“Podemos no va a hacer nada que ponga en riesgo al país”, aseguró ayer Nacho Álvarez, responsable del área de Economía del partido que lidera Pablo Iglesias. Y para muestra, un botón, Álvarez explicó que Podemos ya no se centra en la deuda pública cuando habla de reestructuración sino en la privada, “mediante leyes de segunda oportunidad y dación en pago para hogares y pymes”. La reestructuración de la deuda pública, comentó, vendrá gracias a la mutualización que está llevando a cabo el BCE con su política de compra de bonos públicos.

España vive en elecciones. El Gobierno legisla con el tic-tac de las elecciones de fondo, la oposición y los aspirantes modulan su discurso y su oferta con la mirada en las elecciones y los ciudadanos viven en medio de un mercadillo intentando discernir quién lo tiene de verdad más fresco. Ayer la Asociación de Prensa de Información Económica (Apie) tuvo la buena idea de juntar en el mismo escaparate a los cuatro responsables del área económica de los cuatro partidos que, roto el sistema binario, están llamados a jugar un papel relevante en el próximo Parlamento y por ende en el próximo Gobierno (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos). Allí, codo con codo los unos con los otros, se pudo ver el fino hilo que lo mismo podría servir para coser un pacto futuro que para ahorcarlo. Ayer se vieron distancias que ni en AVE pero también puntos en común que dejaron a los extremos no ya tocarse, frotarse entre sí sin disimulo.

Una de esas coincidencias chirriantes tuvo diferentes subtítulos para una misma imagen. Ahora todos son Europa, muestran respeto y disponibilidad para acatar los pasos de sus instituciones y las consideran el mejor instrumento para la prosperidad del Viejo Continente. Será que es difícil borrar de la retina las colas de ciudadanos griegos a la puerta de los bancos, las manos extendidas de los ancianos pidiendo el número que les dará vez para cobrar su pensión. Es difícil sustraerse al efecto que el transcurso de las negociaciones entre el Gobierno de Syriza, la troika y el resto de gobiernos de la Unión Monetaria ha tenido en la castigada población helena. Tremenda tentación. En ese caldo de miedo flotaron ayer las propuestas económicas y los dardos envenenados. Desde Podemos al Partido Popular, pasando por el PSOE y Ciudadanos, todo el mundo somete sus propuestas a la venia de Europa, nadie quiere ser el próximo protagonista del sobresalto o desde luego nadie quiere que los ciudadanos piensen que lo puede ser si llega al poder.

El más llamativo en esta oda a la calma es Podemos. La formación de Pablo Iglesias se considera hermana de Syriza y no ha escatimado esfuerzos en respaldar y unirse a su discurso contra la austeridad y el poder de los acreedores con propuestas que allá por el Pleistoceno podemita incluían una reestructuración de la deuda española tras un proceso de auditoría para saber qué parte pagar y qué parte no.

Aquellas primeras ideas quedaron ya revisadas pero ayer Nacho Álvarez, responsable de Economía de Podemos, tuvo un discurso todavía más distinto cuando se le consultó sobre reestructuración de la deuda: “Podemos no va a hacer nada que ponga en riesgo al país“, vaya esto por delante. Además, recordó que no son pocos ni del mismo signo los economistas que consideran inviable el nivel actual de deuda pública y privada que acumula España, que “está limitando la capacidad de que se robustezca el incipiente crecimiento actual”. Dicho esto, ¿de la reestructuración qué, oiga? Nada, Álvarez escapó del lío por la puerta de la deuda privada. La pública, hoy por hoy, no se toca ni para mentarla. Ahora, cuando Podemos habla de reestructurar deuda, se refiere a “leyes de segunda oportunidad para hogares y pymes”. ¿Y qué pasa con la deuda pública? “Hay que avanzar hacia la mutualización” en el sentido “iniciado por el QE (quantitative easing o política expansiva de compra de bonos públicos y privados) y que sea en torno al BCE que se haga el proceso de mutualización de las deudas”. 

Ahora, cuando Podemos habla de reestructurar deuda, se refiere a “leyes de segunda oportunidad para hogares y pymes”. La reestructuración de la deuda pública la limitan actualmente a la mutualización que está llevan a cabo el BCE. 

Luis Garicano, presente como responsable de Economía de Ciudadanos, no dudó en explotar el filón abierto al hablar de la necesidad de gastar menos en un área para poder destinar recursos a otra (se refería a la propuesta de su partido de gastar menos en grandes infraestructuras como el AVE para dedicar más a I+D). Es así, explicó, “si no se piensa hacer como Syriza, unos señores que hicieron promesas maravillosas de hacer un ‘sinpa’ (irse sin pagar), algo que a los que prestan no les gusta nada. Eso que se lo pregunten a Podemos”, lanzó el dardo, “si piensan hacer un ‘sinpa'”. 

“No”, contestó rotundo Nacho Álvarez. “Me alegro”, siguió Garicano, quien incluso pidió que si Bloomberg y Reuters estaban en la sala tomasen nota porque esa era “la noticia del día”. Ambas agencias son especialmente utilizadas por los inversores para su toma de decisiones, es decir, por los mercados, a quienes debía lanzarse el mensaje tranquilizador en opinión de Garicano. 

El Partido Popular, lo que es mucho menos sorprendente, habló de la evolución de Europa hacia una unión también política y no solo monetaria y destacó las propuestas de los cinco presidentes para avanzar en ese sentido. 

Y en medio del pote se quedó el PSOE, que quiere hacer cosas diferentes a lo que Europa ha dicho hasta ahora pero solo si Europa les deja. Apostaría por ejemplo “por políticas de estímulo pero cuyas posibilidades deberían ser estudiadas en el seno de Europa, como el Plan Juncker”.