Si estas vacaciones tenéis que hacer algún vuelo notaréis que al despegar o aterrizar es más frecuente encontrarse turbulencias o esas bolsas de aire que hacen que el avión caiga a plomo y te dan la poco agradable sensación de estar en una atracción de caída libre tipo “torre del terror”. La mayoría de pilotos dicen que el verano es la peor época para volar. ¿A qué se debe?

Un avión se mantiene en el aire gracias a que el aire es un fluido. Las alas tienen una parte cóncava y otra convexa. Así, cuando el motor acelera la forma de las alas obliga a cortar el aire de forma diferente tanto por un lado como por el otro. Esto produce un efecto físico que permite que el avión se sostenga en el aire.

Esto funciona de maravilla si la densidad del aire es homogénea, pero en verano el calor más localizado en una zona que en otra puede calentar el aire, que expande su volumen, disminuye su densidad y tiende a elevarse, desplazando el aire frío. En general, estas corrientes se llaman de convección y son responsables de la formación de cierto tipo de nubes.

Si el avión atraviesa una de estas corrientes encontraremos turbulencias debido a que el aire tiene densidad variable y viviremos esa sensación familiar de portaequipajes abriéndose, maletas cayendo y la señora de mediana edad y evidente sobrepeso que siempre va al baño 30 segundos antes de que empiecen las turbulencias cayendo en tus rodillas y metiéndote el codo en el ojo… ¿Quién no lo ha vivido?

Si no soportas la sensación de caída libre y vacío en el estómago, mejor no te hagas astronauta

Si en cambio atraviesa una bolsa de aire de menor densidad el efecto será como si fueras nadando por una piscina y que te quiten el agua de debajo, al haber menos aire por unidad de volumen al avión le faltará sustento y por eso desciende unos metros. Si estás dentro del avión esos segundos se te hacen eternos. Si no soportas esa sensación de caída libre y vacío en el estómago, mejor no te hagas astronauta, puesto que estar en gravedad 0 no es como volar, sino más bien como estar cayéndote sin llegar nunca al suelo.

Por cierto, ahora que está a punto de conmemorarse el aniversario de la llegada del hombre a la luna, ¿alguien recuerda que los cohetes o módulos lunares de la misión Apolo tuvieran alas? ¿O las sondas espaciales? Estos vehículos están diseñados para ir en el vacío, y ahí no hay aire, por lo tanto las alas no servirían para nada puesto que no hay fluido sobre el cual sostenerse. Sí que es cierto que tienen alerones, pero no es para sostenerse sino para estabilizar la dirección. La ventaja es que al ser el vacío, no hay rozamiento por lo que la mayor parte de la energía la utilizan para salir de la gravedad de la tierra y luego ya van por inercia. El rozamiento es mínimo. Las sondas de largo recorrido además aprovechan la gravedad de los planetas por los que pasan para acelerarse.

Por lo tanto, si alguna vez vuelas a Marte o a Plutón una vez salgas de la tierra, no encontrarás turbulencias.

Imagen | Flickr – Thejaan