…que has de dar marcha atrás en unas cuantas cosas. Voy a enumerarte algunas, y a justificarlo en un lenguaje llano y directo, al estilo que definió Berceo: Quiero fer una prosa en Román paladino, en la cual suele el pueblo fablar con so vezino … Y no en el alambicado lenguaje de lisonja y aguamanil con el que tan a menudo llenan sus bocas los que te rodean, que han adquirido en brevísimo plazo los modos de los ganapanes, adulones y tiralevitas de siempre .

¡Sí, sí, de siempre…! Son los mismos que ensalzaron hasta la loa mesiánica a cuatro de los cinco gerifaltes elegidos democráticamente durante lo que hemos dado en llamar la Transición -González, Aznar, Zapatero y Rajoy-, para acabar formando excluyentes camarillas. Sólo dos esquivaron la adulación corruptora: Suárez (porque fue un desclasado, un superviviente y un hombre entregado a una causa en la que creyó, aunque cometiera errores en el camino) y el accidental Calvo Sotelo (por lo breve de su acomodo en el poder, y porque su elitismo de exquisito le hizo tener siempre presente este axioma: si el sabio no aplaude, malo; si lo hace el necio, peor)

Tú sabes, por tu preparación académica, trayectoria de bronca callejera o de facultad e innegable ilustración política, que se trata de idénticos perros con distintos collares. Constituyen el virus de origen del tan sobado “síndrome de La Moncloa”, que no es tal por la especie de ciudadela que allí se ha ido levantando poco a poco sino porque los misacantanos del culto que inaugura el nuevo mandante componen a su alrededor una impenetrable testudo de  legión romana. Luego, le aíslan y le “interpretan” las actitudes de los ciudadanos de a pie, hasta que termina por pensar –porque la manada de cobistas que medra bajo sus alas de gallina clueca se lo repiten sin descanso– que él siempre tiene la razón, y los que le lleven la contraria son los equivocados.

A esos privilegiados les surge a su vez otra cohorte de buscavidas, y a éstos, las propias. Así se termina creando la sociedad clientelar, fuera de la cual los demás pasan  frío y, en cuanto triunfa una epidemia de gripe, se cabrean como monas. Es decir, se indignan.

Contra eso, sólo se conoce un arma: la transparencia. Una aportación ética del calvinismo nórdico frente al ocultismo y la hipocresía sembrado y alentado por las iglesias católicas –romana y griega-, que resumen a la perfección el “¡ay del que escandalizare!” y “que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”.  

Confieso que seguí tus primeras apariciones públicas y tus encendidas soflamas iniciales con curiosidad, no exenta de cierta esperanza de que significases un revulsivo para un pueblo harto de tanto abusador, de las sobredosis de condescendencia con que el de turno finge escuchar devolviéndole palabras y promesas biensonantes, pero destinadas a cumplirse cuando lleguen –mención bien oportuna en los tiempos que corren– las calendas griegas. Pensé que encarnarías una presión moral sobre las formaciones políticas que constituyen lo que “los indignados”  llamasteis “La Casta”, que las obligarían  incluso a competir entre sí para atender las demandas más razonables y asequibles. Por el riesgo de sangría electoral que entraña el ignorarlas.

La ilusión me duró poco. Cuando decidiste, junto con tu “núcleo duro”, agrupar los “círculos de ciudadanos” (que algún/a ocurrente calificó de sóviets) en una suerte de corporación política de tipo asambleario destinada a disputar el poder, intuí que los del “Cuarteto de Venezuela”  empezabais a cagarla, porque entrabais en la misma vorágine de sinsentidos de vuestros fallidos predecesores: la Comuna de París, el bolchevismo, un llamado “chavismo” de cuyas fuentes habéis bebido y cuyos manantiales alimentasteis… Porque es una regla hasta hoy no desmentida que, cuando la mano que firma se abandona en la calle invocando el “poder popular” y, después, se recoge de ella, termina en experimento totalitario manejado por una “casta” nueva.

Las únicas revoluciones triunfantes que se conocen –la francesa, la rusa, la nazi germana, la fascista, la china y la cubana (la venezolana no deja de ser una patética caricatura)- terminaron enfangadas con la inevitable promoción de una “casta” nueva y la exaltación de un dictador sin escrúpulos a la hora de jugar con la vida cotidiana de la gente y liquidar seres humanos a mansalva. Y, todo, para terminar en dolorosos fracasos, siempre con el mismo pagano: el pueblo y su nivel de bienestar.

Porque las organizaciones populares de base son eficaces cuando actúan como conciencia vigilante del poder. Su fórmula de plantear exigencias es asamblearia. Y, en ese terreno, sirven al bien común porque las líneas básicas de sus reivindicaciones son coincidentes. Y, administradas con criterio y templanza, obligan a las estructuras clásicas de poder a recular en las tropelías y a enderezar el rumbo cuando sienten que el zapato les aprieta.

Pero intentar aplicar  un “poder asambleario”  a cada decisión de Gobierno conduce al disparate. Tú y tus compañeros de la Complutense sois acreditados conocedores del funcionamiento de la política, y tuvisteis vuestras prácticas profesionales como asesores de Chaves, Maduro, Morales, etc. Y, por tanto, nada de lo expuesto en estas líneas se os escapa. Por eso te digo que la ilusión de que fuerais el Pepito Grillo de la actual “Casta” me duró hasta que trascendió que preparabais un asalto al poder en toda regla.

Como no podíais inventar nada, porque ya todo está inventado, actuasteis como lo han hecho los revolucionarios de las experiencias citadas.

  • Creasteis la organización central partiendo de los famosos “círculos”. En ese aspecto, se pueden identificar con el concepto de “sóviets”.
  • Procedisteis a jerarquizarlos con una estructura vertical destinada a imponerles una férrea disciplina basada en un “núcleo duro” (“la vanguardia” de la revolución, llamó Lenin a los cuadros bolcheviques) con la misión de silenciar y, llegado el caso, depurar a los disidentes.
  • Desencadenasteis en torno a tu figura un “culto a la personalidad” que supera incluso el de tus ilustres predecesores que mencioné, porque ellos lo iniciaron una vez conquistado el poder y tú, antes. Claro que sabéis que las circunstancias de tiempo y lugar son distintas (la Comunidad Europea significará un obstáculo casi seguro que infranqueable; y pregunta, si no, a tu mitificado Tsiripas, ese juguete roto). Y por ello habéis elegido una estrategia “centrada”. ¡Ya, ya…!
  • Pero en ese camino, Pablo Iglesias, estás dejando muchas plumas delatoras. Soberbia a raudales a la hora de hablar de ti mismo; menosprecio inadmisible a fuerzas que han defendido siempre (IU) lo que tú decías defender, pero de lo que ahora reniegas porque te haría perder votos; detalles de prepotencia (eso que llamas “primarias”, por ejemplo) que reducen a poco la célebre frase de que “el que se mueva, no sale en la foto”…Y mil detalles más que no caben aquí.

Cierro el bucle con que abrí el artículo (la sugerencia de que rectifiques unas cuantas cosas): deberías reconsiderar esa impresión que das de feroz apetito de poder (incluso poniéndote la piel de cordero sobre el lobo que en realidad eres) y retomar el papel que Podemos puede aportar al bien común: el de conciencia para hablar en nombre de los menos favorecidos. Y negociar con las estructuras existentes una gobernanza que promueva la igualdad, hasta donde sea posible en este mundo.

Fuera de eso, creo sinceramente que tú y tu equipo estáis abocados al fracaso. O, si triunfaseis (no lo quieran los hados), nosotros contemplaríamos el nacimiento de otro monstruo ególatra y sufriríamos las consecuencias. Ya es señal preocupante que te guste tanto “Juego de Tronos”, esa serie donde tanto se predican las libertades y tan poco las cabronadas a la hora de machacar al competidor.