Si el origen de la bandera que une a todos los europeos viene del libro del Apocalipsis no deja de ser más que una metáfora de lo bien que nos llevamos con nuestros [malditos] vecinos.

Siempre he pensado que las banderas y los himnos son una herencia de otra época. Los llamados símbolos nacionales me recuerdan a los estandartes, las trompetas y los soldados desfilando de las películas de romanos y más tarde de las de castillos, caballeros y princesas. Aún así, para mal o para peor, aquí tenemos estos símbolos llenos de colores y de notas musicales. Alguien, sin saber muy bien las consecuencias, los eligió para representar a una población encerrada por una frontera. Herramientas de ilusión masiva.

Esta semana ha fallecido José Sazatornil y, si mi memoria no me traiciona, recuerdo una entrevista en la que se quejaba del fútbol, que no le gustaba, que no sabía quién era Ronaldo ni quería saberlo. De sus palabras destilé, quizá erróneamente, que tampoco entendía por qué tenía que ser menos español si no veía un partido de la selección, porque a él el fútbol no le gustaba. Y tampoco le influía nada si se ganaba o se perdía. Reflexioné sobre el uso de los símbolos nacionales como el himno y la bandera en acontecimientos deportivos que sólo [con tilde, sí] interesan a quienes les guste ese deporte. Intuyo que su uso en deportes también viene heredado de cuando se sustituyó el campo de batalla por las pistas de atletismo y los estadios.

El caso es que nos creamos más o menos los símbolos, ahí están, para unirnos o para separarnos (o las dos cosas a la vez: te unes con los iguales y te separas de los diferentes). Pero como no quiero entrar en un bucle político, lo que vamos a hacer es hablar de una de las últimas banderas y que debería ser referencia de todos en el futuro: la bandera de Europa.

Seguro que ya sabes que Europa, según la mitología griega, era una princesa fenicia hija de Agenor y Telefasa de la que se enamoró Zeus [siempre caprichosos estos dioses]. Disfrazado de torito blanco [¿?] la secuestró y se la llevó a Creta donde tuvo con ella dos hijos: Minos y Sarpedón. Asusta un poco pensar que nuestro continente hubiera podido llevar cualquiera de esos nombres. No, entre lo que había disponible los pensadores griegos eligieron bien: Europa. Homero y Herodoto empezaron a llamar así a los terrenos continentales al norte del Mediterráneo hace unos 2500 años.

Y ahora es cuando damos un salto temporal y nos vamos a 1950. Nos hemos saltado algunos pequeños detalles históricos, unos milenios y varias eras… pero esencialmente el continente llamado Europa seguía siendo un campo de batalla entre diferentes pueblos. Nos situamos unos años después de la Segunda Guerra Mundial. Tras los horrores del conflicto se buscan uniones supranacionales para que no vuelva a ocurrir. Europa mira con envidia tanto a los Estados Unidos de América que el tuitero Winston Churchill dijo en uno de sus discursos postbélicos: “Hace falta un remedio milagroso que transforme por completo la situación y que en unos años cree una Europa libre y feliz, siguiendo el modelo de Suiza… Debemos construir unos Estados Unidos de Europa”. Evidentemente lo de Suiza sólo [sí, otra vez] lo explica que dio el discurso en Zurich y quería ganarse a su público, como en el plató de Sálvame.

Sabían que los símbolos eran esenciales para imaginar esa unión y casi antes que otra cosa (como por ejemplo llevarse bien entre los países), empezaron a buscar una bandera. Se recibieron cerca de cien propuestas en el Consejo de Europa. Ahora es cuando este artículo se vuelve ligeramente útil y serio y te cuento que los archiveros del Consejo de Europa me respondieron ágilmente por mail sobre si podía ver estos diseños de la que podría haber sido nuestra bandera común. Como buenos guardianes de información recopilan todos los documentos sobre banderas en su web [gracias, Nathalie]. En serio que es para dejar de ver vídeos de gatitos en youtube y perderse entre aquellas propuestas.

Y aquí vemos un ejemplo de lo que te puedes encontrar si buscas alguna de las propuestas. Nuestro secundario de hoy pensó incluso en basarse en el diseño que el papa León III envió a Carlomagno en el año 800.

En un momento dado el conde Richard Nikolaus Graf von Coudenhove-Kalergi [podría haber sido árbitro de fútbol] propuso la adopción de la bandera de la Unión Paneuropea que tenía un fondo azul con un círculo naranja central y una cruz roja en élTurquía se opuso rotundamente y sugirió que colocaran una media luna para superar las objeciones musulmanas a la cruz. Esta idea que no pasó el corte. Otro diseño estaba basado en los aros olímpicos: fondo azul celeste y ocho anillos plateados unidos en círculo. Como podía parecer una cadena también se rechazó. Y una que estuvo a punto de fructificar: una gran estrella dorada sobre fondo azul. Pero fue rechazada porque se parecía a la del estado de Texas y a la del Congo Belga. Sí, tienes razón, un poco tiquismiquis eran ya en el Consejo de Europa.

El gallego Salvador de Madariaga llegó a la final con su diseño de bandera europea, pero finalmente se eligió a un desconocido pintor de Estrasburgo

Todos conocemos el resultado final, pero quizá no sepas que el gallego Salvador de Madariaga, ministro en la II República, fundador del Colegio de Europa y exiliado en Estrasburgo en aquella época, fue el que dio con la idea definitiva. Diseñó una bandera rectangular (viendo alguna propuesta no parece algo tan normal) con fondo azul y estrellas amarillas. En su concepto consistía en una constelación en la que las estrellas se situaban en las capitales de los países miembros y la más grande en Estrasburgo, la sede del Consejo. Movió su diseño por distintos países y consiguió un cierto apoyo. Pero había otro diseño basado en el de Madariaga que finalmente se llevó el felino al Mediterráneo. Y aquí es cuando de verdad aparece nuestro secundario de hoy:

ARSÈNE HEITZ (1908-1989) fue un pintor que nació en Estrasburgo y del que apenas se tienen datos relevantes. Se sabe que era muy religioso, católico practicante y que rezaba para concentrarse e inspirarse. Dibujó y propuso más de una veintena de diseños de todo tipo para la bandera europea y finalmente dio con la idea del círculo de estrellas.

En un principio, con el diseño casi decidido, se había hablado de incluir 15 estrellas pues 15 era el número de miembros del Consejo de Europa en aquel momento (ojo, el primer diseño era una bandera blanca con las estrellas verdes). En realidad era seguir la estela de la bandera americana cuyas estrellas sí representaban su número de estados. Pero esa idea tampoco cuajó. A parte de ser un plagio evidente que los estadounidenses recordarían mucho tiempo, todo parecía indicar que el número de estados se iba a seguir ampliando poco a poco y no era plan cambiar la bandera (y alguno no se sentía igual de estado que otro, no querían una estrella del mismo tamaño). Hoy ya son 47 estados en el Consejo de Europa.

Las doce estrellas de la bandera europea coronan muchos retratos marianos, ya que así se describe en el libro del Apocalipsis

Y de pronto Heitz propuso que podrían ser doce las estrellas. Doce. Un número neutro, en principio. Porque aquí viene la polémica que a los periodistas nos encanta. Según reconoció nuestro secundario Arsène Heitz en una entrevista en los años 80, el diseño definitivo le vino a la cabeza cuando leyó un pasaje del Apocalipsis: “Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas”. Así surgió el diseño mariano de las doce estrellas.

Evidentemente, en aquel momento, no se habló de su germen religioso y literalmente apocalíptico. No. Se vendió el número 12 como el pin-ball de Barrio Sésamoel número matemático de la unión, de la perfección, del reloj, del tiempo… Y todos aceptaron. Y nadie vio una posible relación religiosa. Y Heitz calló.

Las doce estrellas se convirtieron en la bandera del Consejo de Europa el 8 de diciembre de 1955 (el día de la Inmaculada, curiosamente). Más tarde, en 1986, también pasó a ser el símbolo de la Comunidad Económica Europea y finalmente el de la Unión Europea en 1992, aunque nuestro secundario murió antes de ver como su diseño se convertía en el símbolo de unión del viejo continente. Aunque en realidad lo de unión, 70 años después, sea todavía una quimera.