Todos sabemos que el nivel de idiomas en España es un dolor. Uno de esos anacronismos que venimos acariciando cual malvado de película con un gatito en el regazo porque todos sabemos que “espein is diferén” y eso nos hace más españoles, por supuesto.

No quiero hablar del escaso o nulo conocimiento de idiomas de nuestros máximos prebostes (empezando por el finado Emilio Botín y pasando por todos los presidentes de nuestra democracia de escasa historia), ni comentar el fracaso educativo que supone que apenas se preste atención al desarrollo de los idiomas durante la enseñanza obligatoria mientras nos perdemos en debates sobre otros idiomas oficiales de nuestra geografía que en mi humilde opinión deberíamos aprender todos o si una confesión religiosa en especial tiene menos o más horas cuando no debería tener hueco en la enseñanza pública.

En realidad sí quiero referirme a algo tan sumamente básico como un anuncio de televisión, en este caso dos. Por un lado una plataforma que pretende competir contra Amazon y su servicio Kindle Unlimited que se despacha en su anuncio de televisión con un “la plataforma para comprar revistas e iboqs”, sí, como suena. Estamos hablando de una empresa que habrá conseguido un jugoso dinerillo en financiación acompañado de un acuerdo con el grupo televisivo de turno para que salga en muchas de las pausas publicitarias que, como todos sabemos, nos llevan a la locura de consumir y quemar nuestras tarjetas de crédito.

No contentos con esto, el único y último diyei del momento que estuvo divirtiéndose (es un purparlé) en el programa ése con nombre del lugar en el que viven un conjunto de hormigas anda de gira por ahí y en su anuncio se anima a comprar las entradas para su gira de nombre “lisTen tur” con la T de “lisTen” bien marcada. Vamos ahí.

Durante mucho tiempo hablar idiomas siempre ha sido una de esas asignaturas pendientes en España, igual que otras muchas cuestiones, pero ésa en un contexto en el que a nadie parece que le hace daño escuchar la publicidad hace que me entristezca y enfade a partes iguales.

Igual deberíamos empezar a exigir a todos los niveles que la enseñanza dejara de ser un asunto partidista y pasara a ser un asunto de Estado, en el que nos dejemos de chorradas y empecemos a hacer que nuestro futuro (y por ende el de nuestras pensiones, que algunos ya hemos pasado la mitad de nuestra vida útil) esté garantizada por una generación realmente bien formada, en la que adquieran habilidades que unas cuantas generaciones hemos tenido que obtener mediante bastantes sacrificios (esencialmente económicos de nuestras familias) y adaptar los currículos escolares a las verdaderas necesidades de un presente cada vez más global y en el que al menos el 50% de la población fuera capaz de mantener una conversación medianamente fluida en, por lo menos, dos idiomas que no fueran el materno. Todo lo demás serán meras campañas de maquillaje disfrazadas de meritocracia para seguir dejando de lado a esas personas invisibles y que, lamentablemente, sólo interesan cada cuatro años para meterles el miedo en el cuerpo y que voten en masa.

Pensadlo, que este año hay elecciones.

Imagen | Flicker – Stuart Richards