En su primer año como entrenador de un equipo de la NBA un americano-israelí con experiencia en la Euroliga (David Blatt) ha conseguido llevar a los Cleveland Cavaliers de Lebron James a las Finales, poniendo contra las cuerdas pese a las bajas a los finalmente campeones Warriors.

La temporada que acaba de concluir David Blatt al frente del banquillo de los Cleveland Cavaliers solo puede en mi opinión calificarse de exitosa. Al margen de algún episodio puntual de confusión que no fue más allá de la anécdota, el novato coach de los Cavs ha logrado cumplir su objetivo de llevar al equipo a las Finales de la NBA y, una vez ahí ganar dos partidos a los flamantes campeones, los Golden State Warriors. Tras coronarse el año pasado contra todo pronóstico campeón de la Euroliga, este año ha llegado hasta el último escalón de la gloria NBA con un equipo que, sin las bajas que ha sufrido, posiblemente hubiera dado mucha más batalla.

Más allá del hecho de que haya sido un entrenador debutante (su rival, Steve Kerr, también lo era), y más allá del mérito innegable que ha tenido ganar dos partidos en las Finales con las bajas de tres de tus cuatro mejores jugadores (Kyrie Irving, Kevin Love y Anderson Varejao) lo verdaderamente reseñable en el caso de Blatt creo que reside en la demostración empírica de que los entrenadores extranjeros pueden triunfar en la NBA.

Sí, lo sé, Blatt nació en Estados Unidos, se formó en escuelas y universidades de Estados Unidos (nada menos que en Princeton) e incluso defendió la camiseta de la Selección de Estados Unidos (en los juegos macabeos de 1981). Conoce y ha mamado la cultura baloncestística estadounidense, esa especia de barrera infranqueable para los entrenadores del resto del mundo. Pero su carrera profesional se ha desarrollado siempre fuera de territorio yanqui, con temporadas en Israel (su verdadero hogar desde los años 80), Grecia, Rusia, Turquía e Italia. Ni siquiera ha tenido algunos años de adaptación trabajando antes como asistente. Es, si se me admite la licencia, el primer entrenador no estadounidense de la historia de la NBA; y ha triunfado.

Más facilidades que el resto

En su momento dos de los mejores y más exitosos entrenadores europeos (Ettore Messina y Zeljko Obradovic) fueron tentados por la idea de cruzar el charco y probar suerte en las américas. En el caso del serbio los cantos de sirena de la mejor liga del mundo no pasaron de eso, de especulaciones. Otra suerte ha corrido el entrenador italiano, quien en 2011 ya trabajó en los banquillos de Los Angeles Lakers como asistente, labor que ha vuelto a repetir esta temporada. Ninguno de los dos, posiblemente los entrenadores más laureados del continente, ha logrado dar el salto para dirigir una franquicia. Blatt sí.

Visto con perspectiva tenía mucho sentido que fuera David Blatt el primer entrenador internacional en hacerse cargo de la plantilla de una franquicia de la NBA. Pese a que toda su experiencia como entrenador se ha desarrollado en la Europa baloncestística (Israel y Rusia lo son a estos efectos), las ventajas para ser una suerte de pionero eran muchas: conocimiento profundo de la lengua y la cultura, experiencia como entrenador del equipo posiblemente más estadounidense de la Euroliga (el Maccabi, con seis jugadores nacidos en EEUU)…

Cohesión y estrategia cambiante

En el plano estratégico, táctico y baloncestístico creo que la labor de Blatt ha sido encomiable pese a que durante los primeros meses de temporada el equipo no acabó de funcionar. Contaba con un flamante Big Three (Lebron, Love e Irving), pero era un equipo hecho por encargo para The Chosen One y las piezas estaban aún sin ensamblar. Una vez que lograron estarlo en el momento preciso de la temporada: en su tramo final, cuando Cleveland se convirtió en un equipo sencillamente temible.

La mala fortuna (y una salvajada quiero pensar que involuntaria de Olynyk) acabaron con el hombro y la temporada de Kevin Love; pocos días después la fatiga de materiales y una misteriosa lesión de rodilla dejaban fuera de juego también al escolta Kyrie Irving. En tres semanas las expectativas del equipo se derrumbaban y lo que era una final casi asegurada se convertía en un playoff para salvar la cara.

Pese a los contratiempos, la capacidad de Blatt de improvisar con lo que tenía disponible ha sido considerable. De una plantilla planteada como un equipo polivalente y con una tremenda capacidad de amenaza desde el exterior (Love, Irving, Shumpert, Jones, el propio Lebron…) el entrenador israelo-estadounidense forjó un equipo de gladiadores dispuestos a dejarse la piel por King James: Planteó una interesante batalla en los tableros colocando la mayor parte del tiempo a dos pívots como Mozgov y Thompson que resultó en todo un éxito los primeros tres partidos de las Finales y que acabaría obligando a Kerr a sacar a su pívot titular (Andrew Bogut) de la rotación.

Junto con la batalla interior Blatt planteó una eficaz idea para frenar al mejor tirador del mundo: Situó a Matthew Dellavedova como un perro de presa sobre Stephen Curry. La estrategia se complementaba con un lebronsistema en ataque. Todos los balones y todas las decisiones pasaron por él. Era la única posibilidad. Y la estrategia funcionó mientras duró la gasolina de los siete jugadores de la rotación y mientras los ajustes de Kerr no acabaron por encontrar agujeros en ese plan épico. ¿Podría haber sacado un mejor resultado otro entrenador con los mimbres que disponía Blatt en estas Finales? Es difícil responder a esta pregunta, pero no es fácil imaginar cómo.

¿Quién será el siguiente?

Tras el desembarco masivo de jugadores internacionales iniciado en la década de los 2000, la siguiente frontera para la NBA es la internacionalización de sus entrenadores. Blatt es, en mi opinión, un primer paso en este sentido por los motivos que ya he explicado. Ha sido un primer experimento exitoso y es de esperar que estén más por venir. Hay dificultades y obstáculos evidentes, como el idioma o la cultura corporativa (nada tiene que ver un club grande de baloncesto europeo como el Real Madrid con una franquicia NBA; nada), pero nada es insalvable; si los jugadores pudieron dar el salto, los entrenadores lo harán tarde o temprano.

¿Quiénes son los mejor situados? Es obvio que los dos grandes (Obradovic y Messina) estarán siempre en las quinielas para acabar dirigiendo un equipo NBA. De estos dos lo tiene aparentemente más fácil el italiano, que ya está trabajando como asistente de los San Antonio Spurs a las órdenes de un gigante como Popovich. Otros candidatos ya son más difíciles de prever, porque los más prestigiosos (Maljkovic, Aíto, Ivkovic) son quizás muy mayores para dar ahora el salto. Otros entrenadores exitosos como el francés Vincent Collet, los griegos Bartzokas y Katsikaris o el catalán Xavi Pascual simplemente ni han sonado en las quinielas. Parece que está cerca, pero resulta difícil adivinar quién será el primer entrenador 100% internacional de la NBA. 

EDITO: Tras las Finales, el periodista Gonzalo Vázquez ha relatado por Twitter algunos desencuentros que ha habido durante las series entre el entrenador nacionalizado israelí y la máxima estrella de los Cleveland Cavaliers. Creo que merece la pena incluirlos.

FOTO: ERIC DROST en FLICKR