Actualmente hay 59,5 millones de personas refugiadas y desplazadas internas que han tenido que abandonar su hogar a causa de conflictos armados y violaciones de derechos humanos. ACNUR calcula que la cifra aumenta en 1.770 cada hora. La mitad son niños.

Según la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, hecha en Ginebra el 28 de julio de 1951, la persona refugiada es aquella que ha tenido que salir de su país de origen debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera, acogerse a la protección de tal país.

Los desplazados internos son aquellos que, sin haber cruzado una frontera internacional, han sido forzados a huir de sus hogares para escapar del conflicto armado, la violencia generalizada, los abusos de los derechos humanos o los desastres naturales o provocados por el ser humano. Según ACNUR, este colectivo enfrenta un futuro más incierto que el de los refugiados ya que no existen instrumentos internacionales específicos para protegerles y podrían quedar atrapados en un conflicto interno, sin tener un lugar seguro donde permanecer. 

A finales de 2013, 51,2 millones de personas se encontraban en una de estas situaciones: 16,7 millones eran refugiadas, 33,3 millones eran víctimas de desplazamiento interno y 1,2 millones aguardaban la resolución sobre su solicitud de asilo. Es la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial y sigue en aumento.

A principios de 2014 y tras cuatro años de guerra civil, Siria se convierte en el primer país emisor de personas refugiadas. Más de la mitad de la población ha abandonado sus hogares. La mayor parte de los nuevos desplazamientos ocurrieron en Irak, donde al menos 2,2 millones de personas han huido de zonas sometidas al control del Estado Islámico.

Amnistía Internacional denuncia que “la actual crisis de los refugiados no se resolverá hasta que los líderes internacionales reconozcan que estamos ante un problema global”.  

Oriente Medio y África, los principales emisores

Los principales países de origen de los refugiados del siglo XXI son Siria, Afganistán, Somalia, Irak, Sudán y Sudán del Sur. La mayoría de los desplazados internos se encuentran en Siria, Colombia, Irak, Sudán, Nigeria y República Democrática del Congo.

Otros países africanos con altos índices de desplazamiento forzoso son Camerún, Mali, Costa de Marfil, Somalia, Etiopía y Kenia. En el continente asiático, Afganistán, India, Pakistán, Myanmar, Indonesia y Filipinas.

En Europa destaca Ucrania, donde la anexión de Crimea a Rusia y los combates entre el ejército ucraniano y las fuerzas separatistas han provocado que al menos un millón y medio de personas huyeran de sus hogares, según datos de ACNUR. Estos nuevos desplazados se suman a los que huyeron de la Guerra de los Balcanes a finales del siglo pasado y principios de este.

América acumula más de 7 millones de desplazamientos, habiendo aumentado la cifra un 12% de 2013 a 2014. En esta zona la causa más común del desplazamiento es la violencia criminal derivada del tráfico de drogas: México, Perú, El Salvador, Guatemala y Honduras. El 12% de la población de Colombia ha sufrido desalojos forzosos debido a la extracción de recursos y el 63% de ellos vive por debajo del umbral de la pobreza. 

Los países en desarrollo son más solidarios que los desarrollados

A finales de 2013, el 86% de las personas refugiadas en el mundo habían sido acogidas por países en vías de desarrollo. Este porcentaje ha aumentado en la última década (hace diez años acogían al 70%) si bien siempre han sido más solidarios que el llamado primer mundo. Destaca Líbano, que teniendo una población de 4,4 millones de habitantes, acoge a más de un millón de refugiados de su vecina Siria. Es decir, casi un tercio de su población actual es refugiada, lo que está creando tensiones políticas y económicas, así como entre la población siria y libanesa.

 

Pakistán, Irán, Turquía y Jordania también brindan protección a más de un millón de refugiados cada uno. Los países del Golfo (Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Kuwait y Bahréin) no han ofrecido ninguna plaza de reasentamiento para personas refugiadas sirias. Otros países de ingresos altos, como Rusia, Japón, Singapur y Corea del Sur, tampoco han ofrecido ninguna plaza de reasentamiento. Por su parte, Estados Unidos recibió 121.200 solicitudes de asilo en 2014 (casi la mitad que Alemania), siendo la mitad procedentes de Centroamérica; por nacionalidades, mexicanos y chinos son los principales demandantes de refugio en USA. 

Mientras, en la Unión Europea y según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), “hay un debate estéril y egoísta, alejado de los valores fundacionales de la Unión. El único debate que estamos escuchando es de rechazo. Los estados siguen poniendo el foco en las mafias. Es el sistema que hemos creado el que les empuja a buscar alternativas como pueden ser las mafias”. Siguiendo con la crisis siria, España aprobó el año pasado el asentamiento de 130 refugiados de los cuales, según Amnistía Internacional, “solo han llegado 60”. Pero no todos los países europeos se comportan igual: Alemania ha acogido a 30.000 sirios, aunque teniendo en cuenta el número de habitantes de los países de acogida, Malta y Suecia son los más solidarios de la UE.

A España han llegado, durante 2014, 5.947 solicitudes de protección internacional. Los principales solicitantes han sido sirios, seguidos de ucranianos, malienses, argelinos, palestinos, nigerianos, pakistanís y somalíes. El nuestro es un país con un bajo número de solicitudes si nos comparamos con nuestros vecinos: Francia recibió 62.735, 64.625 Italia, 31.1820 el Reino Unido y Hungría, 42.775. A la cabeza se sitúa Alemania con 202.645 solicitudes registradas el año pasado, un tercio del total registrado en la Europa comunitaria.

   

España hace frente al 0,95% del total de la UE a pesar de la recomendación de la Comisión Europea, que, calculando varios datos como el PIB y la tasa de desempleo, establece que nos correspondería dar respuesta a un 9,1% de estas solicitudes. El Gobierno español ve injusto el reparto entre Estados, dice que ya asume más peso que los demás y que no se ha sopesado lo suficiente el nivel de desempleo nacional. Pero es cuestión de voluntad, ya que a principios de los 90 el estado español acogió a unos 2.500 desplazados por el genocidio de los Balcanes y no hubo ningún problema. Las cifras del paro eran 1,7 puntos más altas que en la actualidad.

A pesar de todo, España recibe en los últimos años muchas menos solicitudes de las que cabría esperar teniendo en cuenta la cercanía geográfica con una de las zonas con mayor número de desplazados. Desde que se aprobó la primera Ley del Asilo en 1984, tan solo 180.580 personas han logrado acceder a este procedimiento. Menos que en Alemania en el último año. Desde CEAR apuntan a que esto se debe a ciertas “zancadillas” a la hora de ejercer el derecho de solicitud de asilo con especial discriminación hacia el colectivo subsahariano: “Las fronteras se están convirtiendo en un lugar donde se violan los derechos humanos. Se utiliza fuerza desproporcionada para expulsar a personas que no han tenido si quiera la posibilidad de solicitar asilo. Son rechazos ilegales”.

La mitad de los desplazados forzosos son niños

Con motivo del Día Internacional del Refugiado, que se celebra este sábado 20 de junio, la ONG Entreculturas pone el foco en los millones de niños y niñas que ven vulnerados a diario sus derechos a vivir en paz, a la educación y al juego. Según datos de la UNESCO, el 36% de los menores desplazados no tiene acceso a la escuela. Esta cifra aumenta hasta el 87% en los países árabes. 

Los conflictos armados tienen un gran impacto en la vida de las niñas y los niños, tanto de los que han podido traspasar fronteras (30 millones) como de los que siguen viviendo en zonas de conflicto (230 millones). En estos contextos de violencia generalizada, ir a la escuela se convierte en una tarea muy arriesgada, cuando no imposible, por la destrucción de infraestructuras y la falta de recursos humanos.

En el caso de los refugiados, las limitaciones vienen determinadas por la pobreza, la inestabilidad y las diferencias lingüísticas y culturales, que no siempre son tenidas en cuenta por el país de acogida. Líbano acoge a 1,2 millones de refugiados sirios, pero estar a salvo de la guerra no significa que puedan recuperar sus vidas: muchos tienen que compartir habitación con hasta 20 personas debido a las altas rentas de los pisos, no tienen acceso a agua potable y el 62% de los menores no puede ir al colegio.

También hay que destacar que, en la última década, ha habido un aumento de la violencia contra escuelas, estudiantes y docentes. Malala, la niña Pakistaní que fue tiroteada por los talibanes mientras iba al colegio y posteriormente recibió el Premio Nobel de la Paz, se pregunta: “¿Por qué razón países que llamamos poderosos tienen tanto poder para crear guerras y son tan débiles para traer la paz? ¿Por qué razón es tan fácil fabricar tanques y tan difícil construir escuelas?”