al que se encaminaría el sector financiero se ejemplifica con la ofensiva de la banca contra ING, una entidad contra la que ya intrigaban desde 2006 (según muestran los correos de Blesa) debido a su agresiva política de cero comisiones. Tras años en los que nadie se había atrevido, a inicios de este año Caixabank dio el paso de empezar a cobrar a los clientes de otras entidades una comisión por retirar de su red de cajeros. Tal como ya contó SABEMOS, se trataba del primer paso de una estrategia más a largo plazo de subida de comisiones, a la que posteriormente se han unido BBVA y Sabadell, entre otros. Pero estas decisiones en contra de los consumidores sólo se pueden hacer si hay pocos competidores, ya que de otra forma sería difícil que no hubiera entidades dispuestas a sacar ventaja de esa ineficiencia, tal y como ocurría hasta ahora.

El proceso de concentración, por si fuera poco, no ha tocado techo. Tanto es así que tanto el Banco de España, como el Banco Central Europeo y las autoridades españolas han alentado a las grandes entidades bancarias privadas a tomar la iniciativa y proseguir con las fusiones y adquisiciones de bancos y cajas medianas. Los analistas consultados anticipan que los próximos meses registrarán numerosos movimientos en este sentido.

FOTO: ÁLVARO IBÁÑEZ en FLICKR