Tras 17 horas de reunión la cumbre del euro concluyó apenas unos minutos antes de que abrieran los mercados esta mañana con acuerdo para negociar el tercer rescate para Grecia. Hasta la firma del mismo (previsiblemente esta misma semana), el Eurogrupo tendrá que aprobar un crédito puente para que Grecia pueda hacer frente a los vencimientos más inmediatos, como los 3.500 millones que tiene que pagar al BCE del próximo 20 de julio. Bajo la excusa de que Europa ha perdido la confianza en el primer ministro griego, Alexis Tsipras, los socios han aprovechado para exprimir los límites de un plan que roza la humillación. No sólo contempla medidas más severas de las que el pueblo griego rechazó en el referéndum sino que, además, las instituciones perseguirán cada paso que dé el Parlamento griego.

«La cumbre del euro ha alcanzado un acuerdo unánime. Está todo preparado para negociar un programa para Grecia con reformas serias y apoyo financiero», señalaba el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en rueda de prensa junto al presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker

«No creo que Grecia esté siendo humillada. Es un típico acuerdo europeo. No hay vencedores ni vencidos…No hay diferencias con los programas de países como España o Chipre, a excepción de las cifras… Está completamente en línea con otros programas…. los primeros ministros así lo han dicho», aseguraba Juncker. Pero la realidad es que a pesar del acuerdo unánime, las condiciones para Grecia son muy duras. Y el hecho de que el acuerdo vaya «en línea» con el resto de rescates, pone de manifiesto que no ha habido ningún trato especial para Grecia y que el Ejecutivo de Syriza no ha podido cambiar las reglas, como hubiera sido su voluntad.

Y todo esto llega la misma semana en la que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llamaba a su homóloga alemana, Angela Merkel, con un mandato claro: mantener a Grecia en la eurozona. Se le olvidó decir, si la llamada se producía a petición de Tsipras, que no fuese a cualquier precio. A Tsipras le ha costado caro haber abandonado la mesa de negociaciones, el referéndum y su campaña por el `no´.

A los líderes de la eurozona no sólo no les ha servido que Tsipras cediera en el último momento y negociara un acuerdo como si hubiera ganado el `sí´, sino que han ido a exigir garantías que para un partido como Syriza serían inconcebibles. El documento que trabajaron los jefes de Estado y de Gobierno, elaborado por el Eurogrupo y al que tuvo acceso SABEMOS, está lleno de órdagos a Grecia, con mención expresa a que no habrá quitas de deuda, que el FMI se queda en las negociaciones, y la necesidad de crear un fondo en activos independiente para ir pagando su deuda. Incluso había una mención a la alternativa del Grexit si Atenas no cumplía, única mención que los griegos consiguieron eliminar del texto. 

«No tengo ninguna razón para dudar sobre el calendario y la legislación, que ya ha sido preparada. Creo que se puede recuperar la confianza», aseguraba Merkel en su rueda de prensa individual. A pesar de ser una de las más difíciles de convencer ayer, el presidente de Francia, François Hollande, le echaba un capote. «Si Alemania quería garantías era también para que su Parlamento pasara el acuerdo. ¿De qué hubiera valido un acuerdo que luego no pueda aprobar el Bundestag?», afirmaba el presidente galo.

SI TSIPRAS CLAUDICA ES PORQUE SERIA PEOR UN GREXIT

La situación de los bancos es la razón por la que Tsipras ha tenido que decir que sí a todo, o a casi todo. «Tenemos una pistola en la cabeza», reconocía ayer el portavoz del primer ministro. Si Grecia está aceptando estas condiciones es porque lo peor para el país es un Grexit, de lo contrario no se entendería esta rendición. Tan sólo consiguieron quitar del documento aprobado el último párrafo, donde se hacía mención expresa a que en caso de no alcanzar un acuerdo, Grecia se enfrentaría a una salida temporal de la zona euro, con posibilidad de reestructuración de deuda. «No tenía mucho sentido hablar de un plan B» a la hora de redactar un documento en el que se establece «una hoja de ruta», señalaban fuentes diplomáticas anoche y así lo confirmaba después Merkel.

El primer ultimátum para Grecia, en tres días. El país tendrá hasta este miércoles 15 de julio para legislar sin retraso las normas necesarias para aprobar el primer paquete de medidas. Entre ellas, la optimización de su sistema de IVA y la ampliación de su base impositiva, la sostenibilidad a largo plazo del sistema de pensiones, la adopción del procedimiento del código civil que ayude a agilizar los procesos judiciales y reducir costes y la completa independencia de su agencia de estadísticas ELSTAT.

El segundo deadline será el 20 de julio. Para entonces, Grecia tendrá que haber aportado una primera propuesta, «después de las discusiones con las instituciones europeas», para reducir la Administración. Ese mismo día, cumple uno de los vencimientos más importantes, la devolución al BCE de 3.500 millones de euros. Además, se exige un programa amplio de privatizaciones y que Grecia consulte con la Troika «toda legislación en áreas relevantes con tiempo, antes de someterlo a consulta pública o ante su Parlamento.

GARANTIAS EN ACTIVOS DE HASTA 50.000 MILLONES PARA RECIBIR 86.000 MILLONES EN TRES AÑOS

Y lo más sangrante, la propuesta para que las autoridades griegas transfieran a un fondo activos por valor de hasta 50.000 millones de euros, que se irían vendiendo para, por un lado, ir pagando la deuda pública griega, y por otro, realizar inversiones. Del total de ese fondo, 25.000 millones servirán para recapitalizar los bancos, un total de 12.500 millones para inversión, y los 37.500 millones restantes irán para pagar deuda. Grecia duda que pueda alcanzar la cantidad tope solicitada.

Esta medida claramente muestra la falta de confianza de la eurozona en Grecia. La gestión del fondo fue el principal escollo para alcanzar un acuerdo. En un principio se habló de que se creara en Luxemburgo, pero finalmente Grecia consiguió mantener su soberanía, en parte, y que el fondo se abra en Grecia y sea gestionado por los griegos. Eso sí, con supervisión europea. 

A cambio de todas las medidas exigidas, la UE está dispuesta a prestar hasta 86.000 millones de euros en un nuevo programa de rescate para Grecia para los próximos tres años. Con carácter de urgencia se tendrían que desembolsar 7.000 millones de euros el 20 de julio y adicionales 5.000 millones de euros para mediados de agosto.  

Las líneas rojas para Grecia durante la reunión fueron, por un lado, frenar cualquier mención al Grexit y, por otro, no incluir al FMI en sus negociaciones. Consiguieron eliminar la primera, aunque puede que sólo saliera del papel ayer y vuelva a introducirse en un futuro. Si Grecia no cumple con la «hoja de ruta», tendría que enfrentarse a otra alternativa, que no sería otra que la salida de la eurozona.

Para la segunda no tuvieron tanta suerte. Contar con la institución que preside Christine Lagarde era precisamente una de las pre-condiciones que imponía el Eurogrupo para poder empezar a hablar de un tercer rescate. Lagarde consideraba esta mañana el acuerdo «un buen paso para reconstruir la confianza». Precisamente esta era otra de las pre-condiciones. Ya no se trataba de una cuestión meramente técnica, porque los ajustes a los que se ha comprometido Grecia son más exigentes ahora, sino de la falta de confianza en el primer ministro griego. 

MEDIDAS ADICIONALES

Grecia tendrá que llevar a cabo un paquete de reformas del sistema de pensiones y específicamente compensar «el impacto fiscal del dictamen del Tribunal Constitucional sobre la reforma previa de 2012», así como implementar la cláusula de déficit cero o medidas alternativas, siempre que hayan sido acordadas con las instituciones europeas, de cara al próximo mes de octubre. En cuanto a las privatizaciones, se exige un programa de privatizaciones «significativamente amplio», y en el sector energético, se pide a Grecia que privatice la operadora ADMIE. 

Sobre las reformas en el sector del comercio, los socios piden un «calendario claro» para su implementación, teniendo en cuenta las primeras recomendaciones dadas por OCDE, incluyendo legislación para la liberalización de horarios de los comercios, el periodo de rebajas, regular el sector lácteo y las panaderías, así como la apertura de profesiones cerradas, como el transporte en ferry. 

Y en lo que se refiere al mercado laboral, Grecia tendrá que revisar las negociaciones colectivas, la gestión de las huelgas, así como de los despidos colectivos y establecerlos «en línea con el calendario y el enfoque acordado con las instituciones». La deuda quedará para debatir más adelante, con la posibilidad de reestructurarla, pero sin que haya quita alguna. Y sobre el sector financiero, se pide que elimine cualquier posibilidad de que la política pueda intervenir en los procesos de nombramientos.

Foto: Tercera Conferencia Internacional para la Financiación del Desarrollo en Flickr