Mariano Rajoy ha decidido tomar las riendas del PP para intentar ganar los comicios generales que se celebrarán, previsiblemente, el próximo mes de noviembre. Para ello, se ha comprometido ante los barones populares a asumir más responsabilidad en las decisiones del partido, presidiendo siempre que pueda el comité de dirección y nombrando a su hombre de confianza en Moncloa, Jorge Moragas, como director de campaña. Además, ha zanjado la crisis abierta en el PP con cambios mínimos, lo que deja en evidencia que no se fía del banquillo que tiene en Génova.

Algunos de los dirigentes críticos se han apresurado ya a cuestionar la decisión de Rajoy. “El elefante parió a un ratón”, describía gráficamente la situación uno de ellos en conversación con SABEMOS.

Y es que a buena parte del partido ha sorprendido que Rajoy decidiese mantener en la dirección de la calle Génova a los pesos pesados como la secretaría general, María Dolores de Cospedal, y el vicesecretario de autonomías y ayuntamientos, Javier Arenas, al tiempo que despedía a Esteban González, que seguirá como portavoz de los populares en la Eurocámara, y Carlos Floriano, a quien envía a la dirección del grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados. En su lugar, entran en la dirección del partido dirigentes jóvenes que hasta ahora ocupaban puestos de segunda fila.

Rajoy pretende ganar las elecciones generales de noviembre –si no hay adelanto electoral- con un nuevo equipo en Génova formado dirigentes con escaso peso en el partido. Salvo Pablo Casado, que será vicesecretario de comunicación, los otros tres cargos que llegan a la dirección del PP son prácticamente desconocidos por la opinión pública a nivel nacional. Se trata de Fernando Martínez Maillo, que será el responsable de organización; Javier Maroto, de sectoral; y Andrea Levy, de estudios y programas.

El número tres del partido, en sustitución de Carlos Floriano, es ahora Fernando Martínez Maillo, presidente de la Diputación de Zamora y vicepresidente de la Federación Española de Municipios y Provincias. En su haber se encuentra que en las pasadas elecciones de mayo consiguió como líder del partido en Zamora mantener la presidencia de la Diputación. En su debe está que la alcaldía de la ciudad ha pasado a manos de IU, gracias a un pacto con el PSOE.

Por su parte, Javier Maroto ha sido hasta ahora uno de los hombres con más peso en el PP del País Vasco desde su puesto de alcalde de Vitoria. El pasado día 13 fue desbancado del Ayuntamiento por un pacto entre el PNV, Bildu e Izquierda Unida.

Con 31 años de edad, Andrea Levy es una de las dirigentes con más proyección del PP catalán, por su presencia habitual en los medios de comunicación y en las redes sociales. Mujer de la confianza de la presidenta del PP regional, Alicia Sánchez Camacho, Levy mantiene buenas relaciones con Jorge Moragas.

Pablo Casado era el único nombre -de las cuatro caras nuevas que aterrizan en Génova- que aparecía en todas las quinielas para hacerse responsable de la vicesecretaría de comunicación. Director de campaña en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, Casado es un valor en alza en el PP, pues es un hombre de total confianza para Rajoy… Y para Aznar.

Rajoy confía en Moragas para ganar las generales

Por otra parte, el presidente del Gobierno parece no fiarse demasiado del banquillo que tiene al frente del partido, ya que ha nombrado a su hombre de confianza en Moncloa como director de la campaña para los comicios generales. Jorge Moragas, jefe der gabinete del presidente del Gobierno, será el encargado de llevar a los populares a la victoria en las legislativas de noviembre.

Ante el Comité Ejecutivo del PP –donde estaban presentes la mayor parte de los barones territoriales del partido-, el presidente del Gobierno hizo en su discurso un escaso ejercicio de autocrítica. Se limitó a reconocer que su partido, aunque ganó las elecciones de mayo, ha perdido amplio poder territorial por la crisis económica y los escándalos de corrupción política.

En cuanto a la corrupción, señaló que los populares han pagado un precio altísimo por ella en las urnas. Para dar más fuerza a sus palabras, habló de lo ocurrido en octubre de 2014 –mes en el que estalló la operación Púnica-, cuando el PP, según todos los estudios demoscópicos, se desplomó diez puntos en intención de voto.

Rajoy justificó el batacazo en las elecciones de mayo en que el PP ha perdido por el centro y la abstención, al tiempo que habló de cuatro razones importantes: la primera, en el aumento del voto de la izquierda, que –según dijo de manera sorprendente- es un fenómeno que suele darse en las crisis profundas; la segunda, en que no hubo aumento de la participación, un hecho que motivó el trasvase de votos del PP a otras fuerzas políticas; la tercera, en el hecho de que el bipartidismo no ha desaparecido, pero sí ha reducido peso; y, la cuarta, en la fragmentación del voto, que afecta a las mayorías de gobierno en autonomías y ayuntamientos.

A su vez, el presidente del Gobierno quiso lanzar un mensaje de optimismo a los principales barones del partido. En este sentido, señalo que el PP sigue siendo la primera fuerza política en número de votos, al tiempo que el PSOE –“nuestro principal rival en las urnas”, señaló desautorizando a otros dirigentes del Gobierno que hablan de que el único adversario para la Moncloa es Pablo Iglesias y Podemos- registró en mayo sus peores resultados en unas elecciones municipales desde 1979.

Como gran acción política para movilizar a su electorado, Rajoy anunció que el PP celebrará a mediados de julio una conferencia política, en la que se sentarán las bases para la elaboración del programa con el que los populares concurrirán a los comicios de noviembre.

Por último, Rajoy hizo hincapié en que cumplirá su mandato constitucional de presentar en las Cortes los Presupuestos Generales del Estado para 2016, comprometiendo al Gobierno que salga de las urnas en las elecciones generales.