Hay un momento del año en el que las redes sociales se ponen imposibles, sea cual sea, y se dedique a lo que se dedique.

Facebook enlodado de fotografías de sitios espectaculares y playas eternas, el asfalto de alguna ciudad interesante a la que siempre has querido viajar, un refugio maravilloso en una montaña igualmente maravillosa rodeado de un paraje lleno de verdor; en Twitter comentarios de “me faltan 0´3 segundos para irme a la playa,” “pringaos currando y yo al solecito en una terraza.” Y así con todo. Pero el mal hecho red social es Instagram y sus fotopiés con el océano de fondo y el casi nunca utilizado pero siempre original comentario “aquí, sufriendo”. Comentario igualmente válido en el caso de que la fotografía nos muestre una paella del tamaño de una plaza de toros, una mariscada XXL o un helado digno de entrar en competición en las heladiolimpiadas (5 bolas o más).

Ese momento del año, ha llegado. Es este. Comienza a finales de junio y continúa hasta bien entrado septiembre. Se van de vacaciones mientras tú te cueces en tu casa con la ola de calor de turno, que yo no sé si es ola o simplemente que es verano y no suele nevar en esta época del año en España. Llamarlo ola de calor, me parece exagerado. Es calor del de siempre. Lleváis pidiéndolo desde febrero, ahora deberíais aceptarlo con gozo y regocijo.

Cuando empiezo a ver esas fantásticas fotografías en mis redes sociales, siempre tengo dos necesidades: la primera, aniquilar a la comunidad viajera. O por lo menos pisotearles sus dispositivos fotográficos para que me dejen asarme atrapada en mi ciudad, pero en paz; y la segunda, pensar en la lista de destinos a los que hay que viajar, por lo menos, una vez en la vida. Como lo primero no veo modo de hacerlo sin terminar con mis acalorados huesecillos en la cárcel, me dispongo a hacer lo segundo con alevosía.

El primer lugar de esta lista lo ocupa Nueva York. Una ciudad a la que hay que ir mínimo una vez en la vida, pero si se puede ir veinte veces, mejor que mejor. Siendo una ciudad con 8,3 millones de habitantes, sorprende lo acogedores que son y lo bien que te hacen sentir desde el primer momento. No entraremos en detalles de todas las cosas que podemos ver o hacer allí. Museos, atracciones, espectáculos, tiendas, exposiciones, restaurantes, nightclubs… Hay de todo para todos y todo un mundo por descubrir más allá de Manhattan.

Para el segundo destino de la lista no hace falta que salgamos de Estados Unidos, lo que tenemos que hacer es irnos a la costa oeste; hablo de Las Vegas. Ciudad amada y odiada por igual y todos tienen razón. Si me preguntan a mí, Las Vegas es mucho más que juego y casinos. Las Vegas es un parque de atracciones para adultos donde se pueden disfrutar algunos de los mejores espectáculos del Circo del Sol y conocer los ejercicios arquitectónicos más impresionantes a la par que horteras; hoteles como The Venetian y Caesars Palace, no dejan indiferente a nadie, yo los amo con la fuerza de los mares, yo. Pero si aspiras a algo más europeo, tienes el Aria, el Wynn y el Encore, entre otros. Es la puerta de entrada perfecta (o de salida, más perfecta todavía) si quieres visitar los Parques Nacionales del país, sobre todo por la cercanía, el Parque Nacional del Cañón de Colorado.

Salimos de los USA y nos venimos a Europa, con un montón de ciudades por visitar al menos una vez en la vida: Roma, Florencia, París, Londres, Praga y Tallinn. Roma es visita obligada, con su fontana de Trevi, su Circo Mássimo, su piazza Navona, su Coliseo (decepcionantemente pequeño) y su Vaticano. Todo impresionante y todo maravilloso, pero si me dan a elegir, me quedo con Florencia, ciudad de dimensiones más reducidas, que es cuna del renacimiento. Pasear por sus calles empedradas es una experiencia que te ayuda a darte cuenta de lo insignificantes que somos. Quedan las obras de los hombres pero nunca los hombres. A no ser que hablemos del David de Miguel Ángel (increíblemente grande y así compensamos lo del Coliseo Romano). De pequeña pensaba que todos los hombres italianos eran como el David, después visité el país y ya vi que no, que para nada y comencé a odiar un poquito a Miguel Ángel por jugar con mis sentimientos de esa manera tan cruel y gracias a tamaña estupidez, descubrí a Bernini, cuyas obras puedes tropezarte prácticamente en cualquier rincón de Roma; por eso hay que viajar a Roma y Florencia por lo menos una vez. Por cierto, si le gustó el infumable Ángeles y Demonios de Dan Brown, tienen rutas en Roma que le llevarán por los escenarios mencionados en tan magnífica obra de la literatura.

Cuando se viaja a París se entiende la famosa frase de Casablanca “siempre nos quedará París.” Posiblemente uno de los destinos más visitados por los españoles, cosa fácilmente comprensible cuando ves los museos D´Orsay y el Louvre. El fluido tajo que es el Sena divide la ciudad en dos y en sus orillas, se sitúan lugares emblemáticos como la Catedral de Notre Dame o la Torre Eiffel; y casi tan emblemáticos como estos monumentos, son los libreros de viejo y los idílicos restaurantes-bateau que pueblan las turbias aguas del parisino río. En el norte de la ciudad encontramos Montmartre, presidido por el impresionante Sacre Coeur. Se trata del París bohemio, el París que se ve en las películas, el París más callejero. Lo dicho, siempre nos quedará París.

Londres es esa ciudad a la que todos queremos viajar y cuando llegamos no sabemos qué hacer. Yo lo tengo muy claro: ir a King Cross y hacerme una foto en el andén 9 y ¾ es uno de los sueños viajeros que me quedan por cumplir. Fuera de eso, el British Museum cuenta con una colección de arte egipcio impresionante y si quieres ver arte griego, no vayas a Grecia, vete al British. La gastronomía no es muy destacable… comer y cenar en el chino, el hindú o el Thai de la esquina de tu hotel, es prácticamente obligatorio. La opción son los pasteles de riñones y otras repugnancias similares. Londres mezcla la arquitectura más vanguardista con edificios del siglo XI de manera perfecta, así que hay que visitarlo al menos una vez en la vida.

Con Tallinn y Praga me encuentro ante una dicotomía, son ciudades similares, de esas que caminando por ellas, te da la impresión de estar en un cuento de los hermanos Grimm y como no puedo decidir cuál de las dos es más bonita y perfecta, incluyo ambas en este listado. Las dos nos teletransportan a tiempos pasados ficticios, las dos tienen su ciudad vieja incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y las dos merecen ser visitadas al menos una vez en la vida.

En Asia hay varias ciudades que merecen entrar en esta lista, pero me voy a limitar a Hong Kong, la China capitalista, la Nueva York de oriente y bla bla bla. Todo lo que aquí escriba es poco para describirla. Su paseo de las estrellas emulando al de Los Ángeles, donde todos los nombres nos sonarán a chino (y nunca mejor dicho), el mercado nocturno de Temple Street y las impresionantes vistas de los rascacielos de la ciudad que podemos ver desde El Pico, son solo algunas de las cosas a hacer en esta ciudad y por ello, entra en este magnífico listado de sitios de visita obligada en los 82,5 años de esperanza de vida que tenemos los españoles.

Para terminar, no quiero que falte una ciudad de uno y no más y esa ciudad es El Cairo, en Egipto. Si bien Egipto es país obligatorio para todo viajero que se precie (cuando no hay peligro de que nos pille allí una primaveral revolución) esta urbe es un auténtico caos. Conducen como locos y en muchos casos, sin seguro; el zoco es una vorágine en la que los olores, el polvo y el sol te golpean sin piedad (y si eres mujer, da igual cómo te llames, te llamarán Mari Carmen); la contaminación acústica y ambiental es perenne; y la pobreza infantil campa a sus anchas. Siendo justos hay que decir que en El Cairo también encontramos la Esfinge, el Museo del Cairo en el que, dejando a un lado las innumerables y valiosísimas piezas de arte que acumula, se encuentra la mejor colección de momias del mundo (MOMIAS), y por supuesto, las pirámides y esto elimina todo lo malo que pueda tener El Cairo, porque solo por estas tres cosas, merece la pena visitarla. Aviso a navegantes: hay que hacer muchas fotos en la ciudad y verlo todo, porque no querréis volver.

Y estas son las ciudades que hay que ver al menos una vez en la vida. Sé que me dejo muchísimos sitios, pero están incluidos en la lista de países que hay que ver una vez en la vida, en este listado hay destinos como Senegal, Nueva Zelanda, Japón, Argentina, Chile, Kenia, España o Australia. Sí, hay que visitar estos países también. En mi caso, la esperanza de vida se me hace corta para todo lo que tengo que ver en el mundo y doy gracias porque los viajes a Marte todavía no estén bien establecidos para el común de los mortales, de lo contrario iba a tener que vender mi alma al diablo para poder pagar otros 82 años.

Imagen | Flickr – Genaro