Grecia y la eurozona rompieron ayer su historia de desencuentros. Las negociaciones entre Atenas y el Eurogrupo acabaron sin final feliz. El órdago lanzado por el primer ministro griego, Alexis Tsipras, de convocar un referéndum para someter al voto del pueblo las condiciones de la Troika dejó trastocados al resto ministros de Finanzas. Resultado: el próximo 30 expira el programa de rescate actual y Atenas ya no recibirá financiación europea. El Banco Central Europeo tendrá que decidir si puede seguir aliviando la economía griega con préstamos de emergencia.

El ministro de Finanzas de Finlandia, Alexander Stubb, daba con las claves al llegar al Eurogrupo. «Con el anuncio de este referéndum se cierra la puerta para cualquier negociación adicional y la única opción que se puede discutir es el plan B,  no hay otra cosa sobre la mesa. Tenemos que ver cuáles serán los siguientes pasos y sus consecuencias para Grecia y para todo el Eurogrupo. Es muy importante que el Eurogrupo y la eurozona sigan firmes y comprometidos en los próximos días de esta crisis», sentenciaba. El plan B pasa por analizar cómo afrontar un default de Grecia y las consecuencias de un posible Grexit.

Sus palabras ayudaron al presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, a exponer su discurso ante la prensa después del Eurogrupo, quien afirmaba que las negociaciones se han acabado por un portazo del Gobierno griego. «Me quedé sorprendido muy negativamente por la decisión del Gobierno griego, que ha roto las negociaciones cuando a mi parecer aún no habían terminado», señaló. Las instituciones lanzaron una propuesta «lo más lejos que se podía llegar en términos de flexibilidad».

El Gobierno de Tsipras decidió someter a votación la propuesta europea.

El Ejecutivo heleno, por su cuenta y riesgo, decidió someter a la votación de su pueblo la propuesta europea; una ampliación de cinco meses y un desembolso de 15.500 millones de euros a cambio de severas reformas en pensiones, IVA e impuestos. El ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, recordaba al Eurogrupo que Grecia ni ha rechazado ni aceptado la propuesta de la Troika, a esperas de que hable la ciudadanía el 5 de julio. Pero Bruselas no acepta su petición de prórroga.

La oferta de las instituciones seguía ayer sobre la mesa. Nada varió al respecto, salvo que los ministros esperaban que fuera el propio ministro griego quien les confirmara lo que les había dejado atónitos: la decisión de convocar en el último momento un referéndum cuando lo que se esperaban era cerrar un acuerdo que pasara el domingo por el Parlamento griego. Confirmada la noticia, quedaban zanjadas nuevas negociaciones. Las puertas quedaron cerradas, aunque Varufakis seguía afirmando después del Eurogrupo que sigue habiendo margen para la negociación.

«Tenemos que saber que la situación Grecia se deteriorará muy rápidamente. Las autoridades griegas pidieron una prórroga de un mes. Pero durante ese mes no puede haber desembolsos, ¿cómo puede el Gobierno griego pensar que sobrevivirá y afrontará sus problemas financieros en ese periodo?», se preguntaba Dijsselbloem.

¿Y si los griegos dicen ‘sí’?

En una de las semanas más frenéticas de reuniones extraordinarias en Bruselas, la voluntad para llegar a un acuerdo quedó ayer diluida. Pero esa ruptura da por hecho que el resultado del referéndum griego será negativo. Es cierto que después de tanto tiempo de negociaciones y el curso que han ido siguiendo es difícil augurar un final distinto. Tampoco es probable que un Gobierno convoque un referéndum si no cree que su postura va a ser respaldada. Pero todo es posible.

El presidente del Eurogrupo se mostraba poco convencido de que el pueblo griego se fuera a mostrar partidario de un acuerdo con las instituciones. Su razón; la mala fama que el Gobierno heleno ha ido creando sobre las propuestas de las instituciones. Preguntado expresamente sobre esta posibilidad, Dijsselbloem se mostraba franco. «Nuestra experiencia con los diferentes programas es que sólo funcionan si los Gobiernos creen en lo que tienen que hacer. En el caso del Gobierno griego, ha hablado tan mal y tan en negativo sobre la propuesta que ni siquiera con un `sí´en el referéndum no creo que vayan a implementarla», consideraba.

Por lo tanto, la crisis entre Grecia y el Eurogrupo ha ido más allá. Ya no hay confianza. Desde Bruselas no se cree en los compromisos de Atenas con o sin referéndum. Sobre cómo afrontar un resultado positivo del referéndum, Dijsselbloem no quiso entrar. «Tenemos que ir paso a paso. La propuesta de referéndum está en el Parlamento griego. Tienen que saber los riesgos pero ahí no podemos ayudar. Les hablo desde el lamento y es el Parlamento quien tiene que decidir», concluyó.

El futuro de la Eurozona

Por lo pronto Grecia quedó fuera de la segunda parte de la reunión del Eurogrupo, en la que se debatió tras la rueda de prensa qué medidas poner en marcha para «mantener la credibilidad» del club de la moneda única. Por primera vez fueron 18 los ministros que estaban presentes en dicha reunión, a la que no se invitó al ministro griego.

En un comunicado final, firmado por todos los miembros del Eurogrupo salvo Grecia, los ministros se mostraron dispuestos a hacer «lo que sea necesario» para asegurar la estabilidad financiera del euro. «Veremos los próximos pasos que vamos a dar porque estamos convencidos de que mantendremos la fortaleza del euro», anunciaba Dijsselbloem.

No permitir al ministro griego asistir pudo haber sido una decisión unilateral del propio presidente del Eurogrupo, así al menos lo confirmaba el portavoz de Varufakis, quien aseguraba que el resto de socios no habían tenido nada que ver en esa determinación. 

Foto: Spaceshoe en Flickr