“O yo o el desastre”. Ése es el principal mensaje que ha querido lanzar el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el cierre de la conferencia política que el PP ha celebrado los últimos dos días en Madrid. Un cónclave que se resume en mucho cambio de logo y de escenario, y poco debate de fondo y de ideas. Lejos queda la refundacion que pidió Aznar hace sólo dos semanas. Sin atisbo de autocrítica, el jefe del Ejecutivo apela como nunca al voto del miedo. Esa parece ser su principal estrategia para ganar las elecciones generales que tendrán lugar, según avanzó, antes de que acabe el año.

Aquella masa social de militantes que acudió a la conferencia política del PP esperando un golpe de timón tras el batacazo en los comicios autonómicos y municipales, se marcha a su casa decepcionada. Porque en la conferencia política hubo poca renovación y menos debate de ideas. Tan sólo algunos cambios cosméticos -tan cosméticos como la propia renovación de caras en el comité de dirección de la calle Génova, que el presidente del partido dio a conocer hace tres semanas- de una mayor participación de la militancia en la elección de cargos.

Ni siquiera la masa de afiliados podrá conformarse con ver que esos mínimos cambios tienen su plasmación en fechas próximas. Al contrario. Tendrán que esperar a que se celebre el congreso nacional del partido, eso sí, cuando ya hayan pasado las elecciones legislativas.

La verdad es que no ha sido un cónclave fácil para el PP. Los barridos de cámara reflejaban las caras de la derrota durante el pasado 24-M. En primera fila se sentaron, uno junto al otro, los barones territoriales desalojados del poder: Monago, Fabra, Bauzá, y Rudi. A cada lado de Rajoy, otras dos importantes lideresas vencidas: María Dolores de Cospedal y Esperanza Aguirre. Varias filas detrás estaban Barberá y Zoido.

Discurso para levantar la moral de las tropas

Así las cosas, el presidente del Gobierno se subió al escenario del recinto ferial de Ifema para levantar la moral de sus tropas, aunque una de sus frases –“el PP es la fuerza más votada en todas las elecciones celebradas en esta legislatura”- no debió sonar a mucho consuelo en los oídos de los derrotados.

Tampoco cumplió Rajoy con las expectativas de que el suyo iba a ser un discurso de mucho calado, como se encargaban de proclamar ayer mismo fuentes de la dirección del partido. Sin sacar ningún otro conejo de la chistera, el presidente del Gobierno se limitó a sacar pecho por los avances económicos de los últimos dos años y arremeter con inusitada dureza contra sus principales adversarios en las urnas: Podemos y sus cómplices socialistas. Ningún tipo de autocrítica.

Para Rajoy, lo que está en juego en las próximas elecciones generales es que la tarea continúe hacia la recuperación y rinda más frutos o que se pierda “todo lo conquistado”. A su parecer, los ciudadanos no tendrán que elegir entre distintas opciones con diferencias de matiz, sino entre grandes divergencias como el blanco y el negro, la certidumbre o la aventura y el avance o el retroceso.

Es por eso que el líder del Gobierno hace un llamamiento a todo el partido al trabajo para impedir que España regrese a la pesadilla de la que salió, al tiempo que advierte que las demás fuerzas políticas lo que quieren es anular todo, derogando las reformas que han llevado al país a la vuelta al crecimiento y al empleo.

“Lo que da miedo es Grecia”

En contra de lo que pueda parecer, no cree Rajoy que el suyo sea un discurso para alentar el voto del miedo. En su opinión, lo que da miedo es la situación de Grecia, que Podemos apoye las políticas de Syriza y que el PSOE respalde al partido de Pablo Iglesias.

A su juicio, tanto los dirigentes de Podemos como los socialistas deberían estar abochornados ante lo que ocurre en Grecia, “los primeros por defender las políticas que han llevado a la situación actual de ese país y los segundos por legitimarlas con su apoyo”.

Por lo demás, no quiso Rajoy dar a conocer nuevas medias económicas que favorezcan a los bolsillos de los ciudadanos. Previsiblemente, esperará a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para tirar de chequera, como hizo el viernes en la reunión del Consejo de Ministros.