A los buques de transporte, ya sea de personas o mercancías, les resulta esencial contar con sistemas que les permitan realizar las operaciones de carga y descarga con seguridad. El uso de sistemas anti-escora es una solución económica y eficiente que permite a este tipo de buques mejorar considerablemente las condiciones en que operan. Os explicamos a continuación los principios básicos de funcionamiento de estos curiosos sistemas y sus posibles aplicaciones.

Cuando un barco se encuentra a flote, el desplazamiento de objetos que suponen un peso significativo respecto a la masa que tiene el buque, provoca un cambio en el centro de gravedad del propio barco. Ello da lugar a que se produzca un giro alrededor del eje longitudinal del buque, que se denomina escora. El mismo efecto también se produce cuando se carga o descarga un peso en el barco. Los sistemas anti-escora instalados en los buques tienen como misión dotarlos de un momento recuperador, para contrarrestar los efectos producidos por el desplazamiento de las cargas a bordo.

Este tipo de sistemas se incorpora habitualmente en buques que se destinan al transporte de carga rodada –como en ferris (que transportan vehículos en sus bodegas), o en buques carcarrier (transporte puro de vehículos)–. Para evitar que se produzcan escoras excesivas que pudiesen dañar los portalones por donde acceden los vehículos cuando se encuentran abatidos sobre el muelle de carga, los tanques anti-escora permiten corregir el cambio que provocan los movimientos de la carga en el centro de gravedad del buque. También es usual encontrar este tipo de sistemas en buques offshore con grúas propias y en buques portacontenedores.

Su funcionamiento se basa en dos tanques situados a ambos costados del barco, comunicados por una tubería que permite el paso del agua de una banda a la otra. Mediante el trasiego de agua, se consigue compensar de forma inmediata la escora producida por el movimiento de cargas. Estos tanques se sitúan normalmente lo más cerca de la zona central del buque y donde la manga sea máxima, para maximizar el efecto que producen.

El sistema anti-escora sólo se acciona durante las operaciones de carga y descarga del buque, quedando los tanques automáticamente incomunicados mediante dos válvulas de mariposa en cualquier otra situación. Asimismo, el propio sistema realiza una medición permanente del ángulo de inclinación del buque mediante un inclinómetro, que en caso de detectar una escora excesiva –estipulada de antemano–, acciona una potente bomba que permite trasegar agua del tanque de un costado al otro, en función de la inclinación detectada.

Cada tanque está dotado de sensores de nivel que permiten conocer la altura de la columna de agua y, en consecuencia, la cantidad de agua que se debe trasegar. Con ello, se genera un cambio de pesos adecuado que compensa la inclinación del buque y reduce o anula su escora.

Algunos sistemas anti-escora también pueden funcionar como sistemas anti-balance, compensando los movimientos de oscilación que se pueden producir en el buque durante la navegación. En estos casos, los tanques se comunican de forma permanente por su parte inferior y superior, forzando el movimiento del agua mediante la inyección de aire a alta presión por la parte superior.

Los astilleros privados españoles no son ajenos a todos estos sistemas y, de igual manera que han evolucionado a lo largo de su historia en la construcción de buques de diversas tipologías, han sabido estar en todo momento a la vanguardia en su incorporación a una gran diversidad de tipos de buques. De hecho, ahora más que nunca, ante la inestable situación en el mercado offshore, donde los astilleros privados nacionales centraban tradicionalmente la mayor parte de su producción, se empieza a observar un repunte de la actividad de construcción en nichos de mercado donde estos sistemas resultan de especial importancia, tales como en ferris, pesqueros, oceanográficos o buques multipropósito.