Calma tensa la que se respira en el PP a la espera de la celebración de unos comicios generales que se prevén inciertos. Las cartas están echadas y ya no habrá más renovación interna. Los populares se la jugarán con lo que tienen. De momento, las diversas familias del partido han pactado una tregua hasta final de año con el objetivo -único e ineludible- de que Mariano Rajoy repita como principal inquilino del palacio de la Moncloa. Si esto no ocurre, los más veteranos en el partido vaticinan que estallará la guerra cainita entre los dos principales bandos. Rajoy y Aznar, frente a frente como en los últimos años.

Desde 2003, las principales batallas políticas e ideológicas en el PP –ésas que de verdad han hecho temblar los cimientos de la calle Génova- las han protagonizado sus dos únicos líderes en los últimos 26 años. Y, previsiblemente, ocurrirá lo mismo a finales de 2015 en el caso –probable, según reflejan las encuestas que se están publicando estas semanas- de que el partido de la gaviota no logre revalidar una mayoría estable para formar gobierno.

Barones y veteranos, bien conocedores todos de lo que se cuece en la sede popular, explican a SABEMOS la toma de posiciones que se registran desde hace meses. Pasados los comicios municipales y autonómicos –con importantes bajas en la refriega, como la de Esperanza Aguirre-, las facciones en disputa ya cuentan, según dicen las fuentes consultadas, con un esbozo de estrategia y con su cuadro de mando.

Los barones y veteranos del partido interpelados por este periódico digital dan por hecho que entre el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, y el nuevo vicesecretario de comunicación del PP, Pablo Casado, se jugará la sucesión. Al primero lo apoya el llamado clan gallego, en cuyas filas milita y manda Mariano Rajoy. Al segundo lo respalda el aznarismo, con el ex presidente del Gobierno a la cabeza.

“La clave de esa batalla, la que puede inclinar el fiel de la balanza hacia un lado u otro, es doble: por un lado, conocer por qué motivo queda Rajoy desbancado del Gobierno, ya que no es lo mismo perder las elecciones que ganarlas y que sea un pacto de la izquierda el que le arrebate el poder; y, por otro, saber cuál es el poder real con el que todavía cuenta Aznar en el partido, tras doce años de régimen marianista. En esas dos cuestiones se verá el poder de cada bando”, sostiene uno de los barones consultados.

El plan de Rajoy para pilotar su sucesión

El actual presidente de la Xunta es el delfín de Rajoy desde que en el año 2009 se impuso con claridad en las elecciones al Parlamento de Galicia. Aquellos comicios –ganados por mayoría absoluta en unas circunstancias muy difíciles para Rajoy, con medio partido cuestionando su liderazgo tras la derrota en las generales del año precedente- sirvieron para demostrar al presidente del PP que Feijóo sería un buen relevo al frente de los populares. Una impresión que ratificó cuando el barón gallego revalidó en 2012 su mayoría absoluta.

Durante estos años, Feijóo se mantiene como valor en alza en el PP y una apuesta segura para un puesto de la máxima responsabilidad, pues se ha quedado como el único presidente autonómico dentro el partido que gobierna con mayoría absoluta.

Además, hay que decir que Feijóo cuida con esmero su etiqueta de delfín, dejándose querer por la prensa de Madrid, que no ha parado de introducir su nombre en todas las quinielas de renovación tanto en el partido como en el Gobierno. Hace pocas semanas, incluso, algunos medios vincularon el hecho de que Rajoy no le incluyese en los cambios de Gabinete con la idea de que, con ello, quedaba clara la sucesión.

Lo cierto, según cuentan las fuentes consultadas por SABEMOS, es que existe una hoja de ruta para el desembarco del delfín en Madrid, pactada por Rajoy y Feijóo. “El problema –explican- es el calendario”. Su aterrizaje en la capital podrá ser o bien este año o el que viene. Eso sí, el jefe de la Xunta nunca repetiría un tercer mandato.

Si el presidente del PP, según las encuestas internas que se elaboren en otoño, no ve clara su victoria en las generales, incluiría a Feijóo en una lista al Congreso, condición indispensable para cualquier candidato que opte a la sucesión.

Si los sondeos son más favorables y hay muchas opciones de volver a gobernar, el líder del PP gallego seguiría en Santiago hasta que fuera llamado a formar parte del nuevo Gabinete de Rajoy, con el objetivo de pilotar entre los dos un relevo tranquilo, con el año 2019 como horizonte

“Se enfrentarán dos modelos: Alberto Núñez Feijóo representa la continuidad, mientras Pablo Casado es la renovación en estado puro”, señala un veterano dirigente popular

Así las cosas, algunos sectores del partido no ven con buenos ojos el plan diseñado por el clan gallego. “Sustituir a Rajoy por Feijóo sería más de lo mismo”, señala otro de los barones consultados por SABEMOS. En opinión de este líder territorial, la auténtica renovación, ésa que demandan los tiempos, vendría de la mano de un dirigente de una generación más joven, con nuevas ideas y proyectos, que refunde el partido -como se hizo en Sevilla en 1990– y que pueda hacer frente al ascenso de Albert Rivera y sus ciudadanos.

“Si todo sale como está previsto, se enfrentarán dos modelos: el de Alberto Núñez Feijóo, que representa la continuidad, y el de Pablo Casado, que es la renovación en estado puro y otra forma muy distinta de hacer política, posiblemente más acorde con los tiempos en que vivimos”, interpreta otro de los veteranos en del PP.

En efecto, el nuevo vicesecretario de comunicación del partido tiene 34 años (veinte menos que Feijóo), es licenciado en Derecho y Administración y Dirección de Empresas, máster en Derecho Administrativo, investigador en la universidad John Hopkins de Washington y profesor visitante en la de Georgetown (el presidente de la Xunta es licenciado en Derecho), habla inglés a la perfección (Feijóo solo chapurrea el francés), se maneja como pez en el agua en las redes sociales, con cerca de 30.000 seguidores en Twitter (el líder gallego sólo tuvo cuenta durante la campaña de 2012 y se la llevaba su equipo), y está curtido en mil tertulias en medios televisivos, donde se le ve fresco y con desparpajo (a Feijóo, como a casi todos los políticos de su generación se le ve tenso ante las cámaras).

Desde sus inicios, la carrera política de Pablo Casado ha estado estrechamente vinculada, primero, a Esperanza Aguirre (fue presidente de Nuevas Generaciones en Madrid) y, después, a José María Aznar (del que fue jefe de gabinete, entre los años 2009 y 2011). De la mano del ex presidente del Gobierno, Casado pudo conocer la alta política internacional. Huella le han dejado reuniones de alto nivel –a las que pudo asistir- con antiguos mandatarios extranjeros, como George Bush y Tony Blair.

Aunque muchos en el partido interpretan que el ascenso de Casado en el partido –hecho efectivo en los cambios que acometió Rajoy hace un mes- le hacen ser un hombre del presidente del Gobierno actual, el vicesecretario de comunicación conserva una excelente relación con Aznar. Asisten juntos a comidas y cenas y su relación es fluida. Tan es así que veteranos dirigentes del PP -que han acudido a esos ágapes privados alrededor de una mesa con comida- consideran a Casado el delfín de Aznar.

Prueba de ello son las palabras que el antiguo jefe del Gobierno le dedicó en público en plena campaña electoral de los comicios autonómicos y municipales de mayo: “Si alguna vez me tiene que renovar alguien, que sea Pablo Casado, que es un tío estupendo”, dijo en un acto electoral en Ávila.

Los barones del PP consultados por SABEMOS ven en esa afirmación una clara apuesta en público del presidente de honor del partido por el joven dirigente popular. “Como todo el mundo sabemos en el PP, Aznar no da puntada sin hilo. Aquel día, en Ávila, el ex presidente del Gobierno vinculó la renovación del partido a Pablo Casado… Blanco y en botella”, señala a este periódico digital uno de esos dirigentes territoriales.

Soraya y Cospedal se caen de las apuestas

Además, ninguno de los veteranos del partido con los que ha hablado SABEMOS ven a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y a la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, con posibilidad de aspirar a la sucesión. “Ambas fueron las grandes perdedoras, junto con Rajoy, de las elecciones europeas de 2014 y de los comicios andaluces y municipales de este año. La guerra que mantienen desde 2008 es el gran cáncer del PP en estos últimos años. Su lucha por llegar con posibilidades a la sucesión nos ha pasado factura y a muy alto precio”, sostiene uno de los barones.

Por su parte un veterano diputado de la bancada popular, curtido en mil batallas parlamentarias desde hace dos décadas, cree que ninguna de las dos ha entrado en algún momento en la carrera sucesoria, aunque ellas creían lo contrario. “Ni los sorayos, ni los fieles a la número dos del partido tienen predicamento en el partido más allá del círculo que controlan directamente. Y sin el apoyo de una buena parte del PP es imposible aspirar a la sucesión… A no ser que el dedo del líder del partido apunte directamente a una de ellas y ése no es el caso”, afirma ese parlamentario.

Algunos de los barones van más allá y sostienen que Rajoy se ha dado cuenta, por fin, del problema que le supone esa guerra fratricida. “Muy importante para todos fue la llamada al orden a las dos por parte del presidente del Gobierno, porque si la lucha continúa, todo el mundo puede dar por seguro que perderemos las elecciones”, señala este dirigente territorial.

En opinión de otro de los barones, la auténtica renovación del PP, tras el batacazo del 24-M, hubiera sido el cese fulminante de las dos. “Y si Rajoy mantiene a Soraya y Cospedal en sus puestos –afirma- es sólo por el hecho de que al presidente del partido le gusta guardar fidelidad con aquellas personas con las que trabaja codo con codo desde hace tantos años y por no hacerlas responsables en primera persona de la pérdida de poder tan abrumador que el partido cosechó en las últimas elecciones”.