De pocas tipologías de personaje (antes como villanos, ahora como héroes) hemos aguantado tantas tonterías en la ficción reciente como de los hackers: desde los tiempos de la delirante película Hackers protagonizada por Angelina Jolie a la reciente encarnación del amigo informático al servicio del bien en CSI: Cyber , los expertos informáticos son contemplados con tono entre condescendiente y jocoso, se les adjudican poderes prácticamente mágicos y se les retrata a golpe de tópico conservador. Mr. Robot posiblemente cae en muchos de esos pecados, pero su ansia renovadora de la figura es tan admirable que sus problemas, al menos en el piloto, son fáciles de perdonar.

Mr. Robot – Episodio Piloto 2015

En Mr. Robot conocemos a Elliot (Rami Malek) un experto en seguridad informática con problemas psicológicos y de socialización que acaba encargándose de la seguridad de una poderosa corporación. Cuando decide no eliminar de sus servidores un virus entra en contacto con él Mr. Robot, un peculiar hacker interpretado por Christian Slater que tiene planes muy ambiciosos para ese pequeño archivo maligno.

Podemos detectar, solo en esa pequeña sinopsis, algunos molestos tics del tropo hacker: el pirata antisistema, el experto informático que malgasta su talento al servicio de una corporación, el virus como bomba de neutrones de la era de los ordenadores, el genio aislado en una burbuja, enamorado en secreto e incompredido por aquellos a quienes presta sus serviciosMr. Robot, sin embargo, los maneja con cierto salero gracias a su narrativa fragmentada y basada siempre en las percepciones de un narrador poco fiable y consumidor de drogas: el propio protagonista.

El tono hastiado y antisistema juguetea con fortuna con los tópicos gracias a un sentido del humor contundente, heredado de hitos de la narrativa moderna como El club de la lucha, y que lo mismo da una colleja a Blackberry que sitúa a Maroon 5 en lo más bajo de la pirámide del buen gusto. Quizá el protagonista podría haber sido descrito con algo más de originalidad, yendo algo más allá del genio que necesita medicarse para enfrentarse a una realidad que comprende demasiado bien -no como nosotros, pobres idiotas-, pero Sam Esmail, jovencísimo creador de la serie, tiene tiempo a lo largo de la primera temporada para matizar y enriquecer ese carácter.

Mr. Robot no es una serie revolucionaria, pero tiene los mimbres necesarios para ser un estupendo thriller tecnológico. Para empezar, no trata como un idiota al espectador, y los procesos informáticos están expuestos con relativo realismo (aunque cojea un poco en la búsqueda de un hacker por Google… después de que se haya puesto sobre la mesa el concepto de la deep web): la localización del virus está alejado de la grandilocuencia habitual, y se refleja todo, también en imágenes, con una belleza visual lógica y sobria.

Cuando sale a la palestra la inevitable palabrería informática, se prescinde de un perro guía que vaya explicando al espectador con metáforas banales todo lo que sucede en la serie. Y es una apuesta de la que Mr. Roboto sale victoriosa: el espectador no siempre tiene por qué enterarse de todo, pero entiende lo que está sucediendo. Una valiosa lección: quizás los espectadores no sean tan listos como a a algunos creadores de contenido les gustaría, pero decididamente lo son más de lo que creen los gerifaltes de las cadenas.