Si nos pidiesen que pensáramos qué nos evoca la palabra “vacaciones” muy probablemente la mayoría pensaríamos en una larga playa de arena blanca, una copa con un colorido líquido en su interior adornada por una igualmente colorida sombrillita de papel y un océano azul y transparente como telón de fondo.

Sin embargo, para muchos esta añorada y querida palabra solo significa unos días sin tener que ir a trabajar pero encarcelados en su calurosa ciudad porque o bien no han tenido tiempo de planificar las vacaciones, o bien no se las pueden permitir. Pero unos días de asueto en la urbe tampoco son el fin del mundo y hay muchas cosas que podemos hacer para entretenernos y divertirnos, algunas más económicas que otras, pero todas válidas dependiendo del presupuesto de cada uno.

1.- Visitar un Museo

Si vives en Madrid, museos como el Prado, el Thyssen, el recientemente renovado Museo Arqueológico de Madrid, que ahora se llama MAN para que suene como los internacionales; el de Ciencias Naturales, el del Ejército, el Naval… Hay donde elegir. En Barcelona también hay una buena oferta para realizar visitas culturales: el Museo de la Sagrada Familia, La Pedrera de Gaudí, el Museo Catalán de Arqueología… Y así en cada una de las ciudades de nuestro país. Si estás en paro, muchos museos tienen la entrada gratuita para desempleados, así que no tienes excusa.

2.- Organizar un picnic en el parque

Con amigos o con la familia, un día de picnic en el Retiro o en la Casa de Campo si vives en Madrid, en el Parque de la Alameda situado en Santiago de Compostela, el Parc del Castell de l’Oreneta si tu lugar de residencia es Barcelona, o en el Parque de María Luisa si vives en Sevilla. En todas las ciudades encontramos parques llenos de árboles bajo los que cobijarnos del agobiante calor del verano y disfrutar de un día de charla con los amigos tumbados en el césped. Es una de esas actividades que los urbanitas hacemos muy poco y que deberíamos hacer más a menudo por lo divertido y relajante que resulta.

3.- Disfrutar de las noches de verano

Sn muchas ciudades durante el verano se organizan festivales culturales con diferentes conciertos, y representaciones de danza o teatro. Es una oportunidad para muchos que no tienen tiempo de disfrutar de este tipo de espectáculos durante el año… Y después del espectáculo y con la intención de que no nos tomen por unos culturetas, se impone disfrutar una agradable copita al fresco de la ciudad. Por primera vez en la vida, pedir el combinado de vuestros sueños no os llevará 45 minutos. Los bares están tan escasos de gente como el resto de la ciudad y eso, a la hora de captar la atención de los profesionales hosteleros, se nota. Y se agradece.

4.- Salir de safari fotográfico

Sí, como suena, un safari, pero en este caso sin animales. Seguro que hay algún edificio o calle en tu ciudad que te encanta y al que nunca le has hecho una artística fotografía porque siempre hay gente delante que te jode tu poética visión de tamaña belleza arquitectónica. Pues ahora es tu momento. Las calles están semivacías, seguro que puedes fotografiar esas partes de tu ciudad que tanto te gustan sin molestos extras.

5.- Ir, por fin, a ese restaurante que tanto te apetece conocer pero que nunca tiene mesa

Es verano, la gente se ha pirado de la ciudad, ponte tu mejor babero de gourmand y aprovecha para reservar en ese restaurante que está siempre lleno hasta la bandera de gente más rápida que tú. Ya no importa tu velocidad a la hora de reservar, seguro que tienen mesa.

6.- Escaparse a la playa

Esto solo vale si vives en Barcelona, Valencia o similares… Es decir, en ciudades de bien que tienen playa. Si vives en una ciudad sin playa, siempre te quedará la piscina. Yo personalmente las odio con todo mi ser, pero puede que no todo el mundo sienta lo mismo (algo incomprensible para mí). De cualquier manera, un día en la piscina o en la playa refresca sea en la ciudad o sea en el Caribe. No te olvides de meter en la bolsa los aparejos necesarios para disfrutar cual gorrino en un barrizal: bañador, palas y pelotita, chanclas, gafas de sol, toallas, filetes empanados, sandía, botella de agua congelada, protector solar del 250 y las prácticas gafas de buceo que utilizarás para bajar los 2 metros de profundidad de la piscina. Solo faltará tu madre aplicándote una mano de Nivea cual capa de yeso por todo tu cuerpo para que sea un auténtico revival de tu infancia.

7.- Aprovechar para visitar ese pueblecito cercano al que nunca tienes tiempo de ir

Con toda seguridad hay algún municipio situado a unos 50-60 km de tu ciudad al que siempre has querido ir y nunca has podido no importa el por qué. Pues estás tardando. Nunca lo vas a tener más fácil que ahora que estás de vacaciones en casa. Coge el coche, el tren o el bus y plántate allí para, por fin, conocerlo. Mi consejo es que realices antes una búsqueda online de las posibles visitas, las distancias entre ellas, algún restaurante para comer o incluso, algún sitio donde pasar la noche. Organízate bien para sacar el máximo provecho de esta ansiada excursión.

8.- Ir al cine

Seamos serios, ir al cine es una actividad que cada vez apetece menos no porque las películas sean malas, si no porque se está poniendo muy complicado el poder enterarse de las tramas gracias al amable y parlanchín público. El verano es ese momento del año en el que puedes ir al cine, estar al fresquito con el aire acondicionado (llevaos una rebequita porque a veces el aire esta fuertecillo) y disfrutar de la peli de tu elección ya que es muy posible que estés solo en la sala, por lo que te ahorrarás el mal trago de tener que pedirle a alguien que se calle o el ataque de nervios que te causa el glotón de turno poniéndose ciego a palomitas y masticándolas con la boca abierta. En serio, nunca encontrarás mejor momento para ir al cine que ahora.

9.- Pasear por tu ciudad

¿Estás seguro que conoces bien tu ciudad? ¿No hay nada que te falte por visitar? Aprovecha y conócela, sal a pasear o de compras sin las aglomeraciones que hay siempre; párate a escuchar a ese músico en el metro con el que te cruzas a diario y que siempre te ha parecido que toca muy bien. Ve a esa juguetería por la que pasas tan a menudo y cuyo escaparate siempre hace que te pares a mirar. Haz la ruta por las tiendas de comics que te gustan y para las que nunca tienes tiempo. Tómate un café despacito en esa cafetería que tanto te gusta y que está lejos de casa… Haz lo que te apetezca, tienes tiempo. Levanta el culo del sofá y deja de lamentar que nunca tienes tiempo para hacer estas cosas.

10.- Descansar en casa

Se supone que las vacaciones son para descansar. Quedarse en casa viendo series que tienes atrasadas, viendo películas que te da vergüenza ir a ver en una sala pública, jugando la montaña de videojuegos que tienes pendientes, leyendo la pila de libros de la mesilla, pila que no solo no baja, si no que cada vez aumenta más (la mía está a punto de entrar en la lista de ochomiles)… En definitiva, quedarse en casa haciendo lo que no se tiene tiempo de hacer el resto del año, también es una opción válida.

Viajar es algo precioso, sí, pero no siempre podemos salir de nuestra localidad y no importa el motivo; sin embargo, lamentarse porque tienes que pasar las vacaciones en la ciudad es, cuando menos, una queja vacía ya que la oferta de actividades en nuestras capitales durante el estío es bastante variada. Las vacaciones son para disfrutar, no las comiences quejándote porque no puedes viajar y disfrútalas.