“Ya no hay marcha atrás”. Parece una amenaza, pero no lo es. Son las palabras del director de desarrollo de negocio de Qualcomm en España, Eloy Fustero, hablando sobre la “explosión de conectividad” y cómo nos ha cambiado la vida y seguirá haciéndolo.

A veces la actualidad es caprichosa. Justo la semana en que el director de desarrollo de negocio de Qualcomm en España lleva a cabo un acto con la prensa, su compañía a nivel global se empeña en recibir varios golpes de distintas manos. Despidos masivos, una investigación de la Comisión Europea por presuntas prácticas monopolísticas y problemas con sus procesadores Snapdragon 810. Todo junto, revuelto, y de por medio un plan de la compañía para centrarse más en el área del ‘Internet de las Cosas’ (y conectividad) y, quizá, no focalizar tantos esfuerzos en procesadores y chips.

Ante esta situación Eloy Fustero mira el lado positivo (que lo tiene). Qualcomm está en medio de la tormenta perfecta. “Ya no hay marcha atrás”, asegura. La conectividad (y no solo móvil) ha transformado la sociedad por completo. Bajo su punto de vista “en estos momentos hay una redefinición que ya abarca todo, y eso hay que tomarlo de una manera diferente”. El mensaje va dirigido hacia el ‘Internet de las Cosas’ y cómo hay que afrontar la transformación que llega.

Una apreciación que hace tiene que ver con el precio de los futuros productos “conectados”. En estos momentos, tanto coches como electrodomésticos, o incluso los propios terminales móviles, tienen un coste bastante elevado atendiendo a sus prestaciones de conectividad. En este sentido Fustero explica que una vez que lleguen al mercado y las marcas testeen con sus gamas premium, los precios empezarán a bajar. Hace especial énfasis en el hecho de que no tiene ningún coste adicional añadir conectividad a un coche, un frigorífico o una televisión (ya existen ejemplos de todo), y por lo tanto no debe verse reflejado en el precio final.

Además, el director de desarrollo de Qualcomm lanza un mensaje para incrédulos y advierte de que en los próximos años habrá una aceleración definitiva en el ámbito de las cosas conectadas que, no obstante, tendrán una serie de condicionantes.

Cosas que se deben conseguir

Para que el ‘Internet de las Cosas’ tome valor de cara a la sociedad debe consignar una serie de avances cuanto antes. En primer lugar, y eso es un ejercicio global (y muy complicado), es que las empresas implicadas se tomen en serio los procesos de estandarización y asuman que deben trabajar en protocolos abiertos para una mayor integración. Todo lo que supongan guerras individuales y granjas cerradas donde cada uno mete su ganado, el avance será mucho más lento.

Otra cuestión que apunta Fustero tiene que ver con la “conectividad universal”, o al menos, con la capacidad de llevar conexión a internet al mayor número de lugares para que todo tome sentido.

Asimismo, otro punto crítico que destaca el directivo de Qualcomm tiene que ver con la eficiencia energética. Es decir, no todos los objetos conectados van a ser de carga fácil como un smartphone o un PC. Por ejemplo, un componente de riego automático instalado que solo se enciende los fines de semana, cuatro veces al mes, tendrá que tener una fuente de energía optimizada para poder conectarse y a su vez que su gasto sea mínimo.

También habrá que tener presente la latencia. Punto clave, como recordaba a SABEMOS un experto de IBM, la CNMC ofrece una explicación muy certera (y breve) de lo que es la latencia: es el tiempo que tardan los paquetes IP en llegar desde el servidor hasta nuestro ordenador o dispositivo. Por eso esta acción debe reducirse al mínimo. Para Fustero no será “cuestión de cantidad de datos en la transmisión, sino de calidad”. El ‘Internet de las Cosas’ a veces precisará de un byte para que algo funcione, pero lo importante es que en el momento de la transmisión llegue de forma inmediata.

Por último, y lógicamente ligado con la conectividad, el 5G será el estándar definitivo para el ‘Internet de las Cosas’. Fustero no descarta al 4G (o incluso 3G y 2G, así como bluetooth) para que todo siga su curso, pero cree que será con la siguiente evolución de LTE cuando se llegue a un grado de madurez óptimo. No obstante, advierte de que “el 5G no supone mayor velocidad, ni conectar más cosas. Lo que debe procurar son nuevos entornos de conectividad”. Para el directivo de Qualcomm el 5G debe ser el medio de asegurar que no haya situaciones críticas en fallos de conectividad.

En este último aspecto, además, ha añadido que otro factor importante a tener en cuenta será la posibilidad de “jugar” con las frecuencias y el espectro para facilitar mayores velocidades de conexión. Es decir, que por ejemplo el 4G, que circula en la banda de 800 MHz, 1.800 MHz y 2.600 MHz, que en determinados momentos los datos pudieran transitar por la misma banda.

Despidos, investigaciones y calentones

Hasta aquí el momento en que Eloy Fustero ha podido sacar pecho. Luego tocaba hablar de despidos, investigaciones y procesadores sobrecalentados. En cuanto a lo último, los Snapdragon 810, cuya crítica recurrente ha sido que se calientan. Fustero ha defendido que un smartphone se calienta por múltiples razones, y que no siempre es por el procesador, sino que el conjunto de piezas ensambladas, y sobre todo en verano, ayuda a que se produzca eso.

En el punto más delicado, el de los despidos, el directivo de Qualcomm no ha podido ni afirmar ni desmentir. Diversos medios se han hecho eco de que habrá 3.000 bajas debido a la presión ejercida por la competencia. No obstante, Fustero si ha dejado entrever que efectivamente Qualcomm está inmersa en una serie de cambios en su planteamiento como compañía y pueden darse esos cambios.

Aunque lo realmente paradójico, y sobre lo que Fustero tampoco ha querido mojarse, es que tengan que despedir a cientos de trabajadores por la competencia, pero Bruselas les esté investigando por prácticas monopolísticas. Ha indicado que respetan las decisiones que tome Bruselas y que ayudarán en todo lo que haga falta.

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