Un ciudadano de Santo Tomé y Príncipe, un pequeño archipiélago situado en el Golfo de Guinea, se ve obligado a trabajar catorce días para adquirir los mismos medicamentos esenciales que un ciudadano de España o de Italia puede conseguir con lo que gana en menos de una hora de trabajo.

Esta es la conclusión de Medicamentalia, una laboriosa y meritoria investigación llevada a cabo por los periodistas Eva Belmonte y Miguel Á. Gavilanes para el portal de transparencia CIVIO y que fue publicada el pasado martes.

El estudio fue elaborado siguiendo la metodología que desde 2003 han puesto en común la organización humanitaria Health Action International (HAI) y la Organización Mundial para la Salud (OMS) para recopilar y comparar los precios, la accesibilidad y la estructura de costes de catorce medicamentos esenciales.

El objetivo de esta metodología es establecer la diferencia entre lo que cuesta adquirirlos en unos países y otros, teniendo en cuenta, entre otros factores, la relación entre precios e ingresos de los ciudadanos. Esta información, según los autores del informe, “es imprescindible para desarrollar políticas basadas en la evidencia”, tal como ya han hecho países como Indonesia, Líbano, Nigeria y Tayikistán, y “ofrecer datos y argumentos a gobiernos y organizaciones en sus negociaciones con las farmacéuticas”.

No obstante, recuerdan los autores, aunque el precio sea un factor importante (directamente relacionado con los presupuestos de los Estados o con la capacidad económica de las personas), no es el único a la hora de afrontar el tema del acceso a los medicamentos. De hecho, en algunos países el sistema público de salud permite que los medicamentos sean gratuitos para los pacientes (como ocurre en Brasil con el antibiótico Amoxicilina), pero no sirve para compensar problemas de suministro o de distancia a las farmacias que también dificultan el acceso.

 

 Ciprofloxacino 500Mg

 

En estas circunstancias, y teniendo en cuenta todos los factores, un tercio de la población del planeta tiene problemas para acceder a las medicinas necesarias, mientras que el 15 por ciento de los habitantes del planeta consume el 90 por ciento del gasto mundial en productos farmacéuticos, según se desprende de los datos de la OMS.

El estudio Medicamentalia tiene en cuenta dos valores relativos: la relación del coste con un precio de referencia internacional y las horas de trabajo que necesitan los ciudadanos de cada país para comprar el tratamiento completo. Todos los cálculos están basados en el genérico más barato y en el sueldo medio del funcionario peor pagado de cada país.

Pues bien, con esos patrones de estudio, la investigación llevada a cabo a partir de los datos de 56 países ha permitido constatar que una misma pastilla “ronda los 880 euros en Estados Unidos, los 280 si quien lo compra es el Gobierno de España y los 490 para el francés”.

Aunque estas diferencias de precio son “mucho más llamativas entre medicamentos patentados, como el famoso Sovaldi, el nuevo tratamiento contra la Hepatitis C”, incluso en los medicamentos genéricos, cuyas patentes caducaron hace años, “la disparidad de costes por países son más que notables”. De hecho, ninguno de los catorce medicamentos analizados está registrado bajo patente, lo cual no impide que la diferencia entre lo que cuesta adquirirlos en unos países y otros “sea espectacular”.

A modo de ejemplo, el informe indica que un trabajador de Kirguistán necesita once días de sueldo para comprar en la farmacia un inhalador para el asma (Salbutamol) que un trabajador español consigue con solo 48 minutos de trabajo y un alemán con 115 minutos. Otros casos significativos son los de Nigeria o Congo, donde un tratamiento con omeprazol (30 pastillas) puede costar casi 13 días de trabajo. En España, Italia y Alemania, el mismo tratamiento se costea con entre una y dos horas de salario.

Santo Tomé y Kuwait frente a España e Italia

En conjunto, el país en el que resulta más caro el acceso a los medicamentos es Santo Tomé y Príncipe, con el equivalente a catorce días de trabajo, una media que se eleva considerablemente en el caso de un antibiótico habitual contra la neumonía o las infecciones urinarias y sexuales como el Ciprofloxacino, que en 2008 equivalía a más de 38 días de trabajo; o de la Simvastatina, que se usa para reducir los niveles de colesterol en sangre y que suponía ese mismo año 45,45 días de trabajo.

En segundo lugar se encuentra Kuwait, con siete días (en este país, el Ciprofloxacino costaba en 2004 hasta cien veces el precio de referencia internacional) y, en el otro extremo, se encuentran Alemania, con hora y media de trabajo, y España e Italia, con menos de una hora.

En lo que respecta a la relación con el precio de referencia, el estudio cita varios ejemplos significativos, como Sudán, donde el Diclofenaco, un antiinflamatorio y analgésico que se usa contra dolores menores o crónicos, como el de la artritis, costaba en 2013 hasta 29,30 veces el precio de referencia internacional. O Marruecos, donde el ya mencionado Ciprofloxacino costaba en 2004 hasta 82,76 veces el precio de referencia.

Compras conjuntas de medicamentos

Según los autores del informe, diversas organizaciones regionales, como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR, que engloba a los doce países de América del Sur, con sus 400 millones de habitantes), “trabajan ya en la creación de bancos de datos comunes y compras conjuntas”.

También lo hace la Unión Europea. El pasado 20 de junio, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó el acuerdo de adquisición conjunta de contramedidas médicas, aprobado justo un año antes y que entró en vigor en España el pasado mes de abril. Junto a España, el acuerdo ha sido firmado por Bélgica, Bulgaria, República Checa, Alemania, Estonia, Irlanda, Grecia, Francia, Croacia, Italia, Chipre, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Hungría, Malta, Países Bajos, Austria, Polonia, Portugal, Rumanía, Eslovenia, República Eslovaca, Finlandia y Reino Unido.

El acuerdo, tal como recuerda la propia CIVIO, se empezó a gestar tras la crisis de la Gripe A y pretende enfrentar de forma conjunta las “amenazas transfronterizas graves para la salud” a través de compras en bloque de medicamentos o material sanitario.

Aunque lleva un año de andadura, el acuerdo no ha dado grandes resultados, ya que, recuerda el citado portal de transparencia, los Estados miembros están negociando y comprando de forma individual el nuevo tratamiento para la Hepatitis C, patentado por Gilead, pese a que su alto coste llevó a plantear una negociación conjunta en Bruselas que finalmente “no fraguó”.

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