Había una vez un señor con barba e ideas libertarias que se dedicaba a hacer cine, y eso estaba bien. Luego ese señor fue tan necio que se metió a político y eso estuvo mal.

Guillermo Zapata rodaba cortos antes de que existieran Twitter, Vine y la madre que los parió. Su opera prima tiena más de cien millones de visitas en Youtube y es una cosa graciosa e interesante. Va de una chica a la que la deja el novio con un mensaje en el contestador, y ella recompone ese mensaje para que diga lo que ella quiere oír. Esencialmente, una mentira, que es a lo que se han dedicado toda la vida los políticos, a colarle a la gente las bolas más gordas de lo que son capaces para convencerles de que ellos son la salvación de la patria y el del color contrario una especie de pastiche estilo Indominus Rex: parte Ébola, parte Lex Luthor y parte tonto de baba, como si semejante híbrido fuese posible.

Que luego las promesas hechas resulten imposibles de cumplir (y que no haya consecuencias) o lo difícil de que les pillen trincando (y tampoco habría consecuencias) ha sido desde tiempos inmemoriales lo que ha atraído a esta profesión tan hermosa a locos o sinvergüenzas. Que para ser gobernante hay que tener la cara dura cual capitel dórico ya nos lo avisaba Horacio en sus Sátiras, hace veinte siglos: “El pueblo me silba, pero yo me aplaudo en casa, mientras admiro mis dineros en el arca”. ¿Quién quiere el calor del pueblo si el sofá es de Divatto y la tele tiene la superficie de un campo de futbol sala? ¿A quién le importa una mierda el chaparrón si en este país nunca dura más de 24 horas, el tiempo justo para que llegue algún otro idiota a sustituirme en las portadas?

Así era el sistema y sobre su precario equilibrio hemos edificado la civilización occidental que estos malvados podemitas malolientes quieren destruir. A mi no me gustan los de Podemos, sobre todo por bienintencionados. Miren a Zapata, por ejemplo. No me cabe duda alguna de sus buenas intenciones. Tampoco albergo sospechas sobre que sea antisemita radical, y esos tuits sobre judíos en ceniceros no son representativos de su acervo intelectual. Si es por humor negro, en el colegio del Opus al que fui yo, con diez años contábamos unos sobre somalíes y chinchetas transparentes que les hubieran puesto a ustedes los pelos de punta. No nos hacía gracia ni a nosotros, pero oye, es lo que hace un niño a esa edad.

Tampoco albergo sospechas de que quisiera hacer daño a Marta del Castillo o a sus familiares con su broma sobre una supuesta resurrección. Es obvio que quienes se llevan las manos a la cabeza no tienen cuñados o no han pasado jamás por Twitter después de morirse un famoso, de lo contrario ya estarían vacunados contra ese humor tan inane como deleznable, sobre todo por facilón, trillado y sobado. Se espera más de un cineasta revolucionario. Más creatividad. Más revirada intención. Más maldad.

Yo, por ejemplo, añoro los tiempos en los que Alicia Moreno, concejala de Cultura con Gallardón, renovaba irregularmente contratos por valor de 1,6 millones de euros a sus amigos, tres días antes de marcharse y sin autorización alguna. Eso es maldad de la buena, perfectamente aplicada. ¿Hizo alguna broma sobre el Holocausto o sobre víctimas del terrorismo? No. ¿Tuvo que dimitir? Tampoco. Aprende, Zapata. Pringao.

Si algo malo tienen los de Podemos es que quieren cambiar el mundo y luego son unos losers. Si sales con aires de nueva política a reventarles el chiringuito a todos los que están viviendo de la estafa piramidal del bipartidismo, tienes que venir de casa comido, meado, cagado y con la cuenta de Twitter borrada. Si a pesar de todo eso te pillan alguna captura de pantalla, dices que es un fake como Pablo Casado y arreglado, a seguir postulando a ministro.

Los podemitas no aprenden. Ni disfrutan de la impunidad absoluta del pepero, que se siente intocable y campa a sus anchas por campos, plazas y cuentas suizas, ni están dispuestos a llevar a la práctica eso de guillotinar, torturar y matar que decía Pablo Soto. Y va el Zapata el tío y dimite por que le hayan pillado con cuatro tuits. Pringao.

BONUS: Y Carmena coloca en su lugar a una “bollera y feminazi” (no me hagáis dimitir, que es lo que pone en su bio) que no se entristeció por la muerte de Botín. Si es que van provocando.