De un mordisco. Sin apenas paladear, aunque era algo ya conocido, el grupo mexicano Bimbo ha anunciado la compra del 100% de las acciones de Panrico al fondo de capital riesgo estadounidense Oaktree, dueño de la empresa catalana, por 190 millones de euros.

La operación, que está sujeta a la autorización de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), incluye la adquisición por parte de Bimbo de marcas emblemáticas como Donuts, Donettes, Bollycao, La Bella Easo, Eidetesa y Qé!.

Grupo Bimbo refuerza con esta transacción su presencia en España y Portugal, complementando su cartera de productos, la implantación de fábricas y su red de distribución. Durante 2014, Panrico generó unas ventas por alrededor de 280 millones de euros.

Bimbo está presente en España y Portugal a través de su filial Bimbo Iberia, donde comercializa más de 100 referencias diferentes de las marcas Bimbo, Silueta, Ortiz, Martínez, Eagle, Bony, Pantera Rosa, Tigretón, Thins, Oroweat y Thomas. La compañía tiene cerca de 2.000 empleados y cuenta con nueve plantas.

En todo el mundo, posee 166 plantas y aproximadamente 1.600 centros de venta localizados en 22 países de América, Europa y Asia. Sus principales líneas de productos incluyen pan de molde fresco y congelado, bollos, galletas, pastelitos, muffins, bagels, productos empaquetados, tortillas, snacks salados y confitería, entre otros.

Panrico y su final anunciado

El auge de la marca blanca, sumado a la venta de Panrico a fondos de capital riesgo y algunas decisiones controvertidas, están detrás del lento y sostenido declive de la panificadora española. El descenso a los infiernos de Panrico se ha consumado. Su competidora, el grupo mexicano Bimbo, la ha comprado.

Todo empezó cuando la familia Costafreda, tradicional propietaria de la firma, se deshizo de su participación en Panrico, para que el fondo de capital riesgo Apax Partners se quedara con un 75% del accionariado, con intenciones ampliar esta cuota hasta el 100%. Era 2005 y España estaba en la Champions League de la economía, pero las cosas no tardaron en torcerse.

Cuando la crisis explotó, aunque las consecuencias no fueron inmediatas, sí se dejaron sentir al poco tiempo. Las personas cambiaron sus hábitos de consumo y pasaron a pedir el jamón de york en lonchas finitas para que cundiera más y a comprar productos de marca blanca.

El éxito que han tenido en los últimos años estos productos “genéricos” de bajo coste es una de las razones que se encuentran detrás del ocaso de Panrico. Además, el crecimiento de la marca blanca ha ido de la mano del éxito de Mercadona, que en la última década ha consolidado un modelo de interproveedores, que suministran productos en base a unas relaciones comerciales de confianza y a largo plazo con la cadena.

De hecho, una de estas compañías que abastecen a Mercadona, el Grupo Siro, informó en su memoria anual de 2014 de que habían ganado 10 puntos de cuota de mercado en el sector del pan de molde gracias a sus formatos de ahorro.

Extrañas decisiones

Sea como fuere, durante la época de los fondos en Panrico se tomaron decisiones controvertidas, como el envasado de los Donuts para que mantuvieran mejor su frescura. La medida no cuajó en el mercado y muchos consumidores acabaron recibiendo el mensaje al revés: “estas roscas son industriales -pensaban- porque están envueltas en plástico”.

Crisis, marca blanca y decisiones polémicas; era una combinación letal. Pronto, los problemas se trasladaron a la producción y a los trabajadores, aunque hace un año la Audiencia Nacional declarara injustificados 155 despidos dentro de los planes de reestructuración de plantilla.

Imagen | Flickr – Mike Mozart