Joy Division grabó Closer durante los últimos meses de vida de Ian Curtis, pero su publicación llegó poco después de su suicidio. El brutal contexto no desvirtúa una de las obras claves del post-punk que, siete lustros después, sigue poniendo los pelos de punta.

Es muy difícil dejar de lado los artículos, biografías, películas… que han ido a lo largo de estos 35 años desmembrando todos los detalles de la agonía de Ian Curtis y los fantasmas de esta figura clave del post-punk y la escena británica. Intentar sumergirse en ‘Closer’ de Joy Division sin hacer referencia al trágico contexto que envuelve a todo lo relacionado con el cantante de la mítica banda es una tarea casi imposible. Tampoco debió ser fácil aquel 18 de julio de 1980, fecha en la que el segundo álbum de los de Manchester llegó a las tiendas. El suicidio de Curtis apenas dos meses antes, y aunque no se conocieran los detalles que luego su esposa Deborah Curtis sacó a la luz, hizo que aquellos nueve temas llevaran ya implícita la etiqueta de álbum de culto. Una banda que ya gozaba de relevancia con su primer Unknown pleasures y de éxito en las listas con el venerado y multiversionado sencillo ‘Love will tear us apart’ (grabado en las mismas fechas que Closer). 

Y eso que Bernard SumnerPeter Hook y Stephen Morris, el resto de Joy Division y a posteriori New Order, aseguraron en varias ocasiones que durante la grabación no se hizo un paralelismo entre aquella obra y la atormentada situación, agravada con sus problemas de epilepsia, que estaba viviendo Curtis. Algo sin lo que el atmosférico y sombrío ‘Closer’ no hubiese dejado de ser un disco redondo. Pero desde el arranque del álbum, con ‘Atrocity Exhibition’, el homenaje al escritor inglés J. G. Bullard que a tantas bandas influenció (RadioheadManic Street PeachersSuede…), y, sobre todo, en el segundo tema ‘Isolation’, donde los animados sintetizadores no ocultan versos como “Mother I tried please believe me, I’m ashamed of the person I am/Madre, hago lo que puedo, me avergüenzo de lo que soy”, parecen convertir al disco en una especie de nota musical de suicidio.

Por eso, inevitablemente, ya en el tercer tema, ‘Passover’, uno no puede más que pensar en cómo la figura de Curtis sigue fascinando 35 años después, como se demostró el pasado 15 de julio (hubiera cumplido 59 años) donde su nombre sorprendía entre los trending topics del día. En lo único que uno se puede abstraer es en la edad que tenía cuando todo aquello (le) ocurrió. “¿Qué joven de 22 años escribe esas letras?”, reflexiona en un artículo el periodista Dave Simpson, que habla del Closer como “el más bello y triste disco jamás grabado”.

Tras la desgarradora ‘Colony’ (A cry for help, a hint of anaesthesia / un grito de auxilio, un poco de anestesia) y ‘A means to an End’ se llega a la cara B del LP, quizá el culmen de la música de Joy Division, si tiene sentido decir eso de un grupo con dos discos en dos años con tan abrupto final. En esta segunda parte el ritmo se serena con respecto a los anteriores temas y llegan ‘Heart and Soul’ y ‘Twenty four hours’, dos de las canciones más brillantes del grupo. El crítico Simon Reynolds hace un paralelismo diciendo que si la cara A muestra la desesperación, la B es la aceptación de la muerte. Reflexión que pone los pelos de punta al escuchar ‘The Eternal’. Y más aún el tema que cierra el disco, ‘Decades’, quizá uno de los mejores finales de álbum que existen. Tristemente (recopilaciones aparte) no sólo sería la última canción de uno de los discos más sórdidamente hermosos que jamás se han compuesto. Sería el final de Joy Division. Y el principio de la leyenda de Ian Curtis.