El PP prometió, desde la oposición y en su programa electoral, bajar el tributo a las empresas turísticas del 8% al 4%. Llegó al Gobierno y lo subió al 10%. El ministro de Industria sigue defendiendo el incumplimiento porque ayudó que no se interviniera la política económica nacional, lo que, a su juicio, habría llevado el IVA del turismo por encima del 20%.

En lo que parecía casi un acto de balance de legislatura, el ministro de Industria, José Manuel Soria, compareció ayer ante la comisión del ramo del Congreso de los Diputados. Se felicitó de la buena marcha del sector, se vanaglorió de que el país ha escalado posiciones en los rankings de turismo internacional (es el país más competitivo, según Davos; es el tercer país del mundo por llegadas de viajeros internacinoales y el segundo por ingresos por turismo; y presumió de la política turística del Gobierno en la que han participado muchos ministerios durante los últimos cuatro años.

Incluso aprovechó el ministro y lanzó algunos apuntes de visión estratégica para la industria: “España no debe, y el Gobierno no quiere, ser un país de turismo barato. No tenemos por qué serlo, somos un destino maduro que debemos combatir con otras fortalezas, no por precio”. A ver si se consigue.

Pero entre tantos parabienes y tanto ensalzamiento de la positiva evolución del turismo durante estos años, Soria tuvo que detenerse, azuzado por los diputados de la oposición, en uno de los asuntos que menos le gusta recordar y que le recuerden (aunque desde el sector turístico lo siguen haciendo en toda ocasión posible). Y es que al ministro le tocó de nuevo defender las bondades del gran incumplimiento de su programa electoral que el Ejecutivo en relación a la industria turística.

La promesa que no se cumplió

El Partido Popular, cuando estaba en la oposición, reiteró hasta la saciedad la necesidad de rebajar el IVA al turismo y la hostelería desde el 8% en que estaba entonces a un tipo superreducido del 4% para impulsar la competitividad del sector. Y el partido lo incluyó también en su programa electoral. Y, claro, las empresas y las patronales del sector creían que tenían la rebaja del IVA en el bolsillo cuando el PP llegó a la Moncloa. Pero… no.

El Gobierno, como parte de las medidas presupuestarias de choque que implantó en los albores de la legislatura, no sólo no rebajó el IVA al turismo, sino que se lo acabó subiendo (como les sucedió a otra multitud de sectores económicos). En lugar de pasar del 8% al 4%, en septiembre de 2012 acabó situándose en el 10%. El chasco entre las empresas del sector fue mayúsculo, y aún dura. Y ayer le tocó de nuevo a Soria sacar el argumentario y defender una medida que el ministro evita denominar subida, y prefiere hablar de “realineamiento de tipos” del impuesto.

Soria admitió que se trató de un “incumplimiento de los compromisos” expresados al sector turístico, y lo justificó en la necesidad de enjugar el déficit público de casi el 10% que el PP se encontró al llegar al Ejecutivo y que, según él augura, habría escalado al 12% o al 14% si no se hubiesen adoptado las duras medidas aprobadas. “El país iba a derecho a una intervención de su economía, iba derecho al rescate” internacional, subrayó ayer el ministro.”¿Qué habría supuesto ese rescate? Pues que el IVA no hubiera sido del 10%, sino que se habría alineado a los tipos más altos fijados en Europa y habría acabado en el 20%”. “Incumplimos en su día, pero lo hicimos en aras de un bien superior”, justificó el ministro. “El IVA pasó del 8 al 10%, sí. Pero la alternativa es que estuvieran por encima del 20% si nos hubieran intervenido“.

Tras la subida de 2012, el Gobierno siguió prometiendo en sus reuniones con representantes del sector. Primero se prometió que se revisaría el alza a lo largo de la legislatura, luego se matizó que se estudiaría la rebaja del IVA al turismo cuando el país volviera a crecer… Estas otras promesas también las recordaron ayer los diputados de la oposición, pero no hubo comentarios al respecto en la réplica del ministro.